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Del caballero al millennial, una lección de modales

La búsqueda del ser perfecto a quien amaremos durante toda la vida es el lugar común millennial por excelencia. ¿Cuántos memes o publicaciones encontramos diariamente que aluden a cómo sería el hombre o la mujer ideal? Y encontramos que, dentro de esos ideales, la educación y buenas costumbres se han relegado a un segundo plano o, quizás, simplemente se han malentendido.

Es cierto que, en ocasiones, nos remitimos a épocas anteriores para encontrar un símil de la persona que buscamos, como el estereotipo del caballero que pelea por su dama o el hombre que, sin la mujer amada, decide suicidarse. Lo que tienen en común estos estereotipos es que se regían por un código de urbanidad y buenas costumbres, según su tiempo. Por ello, vale la pena reflexionar sobre el papel de la educación en nuestros tiempos.

En primer lugar compararemos al hombre decimonónico (romántico por excelencia) y al joven millennial que intenta conquistar a la mujer de sus sueños. Para esto, recurramos a nuestro empolvado Manual de urbanidad y buenas costumbres del autor venezolano, Manuel Carreño, únicamente a 5 puntos relevantes para reflexionar este tema.

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El primer consejo que nuestro buen manual nos da es el siguiente: “Generalmente se conoce que el hombre debe ponerse de pie cuando una dama regresa a la mesa o al sitio de reunión”. Se podría pensar que esto está “pasado de moda”, sin embargo, hay quienes todavía lo hacen y un ejemplo es la serie original de Netflix llamada Love cuando Gus invita a la roomie de Mickey a cenar y justo cuando ella vuelve del baño él se pone de pie y luego vuelve a su asiento.

“Durante cualquier conversación debe procurar mostrar atención a lo que dice la otra persona. No hay nada más desagradable y que demuestre poco tacto que la persona a la que se le habla no haga más que mirar hacia todas partes…” Esta buena anotación de nuestro manual es al que más se apela en nuestros tiempos pues las redes sociales los han exaltado con el tan famoso “visto” de Facebook o What’sApp. La pérdida de interés o simplemente la falta de educación han generado en nuestra sociedad un vacío en las relaciones actuales por lo que ahora se exige atención por el simple hecho de ser la pareja de alguien, mas no por ser una cuestión de cortesía.

“Cuando un caballero invita a una dama a subir a un automóvil que él mismo maneja, tiene la obligación de abrirle la puerta, esperar que ésta se acomode y cerrarla después. Luego puede dirigirse a su sitio. Al llegar al lugar de su destino bajará él primero, abrirá la puerta a la dama y la ayudará a descender del auto.” Esta situación es el tópico más común al que se remiten las mujeres para ver si un hombre es un “caballero” y he aquí su justificación. Si bien es cierto que éste es un gesto de cortesía, no se debe exigir pues todo depende de la educación de ambos.

El ideal de la mujer es un hombre que la consienta y procure, sin embargo, en la actualidad se han malentendido diversas acciones por parte de los hombres y si ceden el asiento como lo indica Carreño, se ha llegado a ver mal o incluso, ha resultado una ofensa para muchas mujeres: “cuando un caballero acompaña a señoras a un espectáculo, debe cuidar de colocarlas en los mejores asientos por el orden de sus edades y demás circunstancias personales, situándose él después en el lugar de menos comodidad y preferencia” y no se diga si “un caballero que se halla en sociedad no permite nunca que a su presencia se dirija una señora de un punto a otro con el objeto de tomar una silla, abrir o cerrar una ventana, o ejecutar cualquiera otra operación de que pueda él relevarla.” porque no solamente es una ofensa, sino que está menospreciando las capacidades físicas y mentales de las féminas fuertes y que están en contra del “patriarcado opresor”.

La educación no debe ser cuestión de ideología y para que haya un hombre o mujer ideal debe existir un código que no los haga comportarse como animales. Es verdad que muchas de las ideas decimonónicas ya no se pueden aplicar a la actualidad, sin embargo, estamos apelando a “lo ideal”. Los millennials pueden conformarse con la rapidez de lo que viven, finalmente ya no es el siglo XIX.

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