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Animación en 3 tiempos o “La trilogía de la comida” de Jan Švankmajer

A la hora de comer todo está permitido: sopear, taquear, picar, engullar, atragantarse, como tú le quieras llamar y disfrutar. La comida puede manejar múltiples significados, tradiciones e, incluso, rituales premeditados, es por ello que el animador checo, Jan Švankmajer, decidió resignificar y replantear esta acción tan conocida por nosotros.

    La obra de Švankmajer aborda múltiples temas, tales como la concepción de la creación del hombre, el desarrollo intrínseco de una persona y, como podremos ver a continuación, algunas reflexiones sobre la sociedad a partir de diversas perspectivas. Es importante señalar el estilo particular de la animación del checo, ya que algunos de sus más reconocidos cortometrajes son adaptaciones famosas de la literatura gótica, tales como: El Castillo de Otranto de Horace Wallpole y La caída de la Casa Usher de Edgar Allan Poe, además de la enigmática novela fantástica Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. Todos ellos con características puntuales como la desproporción y exageración de rasgos de los personajes o la creación de espacios lúgubres, cerrados y, en algunos casos, con acabados filosos. Este último rasgo retoma la estética del cine noir y el expresionismo alemán.

    En la “trilogía de la comida” realizada en 1992, el artista checo nos presentó tres piezas conectadas por un elemento simple: las tres comidas del día. A partir de esto, su obra concisa se muestra como un panorama abierto a las múltiples interpretaciones que se desprenden de una técnica mixta de slow motion que entremezcla elementos reales con sucesos surrealistas y fantásticos.

    La primera parte, el desayuno, presenta a dos individuos sentados a una mesa, en la cual uno de ellos funciona como una máquina dispensadora para el otro comensal, quien después de consumir su desayuno se transforma en una nueva máquina para otro personaje. Una de las interpretaciones más populares de esta primera parte es la maquinización de la sociedad a partir del consumo y cómo ésta se vuelve un ciclo inacabable de interacción y convivencia para obtener distintos bienes.

    El momento de la comida ocurre en un restaurante con dos nuevos personajes: un hombre asalariado, bien vestido y educado, y un joven desaliñado, hambriento e impulsivo. La secuencia comienza con ellos dos sentados a la mesa mientras esperan a que el mesero tome sus órdenes, sin embargo, en un momento de hartazgo, el hombre asalariado decide comenzar su comida con los objetos que llenan la mesa: cubiertos, mantel, platos, decoraciones e incluso la misma mesa; a lo que el joven reacciona con una imitación impulsiva de cada una de las acciones de su compañero. Esto podría representar la manipulación y enajenación que se genera por parte de los medios de comunicación y publicitarios, además de la brecha aspiracional que siempre ha existido, pero que hoy en día se intenta remarcar.

    Finalmente, para la sección de la cena aparece un personaje solitario preparando un platillo con los más minuciosos ingredientes de calidad. Las secuencias presentan planos de detalle en cada uno de los ingredientes que utiliza para dar paso, en otro plano de detalle, al verdadero platillo: un brazo humano. Esta metáfora ha sido interpretada como el sustento que brindan las partes del cuerpo utilizadas para sobrellevar el día a día.

    La amplia obra de Švankmajer puede plantearse y reformularse desde diferentes perspectivas, por lo que este ligero recorrido de su trabajo puede ser un buen pretexto para ahondar en sus demás proyectos. ¿Qué te parecieron los cortometrajes? ¿Tienes alguna otra interpretación? Te invitamos a compartir tus comentarios con nosotros.

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