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Poemojis: la ocurrencia que no alcanza a ser poesía

Texto: Didier Terrazo Pereda

La organización de símbolos y signos gráficos (sino es que íconos) no verbales a la manera visual de un poema lírico, ¿acaso supondría la construcción de una forma de poesía no verbalizada?, es decir, ¿los poemojis son el poema que empieza cuando la palabra termina o sólo una ocurrencia que narra o, ninguna de las anteriores y sólo es un intento de algo, que no se explica por sí mismo?

Supongamos que en un principio, la esencia de un poema es la imagen que crea a través del sentido de la palabra, ésta es la fuente del código que la expresa y la enuncia, mientras su soporte puede ser gráfico, fónico o una porción de los dos. La poesía experimental lleva a determinar que no hay un “orden” para la organización de un sintagma. Las mismas experimentaciones extienden y expanden el quehacer literario de la poesía al presuponer que su soporte puede ser cualquier superficie, física o meta-física, aunque ésta no deja de ser un simulacro más del hombre y la naturaleza de las cosas que ahí se enuncian.

Como en la poesía visual, en la que su forma (visual) requiere de un observador/lector que lea el “orden” de las palabras que forman la silueta de su contenido. Éste es un ejercicio que busca llevar la palabra a una expresión plástica. Método poético que tiene, en realidad, un origen anterior a las vanguardias. Sólo por mencionar un caso cercano, ya en la poesía de la Nueva España podemos encontrar experimentos de intermedialidad palabra-plástica, como las Décimas Acrósticas de Mariana Navarro presentadas en 1768.

Entonces, ¿acaso los poemojis pueden ser una categoría de poesía visual, como lo son los caligramas, la poesía dadaísta o la poesía concreta? No lo considero así. La aparente búsqueda de un ritmo visual en esta poesía determinada por imágenes ya, es nula, quizá inexistente. Es más bien la utilización de un elemento de la cotidianidad (muy millennial), fuera de la poesía, introducido en ella (con un desliz similar a unos pies pequeños que se miden dentro de unos zapatos muy grandes). Es sin duda alguna, la inserción de un sistema dentro de otro, no obstante, para este caso, el sistema insertado no conquista, ni compite, ni hace simbiosis.

Esta disrupción la considero más como un objeto cualquiera puesto en un museo o un ready made que no logra, en casi todas las exposiciones, convencer. Los poemojis se vuelven más un pastiche que un poema, en algunos casos agradables, pero en otros lamentable. Narran lo que alcanzan a significar, pero no logran construir, ya ni siquiera, un lenguaje connotado y menos un lenguaje poético.

Para entender lo anterior, primero debemos conocer qué son los emojis, su función como sistema y su motivo, ¿qué los lleva al uso?, es decir, su naturaleza. Posteriormente debemos entender la poesía, no ya aquel concepto canónico, sino la proposición de una maleabilidad dentro de sus conceptos sin límites. Para luego entonces, entender por qué denominamos una ocurrencia, ¿qué se entiende por ocurrencia y los factores que la limitan?

Una ocurrencia es definida por la RAE como un suceso o encuentro casual, una idea inesperada. No sé qué tanto los poemojis sean parte de un proceso creativo, la obra en sí misma no lo enuncia, aunque tampoco lo descarta. Este paradigma es en realidad un problema de comunicación, de aquello que los emojis no pueden decir, porque no saben cómo, debido a que son un lenguaje muy artificial, casi de programación.

Quizá los emojis son una forma de lenguaje planificada internacionalmente, imágenes con el fin de comunicar un mensaje, códigos que por desgracia no tienen movimiento, no cambian en la interpretación son sólo un significado sin significante, sin sentido.

Cualquier usuario de las redes sociales ha adoptado el empleo de una figura emoji que suplanta en la inmediatez alguna palabra o un grupo de ellas, con lo que la imagen una sola imagen se vuelve ideograma, sintetizando en sí mismo una expresión muy concreta que no da más que su significado, impotente, sin poder construir un nuevo lenguaje uno totalitario como el de la poesía. Esto porque sus elementos, como ideograma/emoji no permiten ser decompuestos de su sintagma para una relación asociativa de su paradigma, ya que su función se da de manera inalienable e individual.

Probablemente como lenguaje artificial funciona como aquel que ha superado fronteras (no me atrevo a creer que ha superado al esperanto), porque sólo tiene significado sin significar. Es un lenguaje que así como ha nacido ha muerto, ya que refieren a una especificidad o emoción y no a un concepto, intentando ser un verbo performativo sin acción, sin cambio ni enunciación. Por lo tanto, la ventaja que tiene es la de un reconocimiento funtivo casi universal en la exposición de lo que se comunica, lo cual, si lo consideramos con profundidad, pareciera tornarse algo peligroso, ya que es un sistema automatizado para un lenguaje similar.

poemojis

Para comunicar, en su contexto, siguiendo a Jakobson, podría cumplir con el modelo de comunicación propuesto, ya que el emoji es el código, hay un referente (muy especificado, casi forzado), un canal (las redes sociales, aunque como un redy made muy milenial puede ser cualquiera) y construye un mensaje (sin ser en sí mismo un mensaje, es decir no hay autoreferencialidad); a pesar de lo anterior, la articulación de los emojis se complica, difícilmente podrían formar un sintagma con sentido, quizá sí un significado.

No, los emojis no tienen declinaciones ni son una lengua aglutinante ni mucho menos son en sí mismos una frase o una palabra, requieren del contexto para su exposición. Muchos de ellos presenta acciones que se están llevando a cabo, como gerundios mal empleados en una oración siendo el verbo principal. Un verboide que se supondría performativo, pero que no logra más que exclamar su forma.

Para atender la problemática de los emojis estructurados a manera de “poesía”, por ende el nombre de poemojis debemos entender qué es la poesía, aunque esto nos llevaría a revisar cientos de tratados y teorías, por lo que sólo mencionaré una, la que considero más pertinente, de la cual partiré para revisar la propuesta de poemojis. Entonces, siguiendo a Jean Cohen, la poesía puede entenderse como la destrucción de una lengua para volver a construirla, ésta pasa por una metamorfosis en la que se resignifica para alcanzar un sentido poético.

Cohen entiende la poesía como un desvío de la lengua para romper la norma. Esta ruptura es el “algo más” de lo que se quiere expresar con las palabras. Menciona ejemplos retóricos como el de llamar “tejado” al mar y “palomas” a los navíos, y los llama “figuras”. Así pues la desviación lingüística, en tanto violación del lenguaje, funciona en relación a una retórica. Si los emojis como lenguaje no pueden desviar su norma, ya que en realidad no hay una, no alcanza a hacer una ruptura, así que ese algo más no es comunicado, le es imposible, por tanto, crear una experiencia poética, por lo que los poemojis, en tanto expresión literaria, sólo deturpa un orden propuesto por un sólo individuo y al que podríamos acercarnos o dejarlo pasar.

Asimismo, otro elemento que encontramos para la desviación propuesta por Cohen es la rima. De la cual, para nuestro estudio: un poema no lírico, sólo tomaré la repetición, ya que esa periodicidad también desvía el “sentido prosaico” de la lengua y nos inclina de regreso al sentido del poema. En los poemojis encontramos la repetición del mismo emoji, lo que nos hace suponer la búsqueda de un discurso. Parafraseando a Lotman, cualquier organización de signos que funcione para asentar la comunicación se puede considerar como lenguaje, un lenguaje que bien puede ser artístico, quizá como el caso de los poemojis, pero no poético, pues como hemos visto no le es suficiente, ser un lenguaje para ser un poema ya que difícilmente alcanzaría a ser una desviación.

Para ser valedera la desviación y que no sea un absurdo, hay un proceso al que llama “fabricación de lo poético”, en el que está la desviación y la reducción de la desviación. Una reducción necesaria para aclarar el sentido de la palabra, como una corrección que ancla el referente con el mensaje. De esta manera, Cohen, encuentra una doble negación. Primero niega la norma de la lengua y a continuación niega la misma negación. Casi de manera matemática donde: – + – = +, la negación doblemente articulada se disocia para resultar en la positividad plena de la lengua; la cual se separa de la postura saussureana en la que una esfera semántica opera por oposición de la palabra, es decir, un objeto es “azul” sólo porque no es “rojo”, “café” o “amarillo”. Atendiendo a lo anterior, los poemojis como estructuras poéticas, no podría negarse a sí mismo, ya que, de ser así, su articulación no funcionaría, es decir, si hubiera un sintagma en el que todos estuviéramos de acuerdo elaborado por emojis, es decir, una norma, entonces se podría negar, para así reconstruir la suya. No obstante, son elementos tan libres (por no decir milenials) que en formulan en la voluntad su orden. Esto no quiere decir que los poemojis están perdidos, sí en el lenguaje de la poesía, pero no en el del arte.

Por su parte, en la obra Elementos para una semiótica del texto artístico, sus autores mencionan que una lengua (natural) en el arte se enfrenta a la unicidad de ser el sistema adecuado para la representación de un mensaje, por lo que, en un texto artístico (literatura) los elementos que componen su contenido tienden a formalizarse, por lo que todos sus elementos significan, es decir, que no hay contingencias o casualidades. Por lo que ya la utilización de una forma artística, como proceso creativo/electivo, es significante. No obstante, si continuamos por este camino, tendríamos que pensar en el lenguaje que acomode a los poemojis, una vez que han sido digeridos. Su lenguaje son los emojis y su contexto serían las redes sociales.

Quizá el acierto de Dante Tercero haya sido llevar a otro “allá”, a un soporte diferente o a una nueva experiencia a esa forma de comunicación tan cotidiana. Algo más similar a, como se ha mencionado, un ready made que a un poema. Como antes mencione parecieran más una ocurrencia, la inocencia traslúcida de la incapacidad del ser creativo. Algo que meramente o ayuda para adornar visualmente un mensaje o una seria relación del ser humano con la necesidad tecnológica.

Y si así fuera el caso, será necesario buscar en otras herramientas teóricas como Danton, George Dickie o Jean Luc Nancy, la estética que explique hacia dónde se dirige la obra. En lo personal, como usuario de emojis no me ha dejado de llamar la atención el collage que encuentro entre sus páginas, y aunque en algunos sólo tropiece con aburrimiento, en otros he hallado una pieza de asombro visual. Considero que la obra del autor como un desafío a seguir experimentando, donde puede haber más que la palabra.

Bibliografía:

Cohen, J. Estructura del lenguaje poético. Gredos. Madrid, 1974.

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