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Literatura fantástica en México: “La cena” de Alfonso Reyes

La literatura fantástica en México tiene en Juan Rulfo y Juan José Arreola a sus más reconocidos exponentes, la producción de este género no abunda, sin embargo, podemos encontrar que algunos de las mejores novelas o cuentos mexicanos pertenecen a éste, en el cual es fundamental la incertidumbre. Entre otros autores tenemos a   Julio Torri, José Emilio Pacheco, Francisco Tario y Carlos Fuentes. Este último escribió Aura inspirado por un texto de  Alfonso Reyes: “La cena”.

    “La cena” fue escrito en 1912, su ambiente onírico y estructura circular, así como la narrativa impecable del autor lo sitúan como  uno de los cuentos más importantes de la literatura mexicana. La trama es sencilla: Alfonso, el narrador, recibe una invitación a cenar por  parte de dos mujeres desconocidas, ahí experimenta una serie de sucesos desconcertantes que culminan con una revelación, el desdoblamiento de su propia imagen en la figura de una fotografía. El inicio y el final del texto están marcados por un mismo acontecimiento: nueve campanadas y una mano sobre la perilla de una puerta. Esto provoca en el lector la duda de si lo que se narra pasó realmente o no.

    Para entender mejor cómo se construye la incertidumbre es necesario remitirse a la teoría de lo fantástico de Tzvetan Todorov, pues los elementos que dan forma al cuento atienden a crear ese efecto de vacilación entre una explicación racional y la aceptación de una sobrenatural. En su Introducción a la Literatura fantástica Todorov dice que lo fantástico existe mientras hay duda por parte del lector, pues cuando se opta por alguna de las dos explicaciones se entra a los terrenos de lo extraño y lo maravilloso:

Lo fantástico es la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural.

   La vacilación es una primera condición de lo fantástico, pero para que ésta se presente es necesario que entren en juego estrategias que permitan crear una identificación entre lector  y personaje. Es decir, la ambigüedad debe existir primero en los personajes, la fórmula debe estar inscrita en el texto para ser decodificada y cumplir el propósito de lo fantástico: plantear una duda.

Ilustración de Santiago Caruso

     Los recursos que se emplean para este propósito son en su mayoría lingüísticos, por ejemplo el uso del imperfecto, el cual permite que la duración del tiempo no sea contundente y el lector pueda establecerla a partir de su propia experiencia de lectura, además de involucrarse. Dentro de este ambiente cobra especial importancia el papel de los sentidos, de ahí el uso de verbos de percepción y opinión en tiempos imperfectos que denotan posibilidad, necesidad u obligación.

   El cuento está narrado en primera persona, por lo que el testimonio del suceso es subjetivo. Factores como la presencia de la luz y un estado de ensoñación o aturdimiento de Alfonso debido al vino, alteran la percepción y hacen que no sea posible discernir entre lo real y lo imaginario. La descripción de los personajes y espacios también está determinada por la memoria de Alfonso.

    Lo anterior puede romper de cierta manera el efecto de realidad; sin embargo, se recurre a otros elementos para reforzar la duda y mantener el movimiento pendular entre lo real y lo fantástico. El nombre del protagonista, por ejemplo, es el mismo del autor, además de la utilización de la primera persona del singular. Luz Aurora Pimentel explica esto como una estrategia especial en la que los recursos lingüísticos se utilizan para producir la ilusión referencial.

    A lo largo del cuento se hace evidente la dicotomía entre lo aparente y lo auténtico, entre la luz y la sombra que deja ver sólo una parte de la realidad, como todo lo que Alfonso puede percibir: escenas fragmentadas. En los espacios vacíos es preciso el papel de la imaginación que, sin embargo, no se deja actuar en total libertad, pues el asombro de la realidad devuelve al personaje a su sitio.

   Un texto narrativo se conforma por elementos que se desempeñan maquinalmente, cada uno de ellos es fundamental para que éste funcione de forma correcta. A veces la manera en que cada pieza actúa no es evidente en todos sus detalles para el lector; analizar un texto desde una perspectiva teórica o narratológica permite entender mejor cómo se logra el efecto de asistir a otra realidad de la que somos testigos y participes, y en consecuencia podemos tener una experiencia de lectura más consciente respecto al texto y al valor que posee en la tradición literaria.

Ilustración de Santiago Caruso

Fuentes:

  • Todorov, Tzvetan. Introducción a la literatura fantástica. México: Ediciones Coyoacán, 2016.
  • Pimentel, Luz Aurora. El relato en perspectiva. México: Siglo XXI, 2002.

Aquí puedes leer el cuento completo.

 

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