El exotismo de la vida en México según Madame Calderón de la Barca

 

Se dice que el acto de escribir es una especie de desahogo espiritual, pues gracias a él se genera y exterioriza un diálogo interno, íntimo y, por ende, privado que ayuda a entendernos mejor. En este sentido, se podría decir que parte del ejercicio de desahogo e introspección se puede realizar a través de diarios o cartas, las cuales suelen ser de índole público o privado.

La costumbre de redacción de diarios o cartas es muy antigua, pero durante los siglos XVIII y XIX, al ser una época de descubrimientos e innovaciones, se les dio un nuevo sentido, pues para entonces, también se escribían con la intensión de ser publicados.

Muestra de ello son los diarios de navegación de nuevas rutas marítimas, diarios de investigación de biólogos, geógrafos y antropólogos de la época, como los de Darwin o Humboldt, o incluso, los diarios de los pintores viajeros, es decir, pintores europeos que se aventuraron en diferentes países americanos para retratar y registrar las novedades del continente.

Dentro de estos textos, se encuentra uno de los ejemplares más controversiales publicados en el siglo XIX respecto a México y “sus amenidades”, como se solía decir en aquellos tiempos. Dicho libro es La vida en México. Durante una estancia de dos años en ese país (1842), escrito por Frances Erskine Inglis, mejor conocida como Madame Calderón de la Barca, quien tuvo una corta estadía en el país y, gracias a la compilación de sus vivencias, fue posible realizar la publicación.

Quizá el lector se pregunte por qué un texto basado en las vivencias, opiniones y perspectivas de una extranjera que vivió un lapso de 2 años en México sería controversial. Parte de ello, es por la manera en la que Madame Calderón de la Barca planteó lo visto en el país, lo cual se podría equiparar con el fenómeno que actualmente conocemos como el mexican curious, en una época en la que el exotismo por algunos lugares del aún nuevo continente continuaba y para muchas personas, incluso, para las que contaban con recursos, resultaba muy complicado, por no decir imposible, viajar a estas tierras.

Por tal motivo, resulta oportuno dar una pequeña reseña de quien fue la autora de La vida en México y así entender el motivo de su elaboración como el impacto que tuvo y que perdura a través del tiempo.

La Marquesa

¿Quién era Madame Calderón de la Barca?

Frances Erskine Inglis (1804-1882) nació en Edimburgo en el seno de una familia adinerada venida a menos por problemas económicos. A la muerte del patriarca de la familia, decidieron trasladar su residencia a Boston, Estados Unidos donde fundaron una academia de señoritas en la que enseñaban las buenas costumbres europeas, principalmente británicas, con el plus de instruir un pulido francés gracias al perfeccionamiento obtenido tras vivir en Francia por un tiempo.

En Boston, gracias a la fama y prestigio obtenido con la fundación de la academia, la familia Inglis se vinculó rápidamente con los círculos más importantes del momento. Así fue como conocieron a escritores de la talla de Washington Irving y los historiadores George Ticknor y William H. Prescott, quienes además de incrementar su prestigio, las colocaron en una mejor posición.

De cierta manera, se podría decir que uno de los hombres que mayor importancia tuvo en la vida de Frances, sin duda, fue William H. Prescott. Gracias a él conoció a su esposo, el diplomático español Ángel Calderón de la Barca cuando se encontraba en funciones en Estados Unidos, además de dotarla de las posibilidades para crear una obra trascendental. Asimismo, dicha obra sirvió perfectamente de antesala y afianzamiento para uno de los libros más importantes del propio historiador: History on the Conquest of Mexico (1843) el cual se publicó tan sólo un año después del de Frances.

Sin duda, la posición de privilegios de los que ya gozaba Frances Erskine Inglis se vio mayormente enriquecida con su unión matrimonial, pues gracias a ella, tuvo la oportunidad de viajar a España, patria de su esposo, así como a todos los países a los que se le encomendaba desempeñar el puesto de ministro plenipotenciario y representar a su país.

De ese modo, Frances, pasó de ser una mujer bien educada a convertirse en todo un personaje: Madame Calderón de Barca, la cual no sólo redactaba recuerdos de sus vivencias, sino de su participación en la educación de la misma realeza española, como fue el caso de su pupila Isabel de Borbón y Borbón, hija de la reina Isabel II.

La contribución de Mme. Calderón de la Barca a la corona española no sólo le trajo posicionamiento social, sino también altibajos debido a los diversos conflictos políticos que la monarquía enfrentaba en aquella época. Sin embargo, su ardua labor y acompañamiento le valieron el reconocimiento y asignación del título de Marquesa, el cual la acompañó hasta su muerte en la capital española.

La vida en México o sueño en México

Como se mencionó previamente, La vida en México es considerada una de las obras más controversiales escritas sobre el México decimonónico, por haber sido escrito por una extranjera, así como la manera en la que se retratan algunos episodios de la vida cotidiana de aquel entonces. En ese sentido, resulta importante puntualizar algunos aspectos de la obra de Mme. Calderón.

Es importante aclarar que La vida en México no es un texto que originalmente fuera un diario de viajero. De hecho, es un enorme compendio epistolar del cual se seleccionaron sólo 54 cartas para su publicación. Sin embargo, la manera en la que Madame Calderón redactó dichas cartas, aunado a que no se cuenta con la contraparte o respuesta de las mismas, se le puede considerar como un diario íntimo, pues el diálogo que establece en cada una de sus cartas es del tipo retórico y explicativo sin apelar a la interacción directa de alguien más.

Por otro lado, La vida en México cuenta si no con todas, sí con gran parte de las características establecidas que determinaban las obras literarias del siglo XIX tanto en lengua española como en inglesa.

Asimismo, es de señalar que Mme. Calderón, al haber convivido con varios círculos intelectuales en Boston, conocía grosso modo la dinámica y funcionamiento de los textos literarios y de corte histórico. Esto, aunado a su relación y conocimiento del trabajo de Prescott no resulta extraño notar la influencia del historiador en sus observaciones.

Sin embargo, no se puede dejar de lado que el texto de Mme. Calderón de la Barca, si bien no fue concebido como una novela entendida en el género específico, es posible la ficcionalización o romantización de algunos aspectos observados, sobre todo ante el shock cultural que implicaba su traslado a un país ajeno.

Ahora bien, otro aspecto que resulta importante señalar es la gran capacidad de observación de Mme. Calderón al momento de realizar descripciones y semblanzas tanto de personajes específicos de diversas esferas sociales mexicanas como de la geografía, edificios, monumentos, además de usos y costumbres que más llamaron su atención.

Del mismo modo, realizó fuertes críticas respecto situaciones que no le gustaban como la falta limpieza de algunos lugares o sobre el aspecto físico y apariencias de los mexicanos que vio a lo largo de sus viajes, lo cual generó, y de cierta forma consolidó, algunos estigmas y estereotipos sobre la población.

Muestra de ello fue el revuelo que provocó su intención de usar un atuendo de china poblana, ya que le había llamado mucho la atención el vestido. Sin embargo, la noticia no fue bien recibida por personalidades de las altas esferas públicas de la época y le hicieron llegar el siguiente mensaje:

El traje de poblana es el de una mujer de reputación dudosa. La señora del Ministro español es una dama en toda la extensión de la palabra. A pesar de los compromisos que haya podido contraer, ella no debe de ir ni de poblana ni de ninguna otra cosa que no sea lo suyo propio. Así lo manifiesta al Señor Calderón, José Arnáiz, que le estima demasiado.[1]

Asimismo, Mme. Calderón de la Barca se caracterizó por realizar férreas y minuciosas descripciones sobre las mujeres que iba conociendo, en las que detallaba cada aspecto que consideraba o no adecuado como lo hizo al describir la apariencia de Inés de la Paz García esposa del General Antonio López de Santana:

[…] la Señora de Santa Anna, alta, delgada y vestida para recibirnos, a tan temprana hora de la mañana, de transparente muselina blanca, zapatos blancos de raso y muy espléndidos aretes de diamantes, prendedor y sortijas. Nos presentó a su hija Guadalupe, miniatura de la mama, en los rasgos y el vestir.[2]

También se encuentra la semblanza que hizo sobre La Güera Rodríguez de quien reconoció que era más que un rostro bello, pues le otorgó el título de “la más cabal de las cronistas” [3] tras haberle contado una anécdota sobre su encuentro con Humboldt.

Las observaciones de Madame Calderón de la Barca también se extendieron hacia los estratos más bajos de la población, pues siempre puntualizó su disgusto por el problema de indigencia que había en la Ciudad de México y reprochaba abiertamente la gran cantidad de léperos y su presencia en espacios públicos, especialmente en las iglesias.

Del mismo modo, escribió ampliamente sobre su descontento con la servidumbre mexicana, argumentando que tanto mexicanos como extranjeros tenían problemas con ellos debido a su “inclinación al robo, su pereza, borrachera, suciedad y de otros miles de vicios”[4], por lo que difícilmente se podría confiar en ellos.

Tras leer el libro de Madame Calderón de la Barca, y desde una perspectiva actual, sería injusto decir que las descripciones, anotaciones y comentarios que realizó respecto a su estancia en México fueron hechas con la intención de dejarlo en mala posición respecto a otros países. Por el contrario, el objetivo que perseguía era realizar un registro puntual de lo que vio y vivió en este país, claro, desde los ojos de una mujer en un mundo de privilegios que le permitieron conocer y adentrarse en las diferentes dinámicas del México decimonónico.

Por tal motivo, se puede entender y valorar la importancia de este texto, pues a través de él se puede conocer escenas de la vida cotidiana de aquel entonces y cotejarlas con otras escenas ofrecidas por escritores contemporáneos.

Bibliografía

[1] Mme. Calderón de la Barca. La vida en México. P. 68

[2] Ibíd. p30.

[3] Ibíd. p75-77.

[4] Ibíd. p161.

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