Vientos de libertad: ¡la educación no se va!
La educación es el arte de capacitar al hombre para la vida social.
José Ingenieros[1]
La educación ha sido consagrada como el universo de las voces que, adornando las estaciones del tiempo, hacen florecer los capítulos de la historia día con día. Un adorno que es el reflejo de los niños y adolescentes que no culminan una etapa, porque son el sendero de hombres y mujeres apostando por los párrafos inconclusos de la vida.
En palabras de Paulo Freire[2] sería:
La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor.
Lo que quiere decir que la educación es un fenómeno amoroso con sed de libertad en búsqueda de una equidad. Dicha equidad debe consagrarse desde los sectores críticos y propositivos para trascender las aulas.
Llegando a este punto, Jerome Bruner (1963) establece que:
“Si la hipótesis introducida fuera verdadera –que cualquier materia puede ser enseñada a cualquier niño de alguna manera sincera-, entonces derivaría en que un currículo debería ser construido alrededor de temas importantes, principios y valores que una sociedad considera valiosos para el continuo interés de sus miembros.”
La idea es que la educación son las fotografías significativas de grandes y chicos en los campos socioculturales, unos campos que acuden a herramientas como el cine, la televisión, la música, la literatura, entre otras, las cuales fomentan y fortalecen el aprendizaje como procesos educativos para la vida.
Observemos cómo la educación son vientos de libertad que hacen apología a sucesos del pasado y presente a manera de mecanismos reales que le permiten a los seres humanos contribuir con cambios de verdad. Reconocer estos instrumentos que se convierten en cartas maestras, garantiza jugadas excepcionales para educar y reeducar en un planeta con sed de sueños.
Y no es mera coincidencia que Benito Juárez[3] dijera:
Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar… La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos.
Bajo ese recorrido, la educación es la esencia del planeta que determina legados universales con la posibilidad de reevaluar constantemente, teniendo en cuenta que los procesos de enseñanza y aprendizaje son los ejes del accionar de los hombres. Nada, pues, más expresivo que lo que afirma Immanuel Kant[4]:
Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él.
Referencia
Bruner, J. S. (1963). El proceso de la educación. México: UTEHA
[1] Escritor, médico, profesor, filósofo y sociólogo argentino de origen italiano, autor de Sociología argentina (1908), El hombre mediocre (1913), La evolución de las ideas argentinas (1918) y Las fuerzas morales (1925).
[2] Fue un pedagogo, educador y filósofo brasileño. Es considerado el fundador de la pedagogía crítica, que intenta incorporar conceptos provenientes de la Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort y del marxismo en el campo de la educación y el estudio de la cultura.
[3] Fue un abogado y político mexicano, presidente de México (1858-1872), figura clave en la instauración del Estado laico y la república federal. Conocido por defender la soberanía nacional contra la Intervención francesa y por promulgar las Leyes de Reforma que separaron Iglesia y Estado. Originario de Oaxaca e indígena zapoteco, ascendió desde humildes orígenes para convertirse en un héroe nacional, llamado «Benemérito de las Américas» por su lucha por la libertad e independencia.
[4] Destacado filósofo, profesor y geógrafo alemán, autor de Crítica de la razón pura (1781), Crítica del juicio (1790), Metafísica de la ética (1797), Pedagogía (1803) y Crítica de la razón práctica (1877).

Licenciada en Humanidades y Lengua Castellana. Especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo. Magister en Infancia y Cultura por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Escritora.








