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Una amarga muestra de realidad

Texto: Dorian Huitrón Álvarez

El cine mexicano ha mostrado estilos diferentes a lo largo de su historia. Pasar de un género a otro ha significado una reinvención en el uso de los elementos que constituyen un lenguaje cinematográfico de acuerdo a lo que el argumento les demanda, sin embargo, hoy en día la producción cinematográfica nacional ha tenido un elemento temático en muchas de sus obras: la melancólica realidad.

Dentro de esta línea podemos encontrar obras recientes como Los insólitos peces gato (2013), Somos mari pepa (2013), Güeros (2014) o el documental Quebranto (2013), obras que encuentran un impulso significativo gracias al apoyo del entorno urbano en el que se desarrollan. Y es que si debemos posicionar a un pilar dentro de estas características, Arturo Ripstein destacaría por sí solo. El director de Las razones del corazón (2011) Profundo carmesí (1996)  nos presenta una nueva historia basada en una famosa nota roja de la Ciudad de México, que junto a su esposa Paz Alicia Garciadiego, supo plasmar a cuadro gracias a su estilo característico.

La calle de la amargura (2015) fue definida por su propio director como “Dos putas añosas, dicho con el debido respeto, matan accidentalmente a dos luchadores enanos”. La historia presenta a Dora y Adela, dos prostitutas de edad avanzada que deambulan por las calles del Centro y la delegación Cuauhtémoc preocupadas por la falta de trabajo debido al paso de los años, buscando así refugios entre edificios cutres, pocilgas de indigentes y esposos trasvestistas. Cuando Dora y Adela accidentalmente asesinan a La Muerte Chikita y Akita, dos luchadores enanos de gran popularidad, tendrán que idear un plan para salir del problema en medio de un ritmo de vida en donde la esperanza es lo que parece más lejano.

La película presenta un argumento basado en el caso de la Parkita y Espectrito Jr., tema que respetó en su mayoría. La manera en la que introduce a sus personajes debe destacarse, ya que cada uno desarrolla su situación por separado, y no es sino hasta la recta final del filme en la que los 4 personajes principales logran estar juntos a cuadro, lo que demuestra un dominio narrativo del director y la guionista para lograr la situación cumbre del largometraje a través de secuencias enfocadas más en presentar la condición humana de cada uno, que una acción en sí.

Visualmente podemos apreciar la característica estética en blanco y negro para resaltar el sentimiento melancólico de los personajes y la esencia urbana de la capital mexicana. Además de esto, el uso de los planos secuencia resalta la intención naturalista del filme, apoyados también de primeros planos y two shots durante diálogos clave. Otro aspecto importante a resaltar de su fotografía es el uso de los planos generales enfocados, no sólo en dar profundidad a los espacios urbanos, sino a resaltar las sombras y el espacio como elementos clave para el desarrollo de los personajes.

En conjunto, estos elementos nos ofrecen una obra en la que el espectador centrará su atención a las acciones ocurridas en pantalla gracias a una narrativa fluida que, en su mayoría, muestra más secuencias descriptivas que de acciones entre personajes.

La calle de la amargura es una película en la que Ripstein y Garcíadiego nos confrontan con ese México que conocemos pero no queremos notar o, en el más sencillo de los casos, hacemos a un lado por cuestiones prácticas. Esta confrontación sirve como grito de una realidad inmersa en la melancolía, nostalgia y, en pequeñas dosis, una esperanza urbana (¿nacional?) que busca tranzar, no para avanzar, sino para sobrevivir.

Sin duda, una obra fílmica mexicana que vale la pena tomar en cuenta para entender un poco más de la producción cinematográfica nacional en la actualidad.

La calle de la amargura, Dir. Arturo Ripstein, Guión. Paz Alicia Garcíadiego, Producción. Arturo Ripstein, Fotografía. Alejandro Cantú, Coproducción México-España; Productora 35 / Wanda Visión / Equipment, Film Design / Cinema Maquina / Alebrije Cine y Video, México, 2015, 99 minutos. 
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