Una voz que no se apaga: más allá de cuarenta años sin Jorge Luis Borges

La historia constituye siempre la relación entre un presente y su pasado. En consecuencia, el miedo al presente lleva a la mistificación del pasado.
John Berger[1] 

El día 13 de junio de 1986 Jorge Luis Borges[2] cerró sus ojos para siempre. Sin embargo, sigue siendo una voz indispensable de los procesos de lectoescritura del siglo XXI en la escuela, la universidad, la casa y la vida; esto por su fascinante estrategia de hablar con los lectores, los personajes y los escritores.

Recordemos que la obra de Borges ha sido establecida por la erudición, las bibliotecas, los laberintos y los espejos, transformando para siempre la manera de comprender el ensayo y el cuento. Además, en libros como El Aleph y Ficciones demostró que los procesos literarios pueden establecerse en sucesos cotidianos donde la filosofía, la metafísica y la fantasía conversan constantemente. Es decir, que las barreras no tendrían por qué existir en la literatura. A tal punto llegó su relevancia que Jorge Luis Borges se convirtió en un legado universal, caracterizado por la traducción de sus textos a diferentes idiomas y el eje central de distintos autores.

Desde esa escenografía, y tras la muerte de su única heredera y custodia de su legado, María Kodama en 2023, quedó a cargo de sus sobrinos ese legado. Unos sobrinos que no son originarios del mundo de las letras, pero se comprometieron a continuar con el cuidado de esa herencia universal como la Fundación Borges, instaurada en 1988 para manifestar y proteger la obra del escritor.

Los ejemplos más significativos para mí sobre la importancia de Borges, se refleja en estas frases de Gabriel García Márquez:[3]

Si un escritor es bueno, no es reaccionario. Borges será un reaccionario como hombre, pero como escritor está jodido por la propia grandeza de su obra, que contribuye al progreso de la humanidad.

“El regreso a Macondo”, publicado en El Espectador, enero de 1971.

 

Con Borges a mí me sucede una cosa: Borges es uno de los autores que yo más leo y que más he leído y tal vez el que menos me gusta. A Borges lo leo por su extraordinaria capacidad de artificio verbal; es un hombre que enseña a escribir, es decir que enseña a afinar el instrumento para decir las cosas. (…) Creo que Borges trabaja sobre realidades mentales, es pura evasión.

“La novela en América Latina”, publicado por la Universidad Nacional de Ingeniería, septiembre de 1967.

 

Toda la obra de Ernest Hemingway demuestra que su aliento era genial, pero de corta duración. Y es comprensible. Una tensión interna como la suya, sometida a un dominio técnico tan severo, es insostenible dentro del ámbito vasto y azaroso de una novela. (…) Sus novelas parecen cuentos desmedidos a los que les sobran demasiadas cosas. En cambio, lo mejor que tienen sus cuentos es la impresión que causan de que algo les quedó faltando, y es eso precisamente lo que les confiere su misterio y su belleza. Jorge Luis Borges, que es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo, tiene los mismos límites, pero ha tenido la inteligencia de no rebasarlos.

“Mi Hemingway personal”, artículo publicado en El País y El Espectador, julio de 1981.

 

En definitiva, Borges es un legado inquebrantable que no podrá ser olvidado a pesar de los años teniendo en cuenta herencias como estas:

Creo que la frase “lectura obligatoria” es un contrasentido; la lectura no debe ser obligatoria. ¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado. ¡Felicidad obligatoria! La felicidad también la buscamos. Yo he sido profesor de literatura inglesa durante veinte años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y siempre les aconsejé a mis estudiantes: si un libro les aburre, déjenlo; no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo; aunque ese libro sea el Paraíso Perdido —para mí no es tedioso— o el Quijote —que para mí tampoco es tedioso—. Pero si hay un libro tedioso para ustedes, no lo lean; ese libro no ha sido escrito para ustedes. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad, de modo que yo aconsejaría a esos posibles lectores de mi testamento —que no pienso escribir—, yo les aconsejaría que leyeran mucho, que no se dejaran asustar por la reputación de los autores, que sigan buscando una felicidad personal, un goce personal. Es el único modo de leer.

Entrevista realizada a Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional en 1979.

 

Para concluir, la voz de Borges es un incendio que no se apaga en busca de sus lectores y la mágica experiencia de sus herederos por seguir con la preservación de su memoria y obra en cuentos, poemas y ensayos. La invitación es seguir leyéndolo.

 

[1] Fue escritor, poeta, ensayista, novelista, profesor, crítico de arte y pintor inglés.

[2] Fue un cuentista, poeta, ensayista y traductor argentino, extensamente considerado una figura clave tanto para la literatura en español como para la literatura universal. ​

[3] Fue un escritor, guionista y periodista colombiano. Reconocido por sus novelas y cuentos, también escribió narrativa de no ficción, discursos, reportajes, críticas cinematográficas y memorias.

Déjanos tu comentario
Tags:

Tal vez pueda interesarte...