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Ritual y erotismo: “Año bisiesto” (Caméra d’or Cannes 2010)

Año bisiesto es el título de la cinta erótica de Michael Rowe ganadora de la Caméra d’or en Cannes 2010, un acercamiento a la vida solitaria de una mujer proveniente de Oaxaca, quien se pasa los días en su casa escribiendo para una revista de economía y limitando su contacto con el mundo a llamadas telefónicas, a esporádicas visitas de su hermano y a encuentros sexuales con desconocidos. El tedio y la indolencia la llevan a contar con desesperanza los días mientras busca algo que la lleve a poner fin a esa dolorosa cuenta. En uno de sus amantes encuentra a quien podría llevarla a transgredir sus límites a la vez que descubre el oculto placer del dolor, sin embargo, ese hombre, aspirante a actor, resulta ser sólo una representación, por lo que una vez más se encontrará sola frente a su vida.

     Laura carga el peso de un pasado que no sólo se remonta a su propia historia, sino también al peso de su origen indígena que la confina en su diferencia. Su departamento se vuelve ese espacio simbólico que la aísla, protege y le da la seguridad de mostrar la imagen que quiere sin la amenaza de una confrontación, pues le recuerda a cada hora su insignificancia, la poca importancia de su vida en el mundo. En ese lugar atemporal con la mínima conexión exterior, el calendario funciona como el único mapa que la guía mediante eventos, del pasado o del futuro, y le brinda la oportunidad de un portal, un día en el cual puede volver a encontrarse con su padre, muerto un año bisiesto.  

   En apariencia frágil, Laura se constituye a lo largo de la trama como una mujer segura, capaz de analizar las posibilidades que se le ofrecen y tomar las herramientas que puedan satisfacer sus objetivos. Se encuentra en una posición privilegiada, aunque mire con nostalgia las vidas aparentemente felices de sus vecinos, pues sus raíces ya han sido arrancadas, no teme perder nada porque nada le pertenece. Así, aunque pareciera una mujer más victimizada por su pareja, es ella la que revela que su locura es aún mayor que la de su amante.

  Por ello al descubrirse como un objeto de deseo se materializa en el placer y en el dolor, y se entrega a él con la impetuosidad de poder ser. Su conducta está determinada por rituales: mirar, tachar los días del calendario, esperar desnuda a su amante; éstos dotan de significado las acciones de una vida en apariencia carente de sentido, es decir, resignifican los actos y los vuelven en sí mismos el sentido de la vida. Este desplazamiento hace que veamos, fuera del espacio-tiempo de Laura, todo el hecho como algo repulsivo, pues transgrede aspectos básicos de la cotidianidad y los lleva a romper los límites de la cordura.

   La locura en Año bisiesto se presenta también como un ritual que en su brutalidad se encuentra además con esas maravillosas ocasiones como el morir un 29 de febrero, como descubrirse en un desconocido, como poder resignificar la vida y como la posibilidad de un nuevo comienzo.

Año bisiesto (2010)
Director: Michael Rowe

Guión: Lucía Carreras, Michael Rowe
Fotografía: Juan Manuel Sepulveda
Productora: Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) / Machete Producciones
País: México
Duración: 94 minutos

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