David Alfaro Siqueiros y la militancia artística

“Tendremos luchas, tendremos muchos combates, incomprensiones, pero por ahí vamos adelante y vamos muy bien, hacia un arte que no sea sordomudo, como yo he dicho muchas veces, sino que hable un lenguaje. (…) El arte tiene que ser producto de una honestidad y una voluntad creadora profundas.” – David Alfaro Siqueiros

 

Se suele pensar que algunos ámbitos de la vida no deben mezclarse porque podrían ocasionar fuertes conflictos e, incluso, fuertes separaciones. Como en reuniones familiares no se debe hablar futbol, religión o política, pues es seguro que lo que empezó como una amena y pícara charla terminará como una guerra sin cuartel, gracias a que cada persona tiene una opinión y perspectiva diferentes.

Asimismo, suele pensarse que las esferas de lo profesional y personal no deberían juntarse porque el trabajo no es placentero ni el placer debe generar trabajo. Sin embargo, existió una persona que logró no sólo unir ambos puntos y lo llevó más lejos politizando cada aspecto de su vida hasta rayar con la radicalidad e intolerancia hacia los demás y, quizá, también David Alfaro Siqueiros hacia sí mismo.

Al hablar de Siqueiros resulta casi imposible soslayar su lado político, pero sobre dicho aspecto existen muchos textos y ensayos donde se deja ver cómo concebía a la política como parte integral de la vida, de su vida.

Muestra de ello es su participación en la Revolución Mexicana, como parte del ejército Constitucionalista que encabezaba Venustiano Carranza, o su colaboración en la fundación del Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores, y el Sindicato de Escultores y Grabadores Mexicanos Revolucionarios, con los cuales intentó realizar cambios en beneficio de los trabajadores y artistas por igual.

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Asimismo, el activismo de Siqueiros también se extendió al ámbito artístico, ya que consideraba que el arte tenía que cumplir una serie de deberes en sí mismo y para la sociedad, gracias al alcance que se logró con el Muralismo, tal y como lo expresó en las siguientes líneas:

“El estilo debe ser una consecuencia de la función social del mural, de la técnica material moderna que exige una obra mural moderna, entendiéndose por técnica material tanto las herramientas como los materiales y los principios y métodos de composición perspectiva. Y cuando decimos que debe ser consecuencia de su función social, indicamos que no será sólo producto del artista creador, como del equipo creador, sino también y de una manera determinada, de su correspondiente audiencia o público.[1]

De ese modo, Siqueiros dejaba en claro que su principal deber como artista y las expectativas a las que él y todos sus compañeros de gremio debían alcanzar por sobre todas las demás era el deber social del arte, incluso, por encima de la fama y el reconocimiento.

El misticismo de José a David

En la actualidad, se ha generado cierta atmósfera de mística alrededor de la historia personal y datos puntuales de Siqueiros como que se desconoce a ciencia cierta cuándo y dónde nació.

Según sus biógrafos hay información dividida. Algunos apuntan a que nació en la actual ciudad de Camargo, Chihuahua en 1896, mientras que otros dicen que fue en la Ciudad de México en 1898, pero todos coinciden en el día, el 29 de diciembre.

Las inconsistencias en los datos personales del muralista también se extendieron a su nombre, pues según sus estudiosos, el nombre con el que fue registrado fue José de Jesús Alfaro Siqueiros, pero en otras investigaciones se menciona que el verdadero nombre del artista fue José David Alfaro Siqueiros.

Asimismo, hay un dato, algo más parecido a una leyenda urbana que apoya más el misticismo que acompaña al muralista, en el cual se dice que ya adulto, su primera esposa, Gachita Amador, lo convenció de cambiar su nombre de José a David en memoria de la monumentalidad que representaba la escultura de El David de Miguel Ángel, uno de los cuatro grandes del Renacimiento[2].

Nunca se sabrá si, en principio, es verdad que cambió su nombre con una intención específica, y tampoco si se trabaja de una buena jugada del destino, pero es una realidad que al escuchar el nombre de David Alfaro Siqueiros no se puede dejar de lado su legado artístico y su feroz postura política.

En el mismo tenor de misticismo, lo único cierto respecto a Siqueiros y sus claras ideas, fue el día de su muerte, el 6 de enero de 1974, en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, pues como solían plantear los oráculos de la mitología, en la vida de un hombre sólo hay dos puntos exactos, cuando nace y cuando muere, y dichos acontecimientos son inamovibles.

Radicalidad y perspectiva artística

Como se ha mencionado previamente, es muy complicado hablar de David Alfaro Siqueiros sin hacer mención de su participación en uno de los movimientos artísticos más importantes del México posrevolucionario, que ayudó a cimentar muchos de los ideales de nación que se habían proyectado como resultado del movimiento armado.

No obstante, estas líneas no tienen la intención de repetir lo que ya se ha dicho. No porque no merezca la pena, sino por temor a no poder superar lo ya dicho por renombrados especialistas. En cambio, lo que sí se puede hacer, es dar una breve repasada por uno de los puntos máximos de la militancia artística de David, su segundo exilio.

Tras su ardua y fuerte participación en el movimiento muralista mexicano, David Alfaro Siqueiros logró entretejer sus ideales artísticos con su postura política, la cual siempre fue pública. Dicha situación trajo aspectos buenos y malos a su vida, tanto personal como profesionalmente, tales como el exilio del país en dos ocasiones.

El primero de ellos, en 1932, lo pasó en Los Ángeles donde logró sobrellevarlo sin mayores problemas gracias al buen prestigio que se había hecho en México con la propagada política posrevolucionaria, sin embargo, su arrogancia y altivez en asuntos políticos le valió la expulsión de Estados Unidos y su inminente traslado a Sudamérica, donde vivió intermitente entre Buenos Aires y Montevideo. Allí  participó con intelectuales y artistas de la época, se codeó con personajes como Pablo Neruda y su pareja sentimental por varios años, Blanca Luz Brum.

El segundo exilio también lo pasó en Estados Unidos, pero en esa ocasión fue en Nueva York al terminar la Segunda Guerra Mundial. En dicha ciudad tuvo mayor interacción con artistas plásticos de la época, como fue el caso del artista abstracto, Jackson Pollock con quien, además de entablar buena amistad, realizó colaboraciones y talleres para desarrollar nuevas técnicas pictóricas derivadas del uso de la pintura líquida como fue el caso del dripping con lo cual se pretendía no sólo la innovación técnica, sino buscar nuevas alternativas y formas de llevar al objetivo principal del arte según el muralista: el arte en favor de la sociedad.

Fragmento de fotografía de David Alfaro Siqueiros y Jackson Pollock.

De ese modo, David Alfaro Siqueiros dejaba claro que el aspecto de militancia no sólo se refería a la espera política, la cual era más que evidente, también lo llevaba al ámbito más puro del significado de la palabra, es decir, donde se apoya una idea determinada y se busca que se cumpla el objetivo. Es así como el ideal social y cultural que debería tener el arte se veía justificado mediante la continua renovación de técnicas y medio de expresión.

En este tenor, resulta interesante mencionar otro de los aspectos que, usualmente, se relega en favor de priorizar aspectos puntuales como las temáticas del muralismo, el proyecto posrevolucionario o la conflictiva vida personal de Siqueiros, es el magistral desarrollo de la técnica de la poliangularidad.

Este término un tanto rebuscado y complicado de pronunciar, es nada más y nada menos que la capacidad de plasmar una imagen en un espacio que no es plano, es decir, que cuenta con diferentes dimensiones o planos y en lugar de que ésta se vea como en un lienzo incompleto, cortado o sin forma, se aprovecha el espacio mediante el uso de las profundidades y perspectiva.

David-Alfaro-Siqueiros-polyforum
Polyforum Siqueiros

Tras perfeccionar la técnica, Siqueiros la adoptó y apropió hasta volverla parte de su sello personal, incluso, transmitiéndola a diferentes generaciones de alumnos y contemporáneos suyos.

De esta manera, se pueden realizar muchas preguntas sobre qué llevó a Siqueiros a ser tan radical y separarlo de la farándula de su época, por qué la necesidad de reinvención y renovación continua, y qué ganaba con ello, por mencionar algunos cuestionamientos.

Muchos de ellos puede que tengan respuestas obvias, otras quizá requieran de una reflexión concienzuda antes de emitir un juicio, sin embargo, no se pude dejar de lado que Siqueiros no sólo fue un personaje polémico en su tiempo, ya que, al generarnos incógnitas hoy en día significa que logró su cometido, que el arte tuviera, de una manera u otra, su deber social y trascendental.

Bibliografía

https://www.culturagenial.com/es/david-alfaro-siqueiros/

https://www.gob.mx/cultura/prensa/david-alfaro-siqueiros-artista-que-renovo-los-canones-de-la-pintura

https://www.ecured.cu/David_Alfaro_Siqueiros

https://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/mexico/siqueiros.htm

https://www.admagazine.com/cultura/david-alfaro-siqueiros-el-artista-que-convirtio-la-politica-en-arte-20200604-6923-articulos.html

https://perspectivas.mx/cultura-foro-de-muralismo/

[1] Tomado de https://perspectivas.mx/cultura-foro-de-muralismo/

[2] Visto en https://www.culturagenial.com/es/david-alfaro-siqueiros/

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