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El cuento y la fotografía juntos, pero no revueltos

 

Texto por: Norma Hernández Aguilera

La fotografía, en los últimos tiempos, se ha convertido en la actividad favorita de muchos, ya sean diseñadores, publicistas, comunicadores o cualquier otro hipster que sale por las calles de la Condesa con una Canon colgada al cuello, incluso, hay quienes pagan cursos costosos para parecer fotógrafos profesionales. Sin embargo, hay una forma de comprender cómo funciona dicha actividad a partir de otra aún más antigua: la literatura. Así es, según Cortázar, el quehacer literario del cuentista es comparable al del fotógrafo y aquí te explicaré por qué.

El cuentista y el fotógrafo

Julio Cortázar ha sido considerado uno de los cuentistas más importantes del siglo pasado, sin embargo, tenía como pasatiempo la fotografía, es por ello que le parecía una actividad similar a escribir cuentos. Él argumentaba que tanto el cuentista como el fotógrafo parten de la idea de límite, ya que debían “recortar un fragmento de la realidad” el cual sirviera como explosión para abrir una realidad más amplia a quien lee y a quien mira.

El límite resulta un poco más claro para el fotógrafo, pues es la misma cámara quien lo impone, asimismo, el cuentista se apega a un límite físico, es decir, el de la extensión de lo que se cuenta, porque en esos tiempos era indispensable que el cuento no excediera las 20 cuartillas.

Otra característica que comparten estas dos disciplinas y que resulta obvia para nuestro escritor es que no habría quehacer literario o fotográfico sin las máquinas, pues él escribía con una Remington y tomaba fotos con una Contax 1.1.2.

“Puestos a contar, si me pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina siguiera sola (porque escribo a máquina) sería la perfección. Y no es un modo de decir, La perfección, sí, porque aquí el agujero que hay que contar es también una máquina (de otra especie, una Contax 1.1.2) …”

La composición

“Las babas del diablo” es, quizá, el cuento donde Cortázar homologa tanto la foto con el cuento en cuanto a temas y estructura, pues Roberto Michel, nuestro personaje principal, fotógrafo y traductor franco-chileno, cuenta lo que le sucede con una fotografía que tomó en el Quai de Bourbon, la cual parece cobrar vida una vez revelada mediante un escrito. Una vez que leemos el cuento, podemos destacar algunos puntos similares sobre la estética literaria y fotográfica:

  • Intensidad

La intensidad es uno de los puntos más importantes en las obras, pues implica que ese corte de la realidad no tenga elementos de más ni de menos, es decir, que cada elemento, tanto en la foto como en el cuento tenga una significación y en conjunto den un sentido completo del texto y de la realidad que retratan. Para nuestro autor, esta cualidad debe complementarse con la tensión que tengan los textos, en tanto que mantengan el interés del espectador o lector.

  • Tema

El tema que, tanto el cuentista como el fotógrafo, decidan contar (porque a su manera los dos cuentan algo) debe atraer primero a su creador. Cortázar, lo hace saber mediante Michel, pues lo que le aconteció lo tiene tan sorprendido que no hay otra forma de explicárselo a sí mismo que escribiendo. Esto parece una obviedad, pero recordemos que lo obvio es lo que muchas veces no vemos.

  • La forma

Muchas veces el tema que podemos elegir es tan cotidiano que puede resultar no atractivo, pero esta cualidad no es intrínseca de los temas, sino que es la forma en la que contamos algo lo que lo hace interesante. La pregunta entonces será ¿cómo le doy una buena forma? La respuesta que Julio da es “oficio”. ¡Claro! El que pretenda ser y hacer una o la otra cosa debe forjarse un oficio (literario o fotográfico) el cual se logra a base de prueba y error.

Para lograr ese oficio no sólo basta escribir o fotografiar, sino hay que atender al método y algunos consejos, por ejemplo, en “Las babas el diablo” la forma de narrar es lo que más nos acerca a la fotografía gracias al narrador, pues a pesar de ser una sola persona la que cuenta, se vale de la focalización (posición narrativa del narrador) para darnos dos perspectivas o ángulos como podríamos llamarlos en fotografía.

Otro punto importante es saber mirar, pues nuestros sentidos nos engañan, pero dentro de esa falsedad y teniéndola en cuenta debemos elegir qué miramos.

  • La finalidad

La finalidad de las dos disciplinas no se reduce en subir a Instagram nuestros mejores momentos con los mejores filtros, sino que el cuentista y el fotógrafo tienen un deber y compromiso para sus lectores, sí lectores porque ambos son textos, pues cuando estos miran la obra, están ante una imposición, lo quieran o no, de una visión de mundo, la de su creador.

 

“Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros”

Algunos de los fotógrafos que Cortázar consideró buenos fueron: Henri Cartier Bresson (Francia 1908-2004) y Brassaï. (Hungría 1899-1984).

 

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2 thoughts on “El cuento y la fotografía juntos, pero no revueltos

  1. “Si sólo me motivara la curiosidad, costaría decirle a alguien: ‘Quiero ir a su casa para que me hable y me cuente la historia de su vida’. La gente diría: ‘Está chiflada’. Más aún, se pondría en guardia. Pero la cámara es una especie de licencia. Mucha gente quiere que se le preste tanta atención, y además es una clase de atención razonable.”

    Diane Arbus

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