Antología de la literatura fantástica de Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares

En la actualidad pareciera que nuestra capacidad de asombro ha disminuido. La dependencia tecnológica, el discurso global sobre el progreso y la visión a futuro de una humanidad con cada vez menos contacto con el mundo real son sólo algunos de los factores que han influido en el deterioro de nuestra fascinación. Sin embargo, y aunque podría ser paradójico, parece que el deseo por el terror o la perplejidad es algo que acompaña nuestras elecciones al momento de ver una película, una serie o escuchar un relato. Ante ello, nuestro asombro ha tenido que recurrir (o reducirse) a repentinos rostros fantasmales que salen de la oscuridad con la intención de devorarnos o aquellos recorridos lentos en la oscuridad con una linterna en la mano que apenas puede seguir los enigmáticos ruidos que se desprenden de la madera de una casa abandonada. La idea de vulnerabilidad de nuestro cuerpo ha tomado el lugar de la vulnerabilidad de nuestra realidad frente a lo inexplicable.

Ante esto, tal vez una vuelta a los clásicos pueda ofrecer una mirada renovada sobre lo que consideramos fantástico. Antología de la literatura fantástica (1940) de Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares nos recuerda, tal como lo menciona Casares al inicio de su prólogo, que las ficciones fantásticas son más antiguas que las letras y, por consiguiente, que las películas o las series. La realidad trastocada por elementos mágicos, sobrenaturales o extraños es un tema que ha construido nuestra visión del mundo: podemos ser escépticos sobre la existencia de fantasmas, pero nadie quisiera estar encerrado en una habitación oscura con uno.

Como toda antología, esta no pierde vigencia por la compilación de relatos que la conforman. Desde cuentos populares de Japón y China, pasando por la época clásica con Petronio, hasta voces que marcaron buena parte de la literatura contemporánea como Kafka, Poe, Joyce o Maupassant, incluso llegando a autores que comenzaban a apuntalar su carrera, como Elena Garro, Macedonio Fernández, Leopoldo Lugones y los propios antologistas.

 

 

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Cada uno de estos relatos representa la profunda curiosidad de la humanidad por lo desconocido. Los protagonistas suelen estar a merced de fuerzas que nunca podrán comprender, aunque exista un elemento que ponga en duda dicha condición. De acuerdo con Tzvetan Todorov, es dicha duda la que crea lo fantástico en el relato y lo distingue de la ficción maravillosa o mágica.

De entre los textos que componen la antología podemos pensar en “Casa tomada” de Julio Cortázar, cuyo desarrollo enmarca una gran pregunta: ¿qué o quiénes tomaron poco a poco la casa en la que vivían los protagonistas? O, incluso, “La historia de Abdula, el mendigo ciego” incluida en Las mil y una noches, la cual relata lo que le sucedió a Abdula para quedar ciego y caer en desgracia después de ser un respetado mercader de camellos. Por supuesto que el testimonio del propio Abdula queda entre la realidad y la ficción al juzgarlo por su apariencia y por los aspectos inverosímiles de su relato, lo que también queda a consideración del lector después de leer las impresiones del narrador principal.

Por si fuera poco, en esta antología también están presentes las apariciones o las ilusiones. Un ejemplo de eso está en el relato “Enoch Soames” de Max Beerbohm; en él nos cuenta la historia de Enoch Soames, a quien el narrador recuerda como un gran escritor, erudito y sobresaliente de su generación, pero que por algún extraño motivo nadie más logra recordar. Es entonces cuando se pregunta sobre la existencia de Enoch: ¿en qué punto la realidad puede confundirse con la ficción? De igual manera, la breve obra de teatro “Donde marca la cruz” de Eugene Gladstone O’Neill lo sugiere al representar el deterioro de la familia Bartlett que coincide con la locura del padre de familia, quien espera el retorno de su última embarcación con un tesoro prometido.

Más allá de los nombres, las antologías literarias son una oportunidad de descubrir nuevas voces, explorar temáticas o ahondar en autores de nuestro interés. En este aspecto, la Antología de la literatura fantástica de Borges, Ocampo y Bioy Casares es un testimonio de cómo se ha construido nuestra visión en torno a lo inexplicable y lo desconocido a lo largo de la historia y que converge en distintas culturas. Cualquiera que se adentre a sus páginas podría descubrir antiguos miedos y la constante duda que trastoca la firmeza de la realidad.

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