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Viva (reseña)

Viva es la historia de Jesús, un chico gay que sobrevive en La Habana cortando el cabello y arreglando las pelucas en un club drag queen. Cuando una de las artistas deja botado el show, Jesús ve la oportunidad de hacer lo que siempre ha querido; a pesar de su falta de experiencia obtiene el papel y crea un personaje a quien llama Viva. Sin embargo, cuando comienza a sentirse bien interpretando canciones, aparece su padre, perdido hace años; él, un boxeador arruinado, machista y alcohólico, resulta un obstáculo para el camino que Jesús ha decidido tomar, pues aunque totalmente ajeno, se presenta como una figura que pretende limitarlo.

La película del director irlandés Paddy Breathnach se ha estrenado en varios festivales de cine gay y ha tenido muy buena aceptación por la crítica y el público. En una primera lectura se trata de la aceptación de la homosexualidad de Jesús que, sin embargo, va más allá porque ese rechazo debido al género no sólo lo excluye de la sociedad, sino de sí mismo, ya que limita el descubrimiento de otros aspectos de su personalidad. Pero ese autodescubrimiento puede referirse a cualquier persona e, irónicamente, quizá para otros conocerse sea aún más difícil porque al menos él intuye su camino, pues toda su vida se han encargado de repetirle quién no puede ser. 

Si bien es adecuado confrontar el problema como una cuestión de género donde abundan los prejuicios, fruto del miedo a una visión distinta de la vida, se trata de una identidad mucho más amplia que atañe a cualquier hombre en múltiples aspectos. Aunque aparentemente se llega a un final cuando se enfrenta a esas convenciones, ese proceso nunca termina;  el ser humano es complejo y dinámico, con una esencia firme, pero con formas diversas, contradictorias incluso, y encasillarse en un concepto o tipo sólo limita el potencial de ser. Por ello es tan acertada la manera en que Jesús encuentra la libertad para descubrirse: en un escenario vistiendo la ropa y la voz de otras personas, distanciándose de sí mismo para lograr mirarse.

Ver cantar a Jesús causa una impresión extraña porque se da un desdoblamiento en esa especie de ritual, donde, tal como en cualquier manifestación artística, se produce una conjunción de espíritus, una liberación, pues en ella se habita, se vive en las palabras del otro. En la última interpretación de Jesús se vivifica la letra de la canción y el dolor, pero se llega al punto de abarcar el sentimiento despojado de cualquier pertenencia, de Jesús, de Viva, de Massiel (cantante española), y así quien la mira puede sentir el mismo dolor  porque apela a un lenguaje distinto en ese ritual donde se diluyen las fronteras, pero irónicamente se encuentran las propias para atar lo que uno mismo es, para nombrarse como un vivir, a la vez impersonal como un verbo y tan significativo como un nombre.  

Viva (2015)
Director: Paddy Breathnach

Guión: Mark O’Halloran
Fotografía: Cathal Watters
Productora: Coproducción Irlanda-Cuba; Treasure Entertainment
País: Irlanda, Cuba
Duración: 100 minutos

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