Tristán Tzara y la materialización del arte

 

Fue durante la Primera Guerra Mundial que Tristán Tzara fundó el movimiento artístico y cultural dadaísta junto a Hugo Ball en 1916. Hace aproximadamente cien años el mundo se enfrentaba a un panorama que nunca antes se había experimentado, una guerra entre diversos países y diferentes escenarios alrededor del mundo. Aunque en general, la mayor actividad se concentrara en Europa. 

Al percatarse de la crudeza de las armas, de la fragilidad del cuerpo humano y de la muerte siempre presente, surgió un sentimiento colectivo de incertidumbre y de un sinsentido ante la vida. Fue en este contexto que el movimiento dada se conformó como una corriente en contra de la razón positivista que imperaba y de la manera de hacer arte que se gestaba desde la burguesía a través de la historia. 

Tristán Tzara estuvo afiliado al Partido Comunista Francés y a los postulados marxistas, por lo tanto, se podría afirmar que el Manifiesto dada no habría sido posible sin apoyo del pensamiento de Carl Marx. A diferencia del Romanticismo que se interesaba por la interiorización del ser, la imaginación y las pasiones para constituir el arte, el dada se enfocó en la materialización de la obra artística y su recorrido a través de la historia. 

“Dada no significa nada” (Tzara, 1918), porque a la vez lo puede significar todo. Es una ruptura en la concepción del arte que sigue teniendo repercusiones hasta nuestros días.

Tristán Tzara realiza un recorrido histórico de la palabra dada como lo dicta el materialismo histórico. La obra de arte física y social forma parte de la infraestructura, mientras que las ideas de belleza se perpetúan en la superestructura. Sin embargo, los significados que adopta la obra de arte también pertenecen a la infraestructura por lo que se mantienen en constante cambio. 

“No tengo derecho a arrastrar a nadie a mi río”, propone Tristán Tzara en el Manifiesto dada (1918). El movimiento es un grito de independencia y libertad, de desapego con cualquier otra teoría y lineamientos que lo único que hacían era solidificar la manera de hacer arte.

En un mundo donde pervive un vacío existencial, nadie tiene derecho de decidir por los demás cómo y con qué significaciones se debe llenar ese vacío. El dadaísmo es una revolución, cuyo proletariado son los artistas subalternos que decidieron romper con los cánones establecidos. 

Para Tristán Tzara los símbolos y las ilusiones deben romper con la nueva forma de hacer arte. Es decir, que los artistas afines al movimiento se dediquen a hacer arte de protesta, arte real, arte hecho de materiales concretos. Bajo la concepción de la dialéctica marxista, el orden y el desorden confluyen para crear una nueva organización: una nueva forma de hacer arte. 

“Amo una obra antigua por su novedad». Con ello, Tristán Tzara dota de historicidad el quehacer artístico. La obra más antigua siempre será novedosa en el sentido de que constantemente cambia su significado. Es un movimiento inevitable de la vida que hay que considerar, la humanidad se mueve a través de las diferentes etapas históricas, a la par que la historia da cuenta de los cambios que provoca el movimiento. 

Las culturas en todas las sociedades están en constante cambio, sus dinámicas y prácticas apelan a una evolución permanente. Tristán Tzara proporcionó una nueva manera de percibir el arte, lo bajó de la nube y lo dotó de historicidad, lo cual ha permitido que en los tiempos actuales el arte se siga actualizando. Dada no tiene ninguna importancia y a la vez la tiene toda.

Autor: Diego R. Hernández

 

Referencias:

Tzara, Tristán. (1918). Manifiesto dada. https://arteydisegno.files.wordpress.com/2010/02/manifiesto-dadaista-1918.pdf 

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