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René Avilés Fabila: Un autor más allá de obras

“¿Un libro basta para definirte? Personalmente eso me importa una mierda porque no puedo aprender nada de ti, de un maldito libro.”(Good Will Hunting, 1997)

Texto por: Javier Franco Piña

Pensamos muchas veces que lo sabemos todo sobre un autor por conocer sus obras y su contexto histórico. Estamos muy equivocados. La obra de René Avilés era tan sólo una parte de todo su ser: un catedrático (pieza fundamental para la UAM y la UNAM), era una persona que le importaba su entorno (lo que se refleja en sus colaboraciones en periódicos nacionales), era alguien que buscaba promover la lectura (con el museo que mantuvo por un tiempo: El museo del escritor), tenía una educación altísima y, en especial, verlo en una conferencia con la simpatía que sólo a él le distinguía, con una sonrisa  cortés y su forma tan amena de llevar una plática, con la cercanía y cariño para aproximarse a su público; nosotros, los que seguíamos su carrera tras las paginas, tras las notas.

En realidad él era René Avilés Fabila y no me refiero a todo el René Avilés Fabila, sino a esa pequeña parte de la cual gozábamos sus lectores y admiradores,  ya que seguramente hay mucho más que sólo los relatos de sus más allegados podrían revelar.

Nacido en la Ciudad de México en 1940 y con estudios en la carrera de Relaciones Internacionales en la UNAM, se abrió paso para realizar su posgrado en Paris. Reconocimientos tuvo demasiados, entre ellos el Premio Colima por el mejor libro escrito, Profesor Distinguido (2010) por la UAM, y recibió la Medalla Bellas Artes por parte de la ya extinta CONACULTA.

Refiriéndonos a su obra, la cual fue extensísima: Los juegos (1967), La canción de Odette (1982), Los fantasmas y yo (1985), Cuentos de hadas amorosas (1998), La cantante desafinada (2014), por mencionar una mínima parte de su obra.

Este legado nos deja el autor René Avilés Fabila, quien falleció el 9 de Octubre de 2016. Y realmente (aunque sea una frase cliché) no hay mejor forma de rendir homenaje a un autor que leyendo su obra.

Franz Kafka, René Avilés Fabila

Al despertar Franz Kafka una mañana, tras un sueño intranquilo, se dirigió hacia el espejo y pudo comprobar horrorizado

  1. que seguía siendo Kafka,
  2. no estaba convertido en un monstruoso insecto,
  3. su figura era todavía humana.

Seleccione el final que más le agrade marcándolo con una equis.

En este microrelato, el autor hace referencia a la obra más popular de Kafka, La metamorfosis. Encontramos un peculiar “diálogo” con el lector, en el cual se verá encuestado por el autor sobre el camino que sigue la obra de Kafka.

Esta interacción interesante plantea la posibilidad de que el lector sea una pieza fundamental para el desarrollo literario, ya que en esta lectura sólo el lector podrá culminar de la mejor manera el relato; una práctica que recuerda mucho a los populares Cortázar y Max Aub.

Su obra es ágil de leer gracias a sus dotes de buen narrador, ya que conoce cómo sirven los elementos narrativos que complementa con su lucidez con las palabras y su uso, dándoles un significativo sentido y forma a su relato.

Conoce más de Rene Avilés Fabila en www.reneavilesfabila.com.mx

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