Estás aquí
Home > Música > Saudade: oxímoron portugués

Saudade: oxímoron portugués

El ser humano ha conformado su imaginario basándose frecuentemente en dicotomías que le permiten entenderse a sí mismo, conformar su identidad y estructurar la realidad. La manera en que una comunidad percibe conceptos depende en gran medida de su historia y en ocasiones suelen estar tan arraigados y contener matices enriquecedores que terminan por definir incluso una forma de vida.

Las connotaciones negativas o positivas que les asignamos no hacen más que delimitar nuestra experiencia del mundo, pero cuando aceptamos plenamente toda experiencia podemos encontrar en donde menos lo esperábamos nuevas formas de entendimiento que exigen también otro modo de expresión.

En ideas que normalmente se oponen encontramos el ejemplo perfecto de cómo los conceptos no son entidades fijas, sino que su contenido depende de la manera en que se entiende la realidad a partir de ellas, por ello las fronteras que los dividen pueden llegar a diluirse hasta construir una idea mucho más rica y compleja.

Para ejemplificar esto repasemos brevemente una palabra tan interesante como saudade, y su expresión musical: el fado. El origen de este término portugués no es claro, se cree que proviene del latín solitate, o de la unión de solidão y saudar, ambas explicaciones refuerzan su sentido melancólico y lo caracterizan como un sentimiento relacionado con la soledad y con la manera de vivirlo de una persona, como una añoranza dolorosa que se disfruta.

La palabra saudade ha pasado a otras lenguas como un préstamo, pues la dificultad que implica una definición plantea complicaciones que atañen a ámbitos lingüísticos y antropológicos. Quizá una de las aproximaciones más adecuadas sea en términos poéticos, como un oxímoron o la conjunción de opuestos que produce un nuevo sentido, en palabras de Manuel de Melo (escritor portugués): “un bien que se padece y un mal que se disfruta”.

Las posibilidades de comunicación del hombre no se limitan a las de la lengua, cuando alguien se expresa de manera auténtica, no sólo comunica las ideas que ocupan su mente, sino que esa manifestación se convierte en verdadero transporte o expresión del espíritu. El arte es el instrumento que da forma a dicha expresión. Por ello la saudade ha conseguido atravesar fronteras, lenguas y épocas mediante una expresión universal y atemporal: la música.

El fado traduce esa complejidad, concreta los matices, ilustra ese dolor gozoso, esa melancolía fascinante, esa añoranza que define la propia vida. Quizá tratar de entender este concepto contradictorio resulte desatinado desde la estructura dicotómica a la que estamos habituados, pero al escuchar su expresión es imposible no impregnarse de ese sentimiento y apropiárselo.

La saudade ha despertado la curiosidad de muchos estudiosos, sobre su explicación se han escrito poemas, tratados, etc. pero la comprensión a la que podemos llegar a través del arte nos acerca un poco más a atestiguar su esencia, por ello es valioso abrirse a otras formas de conocimiento, a desprenderse de esas estructuras que no siempre terminan de clasificar todo lo que vemos, oímos o sentimos.

Déjanos tu comentario

Si te gustó nuestra nota, ¡compártela!

Notas relacionadas:

Top