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Retórica para Millennials: de estratega a orador

 

Texto por: Angélica Escobedo

El concepto de retórica es casi nulo o abstracto. Tal parece que los “Aristóteles” de nuestro siglo están atrapados en oficinas, salones de clase e internet, y que emplean la creatividad en breves lapsos de tiempo. Nuestro Aristóteles barbado y de toga decía que la retórica persuadía y se dirigía a todos los hombres, y que su pureza residía en la Oratoria.

Ahora bien, para ser un buen orador (entiéndase aquel que se vale de la retórica para persuadir y no persona que habla en público, pronuncia discursos o imparte conferencias de forma elocuente y con estilo elevado, según la RAE) es necesario conocer la retórica y saber utilizar sus operaciones: Inventio/Dispositio-Elocutio-Actio/Pronuntatio.

Aquí una breve explicación de lo anterior:

La inventio es nuestra idea o ideas principales, mientras que la dispositio es cómo se organizan; la elocutio es la producción en forma de nuestras ideas que da como resultado el discurso. Y finalmente, la actio o pronuntatio es la representación y transmisión del discurso ante un público; los gestos, movimientos corporales y vestimenta son algunos de sus recursos.

Si deseas pasar de estratega a orador, es necesario que pongas en práctica al orador de clóset. Para saber cómo utilizar cada operación retórica, he puesto algunas situaciones como ejemplos.

En la escuela: Cuando quieres opinar sobre un tema, es mejor escuchar bien lo que preguntan para después pensar en una idea, organizarla y buscar las palabras adecuadas para dirigirte al profesor y al público. Si bien no tendrás mención honorífica, sí contará tu participación en el curso.

En la oficina: Lo mejor es ganarte al jefe, trátalo bien, sin adulaciones exageradas, apuesta por demostrar tu creatividad e ideas (con precaución, nunca falta el plagiador); muéstrate sociable y seguro, aunque odies a medio piso. Recuerda que ya no estás en la escuela y que la mochila de Vans ya no va con tu suéter y pantalón de gabardina por muy anarquista que seas.

En el amor: Si es la primera vez que le vas a hablar, puedes poner en práctica todas las operaciones; prepárate para presentarte, llegar con tema de conversación y verte seguro, para ello tendrás que ensayar más de una vez la voz aguardentosa, según sea el caso. La primera impresión es la que definirá tu soltería.

Con la familia: No se trata de vivir con los papás, sino de sobrevivir con sus exigencias. Cuando eres adolescente, esperar a que pienses antes de hablar es poco probable, pero si rebasas esos límites debes saber cómo manejar a tu familia. Por ejemplo, si necesitas dinero y el banco de papás es la única opción, debes trabajar el terreno, hacer quehaceres y diligencias necesarias; luego pensar cuánto necesitas y cómo les vas a pedir esos pesitos.

A esta altura, seguro ya notaste que has puesto en práctica más de un ejemplo y que todos los discursos ocupan la retórica para comunicar o convencer a alguien. De ser así, ahora florece en ti un orador consciente.

Para saber más puedes consultar:

Pujante, David. Manual de retórica. Madrid: Castalia, 2003.

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