La verdad es que no me han ocurrido muchas este verano, pero hay algunas de libro.
Yo vivo en Gijón. Un día, al poco de salir de casa me encuentro con una pareja que me preguntan:
-Oiga, por favor ¿la playa de San Lorenzo?
Me quedo un tanto sorprendido, ya que estaban SUBIENDO por la calle Ramón y Cajal.
- Pues… al nivel del mar, bajando por esta calle hasta llegar a la mar.
Vamos, que si no preguntan acaban subiendo a pata el monte Naranco en oviedo…
Y es que los hay que no conocen el Cantábrico, ni la ciudad que visitan:
Una señora, también subiendo esta vez por Hermanos Felgueroso me pregunta:
-Perdone, ¿El centro del pueblo?
-Pues… Bueno si pregunta por el centro tiene que darse media vuelta y bajar hasta los Jardines de Begoña que se ven allí al fondo. Luego, según a donde vaya del centro pregunte.
-Voy a la estación de autobuses.
-Eso es fácil, cuando llegue al final de esta calle, gire a la izquierda y siga sin cambiar de acera, llegará a la estación.
-Aja, muchas gracias, es que estoy en el Hotel Tryp Pelayo, y se llegar desde la estación de autobuses.
Me dio un poco de pena… la estación de autobuses y el Tryp Pelayo están en puntas opuestas de Gijón, distantes unos tres kilómetros.
-Entonces, mejor gire a la derecha cuando llegue a los Jardines de Begoña, y siga la Carretera de la Costa hasta llegar a la Avenida de Castilla, allí gire a la izquierda y verá ya el parque de Isabel La Católica.
-Muchas gracias… ¡Qué pueblo tan grande!
Mientras bajamos hasta Begoña me cuenta su historia:
-Es que fui a la playa y empezó a subir la marea, me fue arrinconando hasta que tuve que salir de la playa y me perdí.
-Si es que las mareas del cantábrico son muy vivas, seguramente usted veranea habitualmente en la costa mediterránea.