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¿Por qué chingados no nos gusta el arte contemporáneo?

Texto por: Dorian Huitrón Álvarez

Cada época conforma una corriente, producción o postulado artístico de acuerdo a su contexto. Si bien, dichas manifestaciones trascienden el tiempo y se conforman como referentes culturales obligados para todos aquellos interesados en el deber artístico, debemos tomar en cuenta éstas ya que son puestas en un pedestal por sus méritos temáticos, técnicos o, incluso, transgresores a los postulados que los preceden.

Mucho se ha hablado (y se seguirá haciendo) sobre los valores estéticos que hacen a una o varias obras más aptas y puras en cuanto a su realización y significado. Sin embargo, Marcel Duchamp al poner en tela de juicio el deber de las instituciones artísticas y el artista abrió el panorama a una corriente que ha generado opiniones divididas aún en nuestros días: el arte contemporáneo.

Podrá no gustar y aún así vende y es consumido por millones de espectadores año con año, pero, en sí, ¿qué hace que el arte contemporáneo sea repudiado democráticamente?

En primera instancia debemos decir que el arte contemporáneo o conceptual es aquel que surge de la representación de una idea y no se enfoca en la representación física de la obra, es por ello que podemos encontrar tantas y tan variadas manifestaciones en museos e, incluso, intentos fuera de él.

Para José Ortega y Gasset, filósofo español, el “arte nuevo”, visto desde un punto de vista social, tiende a ser impopular ante la sociedad precisamente por la corriente que le precede y sus postulados estéticos, y no sólo estos, sino que las características estéticas del arte tradicional o clásico no nos permiten comprender de manera acertada la postura del arte contemporáneo.

En su libro “La deshumanización del arte”, Ortega y Gasset menciona que lo más importante para los nuevos artistas es resaltar la importancia de la idea en el quehacer artístico optando por la eliminación de figuras humanas o naturales que pudiéramos encontrar en la realidad que percibimos. De esta manera, al eliminar los elementos que reconocemos en la naturaleza, podemos apreciar lo que realmente debe de importar en una obra, es decir, la idea, lo abstracto y la estética pura.

Y sí, para el filósofo español existen dos tipos de espectadores: la élite o los espectadores que poseen una educación artística superior y pueden experimentar el goce estético de las obras, y los espectadores “masa”, aquellas personas que simplemente no pueden concebir dicha experiencia estética. (¡Qué bueno que en esa época Ortega y Gasset no era funcionario público en México!)

De igual manera, el sociólogo francés Pierre Bordieu señala una crisis académica ante la postura del arte contemporáneo, ya que aún en nuestros días, se cuestiona la designación de éste como un “antiacademicismo académico” el cual, mediante sus sistemas de significación, se integra como una transgresión a los códigos estéticos tradicionales sin dejar de atender la idea primigenia de belleza y concepción de arte y así generar una verdadera ruptura de años de tradición artística.

Asimismo, señala la importancia del artista y del museo, siendo estos instituciones de rigor artístico, poniendo al artista como un “iluminado” y al museo como una “iglesia”. La postura del artista atiende a una respuesta contestataria a las designaciones de los críticos de arte y su valoración sobre el oficio artístico, ya que según él, el Estado (críticos) no podrían definir dicha calidad en su época a partir de temas, técnicas y valoraciones tradicionales que eran aceptadas o atendidas a intereses del jurado. Mientras que la postura del museo la ejemplifica con una experiencia común con obras de arte conceptual expuestas en un parque de Suiza:

“Un buen día, los barrenderos, los basureros se llevaron las obras tomándolas por basura. Eso ha dado lugar a un proceso muy interesante acerca de la diferencia entre desecho, basura y obra de arte. Sagrado problema. Hay artistas que hacen obras con desechos y la diferencia sólo es evidente para quienes poseen los principios de percepción convenientes. ¿Por qué? El museo es como una iglesia: es un lugar sagrado, la frontera entre lo sagrado y lo profano está marcada.”

En conclusión, el arte contemporáneo o conceptual, tiene una muy mala recepción por las percepciones anquilosadas del arte tradicional, ya que intrínsecamente, premiaremos más una técnica y tema en una obra en la que podamos apreciar y reconocer figuras de nuestra realidad, ya sean cuerpos o elementos naturales. Además de esto, socialmente influyen otros factores que le han brindado mala fama, como la situación del mercado del arte, el gusto y la concepción de institutos como los museos o academias, cuyo desarrollo valdrá la pena hablar en otra ocasión.

Ya sea que compartas o no la visión y el gusto por el arte contemporáneo, en Retruécano creemos que el goce estético personal es igual – o más – importante que cualquier calificación de lo bello por parte de las instituciones o la voz popular. Es obvio que hay que apreciar al arte, pero también es importante intentar comprenderlo.

 
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