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Remedios de amor: Ovidio vs la mentira llamada amor

El amor se nos introduce
en el alma por la costumbre y por la costumbre llega a olvidarse

Ovidio

El amor es la mentira más agridulce creada por la literatura. No hay en el mundo mentira más preciada como esta. Ni el dios más bondadoso ni siquiera la llegada al paraíso causan tal alteración en un ser humano como la sola idea de pensarse enamorado para siempre. Este concepto tiene tan grandes dimensiones que a un Dios no le importará perder su inmortalidad con tal de estar, un día más, a lado de la mujer que ama. A su vez, una mujer se volvería loca y perdería la vida por el ser amado.

La literatura ha sido la mejor herramienta del hombre para crear múltiples placeres y terribles castigos, pero sólo el amor es capaz de llevarnos de uno a otro lado en un parpadear. El amor platónico, el amor cortés, el petrarquismo, el romanticismo; esos poetas que tanto mal le hacen a la sociedad y tantos más escritores modernos han conceptualizado al amor de tal forma que todos quisiéramos obtener los favores de un Tristán o una Isolda y hacen que nos decepcionemos cuando la supuesta realidad nos presenta a hombres y mujeres que, sin más, “rompen nuestros corazones”.

En ocasiones, una femme fatal o un don Juan podrían ser una experiencia tan placentera en tanto él o ella se sienten atrapados en un supuesto amor, pero estas figuras tienen una particularidad bastante interesante que es el darnos cuenta de cómo seríamos capaces de autodestruirnos y en qué grado terminamos perdidos ante su falta de amor.

El dolor que causa la partida de nuestro ser amado o el rechazo por un amor no correspondido han sido temas de filosofía e incluso de la medicina, pues el amor no es más que una enfermedad que tiene los peores efectos en las personas. Es por ello que Ovidio no sólo redactó un texto donde versa cómo conseguir los favores amorosos de alguien, sino que se percató de la relevancia de encontrar la cura a tan tremendo mal. A continuación, te proporcionamos algunos de los consejos que escribió para el desdichado amante.

Gustav Klimt – El beso (1907)

1.- Antes de caer enamorado

Para aquel hombre que aún no ha caído en los efectos de amor, Ovidio recomienda huir y cortar todos los lazos que se comenzaron a hacer (o a ser) y debe ser de inmediato, pues de no hacerlo, nuestra enfermedad será más grande. Explica que, al igual que los árboles, el amor puede ser tan frágil como la rama que se planta, la cual, al echar raíces, se volverá más sólida y fuerte.

El Amor es fecundo en pretextos y encuentra su alimento en demorar las resoluciones; el día más próximo es el mejor para romper sus lazos.

2.-   El amor vs el trabajo

Ovidio refiere que, cuando se está bajo los efectos del amor, aún se tiene salvación y para encontrarla se debe combatir la ociosidad. Mantenerse ocupado y alejado del letargo es la forma de ahuyentar al amor.

¿Quieres ahuyentar al amor? El amor odia al trabajo; ocupa las horas, y tu salud quedará asegurada. La indolencia y el sueño no interrumpido durante largas horas, el juego de los dados y el exceso en el beber que trastorna la cabeza, sin producir hondas llagas, quebrantan las energías del ánimo, que falto de prevención se rinde a las asechanzas amorosas

3.- La huida

Muchos pensarán que si es un “amor verdadero” se debe ser perseverante, sin embargo, no hay peor mal para el amante que la necedad de permanecer cerca de la persona amada o cualquier memoria que nos ate a ella. La huida al amor es la forma más valiente de hacerle una afrenta.

Sobre todo huye, por fuertes que sean los vínculos que te encadenan, huye lejos y emprende viajes de larga duración. Llorarás al solo recuerdo de la amiga que abandonas, y tus pasos se detendrán a menudo en la mitad del camino; pero cuanto más esfuerzo te cueste la separación, ponlo mayor en realizarla; insiste, y que tus pies rebeldes prosigan adelante

4.- Intentar sobreponerse

Ovidio exhorta al amante a mantener la entereza y modificar su actitud hasta el punto donde pueda mantenerse feliz.

[…] aunque te tuestes, desdichado, en el fuego del Etna, haz por aparecer en presencia de tu amada más frío que el hielo; simula hallarte sano, aunque te aflija la dolencia, y ríe estrepitosamente cuando tengas motivos para llorar. No te ordeno romper los lazos que te sujetan en los críticos momentos de la exaltación desbordada, no soy capaz de imponerte leyes tan duras, sino que disfraces tus sentimientos, que afectes haber recuperado la tranquilidad, y lo que finjas bien hoy, mañana será una verdad

5.- ¿Beber o no beber?

Es muy común que en nuestra época se opte por recurrir al alcohol y Ovidio no se opone del todo, pues esta sustancia provoca placer, sin embargo, puede ser dañino en un justo medio. Esta vez, el exceso no estará mal.

Me preguntas qué te prescribo con respecto al vino, y voy a darte la contestación antes de lo que esperas. El vino predispone el ánimo al placer, si no se apura con abundancia; mas la embriaguez entorpece nuestros ardientes deseos. Con el viento se aviva la llama, y con el viento se extingue; si es ligero la alimenta, si huracanado la destruye. O no te embriagues, o, si lo hicieres, sea tan grande la borrachera, que te libre de todos los cuidados: en tal alternativa, el justo medio es siempre dañoso

Nuestro mayor rival: la poesía

Estos son algunos de los tantos consejos que da Ovidio al amante quien se encuentra enfermo de amor.  Sin embargo, no hay que perder de vista que el amor, como se mencionó, es una enfermedad inventada por la literatura, es por ello que el mismo autor pide que no se lea poesía erótica o amorosa.  Éste será, para aquellos lectores asiduos, el mayor de sus males, pues las letras seguirán cultivando un amor que no existirá.

Lo digo a mi pesar, no leáis a los poetas eróticos; autor desnaturalizado, me revuelvo contra mis propios escritos. Huye de Calímaco, que no es enemigo del amor, y del poeta de Cos, tan nocivo como el primero. Safo, en verdad, me inspiró gran ternura hacia mi amiga, y en el viejo de Teos no aprendí la mayor rigidez de costumbres, ¿Quién leerá sin peligro los versos de Tibulo, o los de vate dominado sólo por Cintia? ¿Quién puede permanecer indiferente después de la lectura de Galo? Hasta mis versos no sé qué tienen de sugestivos, y si Apolo que me los dicta no me engaña, siempre es un rival la causa primera de nuestros daños

Finalmente, es decisión del lector-amante el seguir leyendo y, como una especie de Quijote moderno, comprender que lo que lee no será cercano a la “realidad”, a menos que logre ficcionalizar y encontrar a una amada que quiera hacerlo con él. El amor no es más que la mentira mejor argumentada. Hombres y mujeres podrían morir a causa de un amor perdido o no correspondido. ¡Culpemos a los poetas de nuestro mal de amores!

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