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Consejos de Hegel para artistas

La concepción del arte y su producción han estado influenciados por una gran cantidad de teorías de filósofos, escritores, pintores, escultores, filántropos, músicos, pensadores, etcétera; de diferentes corrientes y épocas, por lo que los diferentes postulados, muchas veces, tienden a complementar o refutar ciertas concepciones de tan complicado concepto. Dentro de este vasto campo encontramos a uno de los filósofos más reconocidos dentro de la historia del pensamiento: Georg Wilhelm Friedrich Hegel, figura del Romanticismo alemán, quien entre tantos y diversos temas que trató, también se enfocó en el estudio del arte, no sólo de una manera técnica, sino también con aportaciones a la filosofía del arte.

En su libro Lecciones sobre la estética Hegel reunió algunas reflexiones puntuales sobre la problemática de la belleza, la naturaleza, la obra de arte, el gusto y el papel del artista en este conjunto de temas. Si bien, esta extensa obra recaba mucho más que simples características o cualidades de un artista y su obra (como las concepciones sobre la belleza natural y la belleza artística o su concepción objetiva del arte), no está de más puntualizar algunas menciones, ya que pudieran ser una fuente de inspiración y motivación para continuar con ahínco el quehacer artístico.

Ser artista es un don

Al inicio de la explicación de su apartado titulado Reglas del arte. Talento. Necesidad del arte. Hegel expone la idea del arte como producto de la libertad creadora del artista, mencionando que el arte debe carecer de reglas formales, ya que no es una actividad sistemática porque proviene del espíritu. A partir de esto, una característica primordial en el artista es que debe ser un ser sensible y con un espíritu especialmente dotado.

“Dejó de considerarse la obra de arte como producto de una actividad general, formal, abstracta, mecánica, para declarar que la obra de arte es el producto de un espíritu especialmente dotado, que el hombre que posee tal espíritu no tiene más que abandonarse a su singularidad específica, sin preocuparse del fin que podría conducirlo, y que lo contrario  perjudicaría su producción. Resumimos este punto de vista al declarar que la obra de arte es una creación del genio, del talento. […] La creación de una obra de arte exige talento, la cual es una aptitud específica, vale decir, un limitado.” (Hegel, 56)

¿Qué quiere decir esto? Que el artista debe poseer una sensibilidad más exigente que el resto de las personas para asimilar la Naturaleza de diferente manera y poder convertirla en arte sin la necesidad de seguir reglas específicas. OJO: esto no tiene que ver con la formación técnica del artista, la cual Hegel se encarga de examinar al tratar el aspecto formal de las obras más adelante en su texto.

El arte debe ser inconsciente: la inspiración

Ligado a la idea anterior, este punto pretende indicar que la intención del artista deberá ser libre de intervenciones de la conciencia, ya que así ésta podría influir directamente en la obra haciéndola imperfecta. Es decir, lo que se busca es el mejor nivel de abstracción posible. Ante este problemático punto, será mejor citar a Hegel:

“[…] la actividad artística, para ser eficaz y en verdad creadora, deberá ser inconsciente, y toda intervención de la conciencia es susceptible de perturbar la actividad artística y anular la perfección de las obras.

La producción artística se convierte así en un estado que se llama inspiración.” 

Alimenta el espíritu y la técnica

Aunque este consejo puede parecer lo más sencillo, también enmarca y conlleva a toda una reflexión sobre la constitución de una obra de arte digna, la cual deberá atender dos principios fundamentales: su contenido y su forma. Para Hegel esta condición inseparable es percibida o apreciada gracias a los sentidos y espiritualidad que el artista utiliza para sus creaciones. De igual forma, para apreciar una obra en su totalidad es necesario atender este principio.

“Mas lo que no debe perderse de vista es que para que el genio sea fecundo debe poseer una mente disciplinada y cultivada en un ejercicio medianamente prolongado. Y esto porque la obra de arte presenta un aspecto puramente técnico, el cual no se domina sino por el ejercicio. Ello resulta verdad en especial en las artes que involucran destreza manual, que se aproximan a los oficios manuales.”

Es interesante mencionar que Hegel hace una diferencia entre la música y las demás artes argumentando que ésta no requería una práctica como tal para dominarse, ya que según él, la facilidad para la música era innata en algunas personas, sin embargo, es importante indicar su interés por la perfección y la responsabilidad técnica de las obras.

Estos consejos son sólo unos someros extractos de toda la constitución de su obra estética, la cual puede ser utilizada para cualquier estudio sobre la belleza en el arte. Es cierto que la teoría de Hegel ha sido cuestionada, reinterpretada e incluso refutada o complementada con estudios posteriores, no obstante, vale la pena recordar su contexto y la corriente artística en la que se desarrolló, además de mantener una referencia confiable de su vasta reflexión.

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Fuente: Hegel G.W.F., Lecciones de estética, Ediciones Coyoacán, México, 1997, 133 páginas.

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