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“Un hombre a la altura” o cómo explotar una fórmula fílmica

 Texto por: Dorian Huitrón Álvarez

El cine francés se ha posicionado como un referente obligado en el ámbito cinematográfico con aportaciones que van desde cuestiones técnicas como innovación en la fotografía, hasta las temáticas y narrativas experimentales, lo cual ha beneficiado su consolidación como estilo propio.

Si bien, en las producciones galas hemos visto directores como Truffaut, quienes buscan reflejar la condición humana y el desdoblamiento de la juventud enfocándose más en la narrativa para generar el tema, también encontramos cineastas que basan su obra en algo más delicado, exquisito a la vista y que se encarga de explorar temas recurrentes como el amor.

Dentro de estas últimas características podemos ubicar al cineasta Laurent Tirard, quien se destaca dentro del mundo del cine por ser el director de Asterix and Obelix: God Save Britannia (2012). Sin embargo, la película que hasta ahora le ha generado más atención mediática es Un hombre a la altura (Un homme à la hauteur)(2016), una comedia que formó parte del Tour de Cine Francés de este año y que en realidad no representa una joya fílmica, pero sí un ejemplo orgánico de un estilo consolidado y efectivo.

La película presenta la historia de Diane, una exitosa abogada que dirige su propio bufete al lado de su ex esposo. Un día, Diane olvida su celular en un restaurante donde tuvo una discusión con su socio, lo que lleva a Alexandre, un hombre de baja estatura, a comunicarse con ella y arreglar una cita a ciegas para devolverle su celular. Pronto Diane comienza a enamorarse de Alexandre, sin embargo, los prejuicios sociales y sus propios temores la llevan a un conflicto emocional sobre su nueva relación y el posible encuentro con el hombre de su vida.

El filme presenta un tema recurrente y un elemento transgresor como lo es la condición del personaje masculino, aún así, al tratarse de una película de romance, la narrativa se vuelve predecible, facilitando al espectador las soluciones a todos los conflictos presentados y resolviendo la película desde el minuto 45.

En cuanto a su estética visual, presenta un trabajo de cámaras convencional, sin demasiados riesgos y dando un cuidado especial a los two shots, planos americanos y contra tomas (over shoulder) en donde se puede apreciar la relación de los protagonistas creando una metáfora visual para eliminar la condición física de Alexandre.

Lo más destacado de esta película es su primera secuencia, la cual funciona como un prólogo al relato (ya que es aquí en donde se plantea la situación de la protagonista), y se constituye por un plano secuencia bien logrado en donde la fluidez de los diálogos y su sutil estilo de comedia hacen de ésta una clara muestra de cómo un estilo tan consolidado como el francés facilita una toma de esta clase de prolongación y dificultad.

El encuadre no pierde en ningún momento a Diane, la cual se nos presenta en variaciones de primer plano y plano americano durante unos minutos. El ritmo de su estilo se consolida por la unión de estos dos elementos: el diálogo se verá apoyado de la cualidad de la cámara y viceversa.

Un hombre a la altura es una película que cumple su función primaria: entretener. Posee someros intentos de crear algo más estético visualmente, pero no llega a conformarlo, simplemente porque no es una película para ello. Su historia y narrativa son predecibles, pero aún así, en ningún momento el espectador se sentirá subestimado, ya que estará más ocupado divirtiéndose con los diálogos cómicos y puntuales de la película.

Un hombre a la altura (Un homme à la hauteur), Director Laurent Tirard, Guión Laurent Tirard, Producción Laurent Tirard, Fotografía Jérôme Alméras, Productora VVZ Productions / Gaumont / Creative Andina, Francia, 2016, 98 min.
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