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Zoom o la creación transversal

El brasileño Pedro Morelli, reconocido por dirigir tres episodios de la serie Contos do Edgar y por el largometraje Entre Nós, presentó recientemente su última producción: Zoom, filmada en colaboración con Canadá y Brasil, y en la que también participan actores como  Gael García Bernal, Jennifer Irwin, Alison Pill, Mariana Ximenes y Jason Priestley.

La cinta combina drama, comedia y sátira en tres historias en las que los personajes atraviesan por crisis personales, pero en su búsqueda de equilibrio se les revela el verdadero conflicto: el enfrentamiento entre ficción y realidad. Con estilos diferentes -animación, acción y suspenso- Pedro Morelli plantea la existencia de diferentes niveles de narración al estilo de Las mil y una noches.

La historia inicia con Emma, una acomplejada dibujante de cómics que, para liberar su frustración, crea a Edward, un perfecto director de cine. Éste, cansado de hacer películas de acción sin trasfondo, planea rodar una película sobre una modelo que renuncia a su vida para escribir la novela de una dibujante: Emma. Los problemas surgen cuando Emma altera arbitrariamente la vida de Edward, quien comienza a tener dificultades para continuar con la historia de Michelle. La situación se sale de control y provoca una ruptura en los niveles narrativos, permitiendo la comunicación entre ellos y la restauración del orden.

Cuando los personajes se hacen conscientes de su existencia como seres ficcionales y cuestionan el papel del creador y los mecanismos de narración hablamos de metaficcionalidad. Este “tema” se ha vuelto muy popular en la cinematografía en los últimos años, quizá la cinta metaficcional más popular sea La rosa púrpura de El Cairo (1985) de Woody Allen, en la cual la protagonista mira con frecuencia una película, lo que ocasiona que un personaje se enamore y escape de la pantalla para reunirse con ella.

Zoom no sólo hace evidente el papel de lo ficticio, del poder  absoluto del creador y la dependencia del personaje, sino que invierte los roles y no permite que la incertidumbre se disipe, pues nunca deja ver cuál de las historias es la “real”. También plantea una crítica a los géneros y estructuras narrativas que han llevado a vaciar de sentido algunas obras cinematográficas, pues refleja el problema de la separación de la unidad fondo/forma. Esto vale tanto  para las cintas más comerciales, como para otras en apariencia complejas, ya que al final todo se vuelve molde y es inevitable caer en lo pretencioso o absurdo.

No obstante, este planteamiento se manifiesta tarde en la cinta, por ello los recursos que emplea para construir la crítica la saturan y pueden llegar a distraer la atención. Quizá tampoco Zoom libre esta cuestión, pero es consciente de ello y al serlo, tal como la historia, se sitúa en un nivel diferente y eso ya es algo respetable.

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