Mariano Azuela, el médico de las letras

“En mis novelas exhibo virtudes y lacras sin paliativos ni exaltaciones, y sin otra intensión que la de dar a conocer con mayor fidelidad posible una imagen fiel de nuestro pueblo y de lo que somos”– Mariano Azuela

 

Hablar de la literatura mexicana es hablar de diversas corrientes, tanto nacionales como extranjeras, que se insertaron en momentos específicos y cruciales de la historia nacional y cumplieron una función en el cultivo de las letras.

Uno de esos casos fue el del estilo Barroco, el cual no sólo fue un movimiento arquitectónico y pictórico, pues vio nacer grandes exponentes como Sor Juana Inés de la Cruz o Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, quienes lograron apropiarse del estilo y generar trascendentales obras que marcaron brecha para la creación literaria mexicana.

De ese modo, se logró que durante los siguientes siglos se realizará la evolución literaria que llegó hasta nuestros tiempos y se conoce hoy en día gracias a exponentes como Vicente Riva Palacio, Salvador Novo, Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Jorge Ibargüengoitia, por mencionar algunos.

Sin embargo, este texto se centrará en uno de los géneros emblemáticos del siglo XX: la novela de la Revolución y en uno de los novelistas más destacados de la primera mitad de dicha centuria: Mariano Azuela.

Se suele pensar que el auge de la literatura mexicana se dio hacia mediados del siglo XX, casi a la par del boom latinoamericano. Pero para el caso mexicano, no se tuvo un único periodo de esplendor, sino varios momentos iniciando con la novela de la Revolución.

El desarrollo de dicho género estaba fuertemente influido por los estilos modernista y realista, sin dejar de lado el tan arraigado estilo costumbrista que dominó durante gran parte de siglo XIX.

Así, Mariano Azuela logró conjuntar varias corrientes literarias y crear un sello propio que se insertaría en el estilo de la novela de la Revolución. Gracias a ello, realizó alrededor de 30 novelas de entre las que destacan María Luisa (1907), Los de abajo (1916), Las moscas (1918), Nueva burguesía (1941), además de incursionar en el ensayo como lo fue Cien años de la novela mexicana (1947), crítica, cuento, incluso, en biografías como la de Madero (1952).

Por tal motivo, y para evitar hacer un texto tedioso, en estás líneas sólo se tomarán como referencia dos piezas de su amplia obra: Los de abajo y Las moscas. Con esto se espera dar un marco general de la importancia de su obra y de su enorme contribución a la novela de la Revolución.

¿Quién es este doctor?

Quizá, antes que hablar de lleno sobre su trabajo, se tiene que hacer una breve mención sobre quién fue Mariano Azuela. Para más de uno puede que no sea un personaje muy conocido, pues más allá de ser una referencia obligada durante el nivel bachillerato, la mayor parte de su obra se mantiene en el olvido.

Mariano Azuela (1 de enero de 1873 – 1 de marzo de 1952) fue oriundo de Lagos de Moreno, Jalisco y tuvo la dicha de nacer en el seno de una familia de comerciantes. Esto le permitió obtener una buena educación en la decimonónica ciudad de Guadalajara. Ahí comenzó sus estudios profesionales en Medicina, pero siempre con la constante de la literatura. Desde joven tuvo acceso a grandes obras literarias que lo acercaron a diferentes corrientes y formas de pensamiento, tanto nacionales como extranjeras.

Azuela concluyó la carrera  de Medicina en 1899 y regresó a su pueblo natal. Ahí se desempeñó como médico e incursionó en la esfera política involucrándose en las labores del cabildo municipal[1]. Dicho espacio también le permitió desenvolverse en el mundo de las letras y así, iniciar su primera novela: María Luisa, publicada hasta 1907 y desde entonces no dejó de escribir.

Se podría pensar que al haber crecido en una de las zonas más conservadoras del país de finales del siglo XIX y principios del XX, su forma de pensamiento sería de la misma manera, mas no fue así. Pese a que nació y creció bajo la tutela del Porfiriato, mantuvo una mentalidad muy abierta para la época. Esto le brindó la cualidad de ser un observador social y, gracias a ello, obtuvo gran material para sus obras.

Asimismo, la apertura de pensamiento de Azuela hizo posible que, a la muerte de Francisco I. Madero, se enlistara como médico militar en el regimiento villista de Julián Medina. Dicha decisión la tomó a pesar de ya contar con esposa e hijos.

Sin embargo, tras la derrota villista a manos de las tropas de Venustiano Carranza y con el evidente peligro que eso significaba, Mariano Azuela se refugió en El Paso, Texas por algunos meses[2]. Ahí dio a conocer la que para algunos estudiosos es considerada su mejor obra: Los de abajo (1916).

Posteriormente, en compañía de su familia, se asentó de forma definitiva en la Ciudad de México donde continuaría ejerciendo sus dos pasiones: la medicina y el quehacer literario, además de brindarle un mejor escenario de observación para el desarrollo de sus novelas, ya que se estableció en un dispensario que le permitía conocer casos y situaciones injustas sobre las cuales escribía en sus obras.

Su imparable gusto por las letras hizo que continuara escribiendo hasta el final de su vida. Incluso, se le publicaron 2 novelas póstumas, por lo que dejaba en claro que su pasión por la literatura era parte de él mismo.

Su entrega al ejercicio literario fue tal que impulsó férreamente la creación se círculos y seminarios de arte y literatura. Tal fue el caso del Seminario de Cultura Mexicana y, sobre todo, la promoción para la fundación del Colegio Nacional, del cual fue reconocido como miembro fundador en 1943.

Ganador de múltiples reconocimientos por sus obras escritas y en favor de las artes, Mariano Azuela dejó un gran legado para las futuras generaciones, a través del cual se cristaliza la realidad de los diferentes momentos históricos que le tocó vivir.

Familia de Mariano Azuela
Familia de Mariano Azuela

Crisol de realidad: Mariano Azuela

Como su nombre lo dice, la novela de la Revolución es nada más y nada menos que una narración ficticia inspirada en un pasaje real de la historia nacional: la Revolución Mexicana. Por ello, el marco temporal de las obras comprende un antes, durante y después del movimiento armado.

Pues bien, quizá surja la duda de por qué Mariano Azuela, un médico relativamente acomodado decidió dedicarse por completo a la elaboración de novelas que se desarrollan durante uno de los momentos más cruentos de la historia nacional del siglo XX. Dicho motivo puede ser fácil de explicar hasta cierto punto.

En primer lugar, Azuela tuvo la fortuna de contar con ciertas condiciones que le permitieron estudiar y cultivar su gusto por las letras; en segundo lugar, al haber participado activamente durante la lucha armada como médico militar logró conocer la situación de diferentes lugares del país. También pudo conocer gente, sus condiciones de vida, aspiraciones y motivos por los cuales se unían al movimiento revolucionario o por qué lo detestaban.

Este conocimiento le dio la pauta y autoridad para plasmar en sus novelas lo que, a sus ojos, sucedía al margen del movimiento armado, pues se suele pensar que lo único que sucede durante las revueltas o sucesos armados es el mero combate.

De esta manera, Mariano Azuela crea una novela histórica en la cual logra ver más allá del ideal patriótico y romántico de libertad e igualdad que se suele utilizar para justificar las guerras y revoluciones y brindó un panorama más mundano y carnal. es decir,  la condición humana: el deseo de venganza, el beneficio propio, los arrebatos pasionales y la codicia.

Dichas situaciones se logran ver de manera evidente en Los de abajo donde la principal motivación de Demetrio Macías es vengarse de los federales que intentaron violar a su esposa y destruyeron sus bienes, y con tal de lograr su cometido, se une a la Revolución sin tener un motivo mayor que el personal.

Asimismo, se observa al personaje del médico Luis Cervantes quien, a pesar de compartir ideales similares con los de la causa revolucionaria, se une al movimiento armado debido a que puede obtener fortuna y fama con él.

Igualmente, los amoríos son un fuerte motor dentro de la trama de la novela, pues uno de los asesinatos clave de la narración se da gracias a los celos que la Pintada le tenía a Camila, pues ambas estaban interesadas sentimentalmente por Demetrio Macías.

Por otro lado, en Las moscas, Azuela muestra la peor cara de la naciente clase media burócrata a través del seguimiento de la familia Reyes Téllez, integrada por la señora Martha y sus hijos Rubén, Matilde y Rosita, provenientes de Culiacán, quienes abordan el tren del General Malacara y se instalan en el mejor vagón.

Dicha situación no era exclusiva de la familia Reyes, sino de muchas personas. Incluso, aristócratas pobres que lo único que buscaban era conocer a algún personaje importante como al General Villa, al gobernador de algún estado o, al menos, a alguien influyente que les pudiera garantizar la obtención de un puesto valiéndose de artimañas y bajezas que no se relacionaban con la convicción o ideal revolucionario.

Por tal motivo, Azuela recurrió al nombre de “las moscas”, pues, así como todos los usuarios del vagón del General Malacara buscaban obtener alguna ganancia sin importar su condición o ideales políticos, las moscas se mueven a donde esté el mejor sebo.

Para algunos críticos, Las moscas es la mejor obra satírica de Azuela y no hay mejor forma de corroborarlo que con sus propias palabras acerca de dicha novela:

«Ahora que han pasado muchos años y releo algunas de las páginas de Las moscas, comprendo que fue despiadado y cruel en la pintura de ese gremio. Porque si para todo el mundo los revolucionarios constituían una amenaza constante, para los desdichados burócratas significaban algo de vida o muerte. Al vaivén de las facciones que entraban y salían de las ciudades también entraban y salían empleados, ocurriendo muchas veces que los pobres, viejos, probos y competentes fueran sustituidos por amigos, parientes o recomendados, gente ignara en general, sólo por el gusto y satisfacción de los jefes en hacer gala y dar prueba de su poder. Aquellos desventurados andaban, por tanto, de cabeza; iban, venían y se resolvían sobre el mismo sitio, presumiendo o adivinando adonde habría de quedar la torta ¡Las moscas! ¡Justo como las moscas!»[3]

De esa manera, Mariano Azuela realizó la lectura de un acontecimiento histórico desde otra perspectiva, desde adentro, desde su agente vivo, lo que genera la historia. Mediante su contundente narrativa logró plasmar el otro lado de la Revolución, ese que, a más de cien años de distancia, es completamente vigente.

Las pasiones de la condición humana no han desaparecido, por el contrario, parece que han aumentado. ¿Será que Mariano Azuela estaba adelantado a su tiempo o sólo es que la condición humana es el verdadero motor del hombre?

 

Bibliografía                                                                                        

 

https://www.jalisco.gob.mx/es/jalisco/jaliscienses/azuela-mariano

http://www.elem.mx/autor/datos/91

https://colnal.mx/integrantes/mariano-azuela/

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/mariano-azuela-biografia/html/4df77214-a100-11e1-b1fb-00163ebf5e63_2.html

https://www.redalyc.org/pdf/3582/358242129008.pdf

 

[1] Tomado de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/mariano-azuela-biografia/html/4df77214-a100-11e1-b1fb-00163ebf5e63_2.html

[2] Visto en https://colnal.mx/integrantes/mariano-azuela/

[3] Visto en https://www.eleconomista.com.mx/opinion/La-Revolucion-y-su-mosca-en-la-sopa-20181119-0078.html

 

Déjanos tu comentario
Tags:

Tal vez pueda interesarte...