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Perec, una poética para vivir

A veces en las tardes una cara

nos mira desde el fondo de un espejo;

el arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara.

Borges

 

El arte, bien dice Borges, debe ser como ese espejo, ese en el que se asoman nuestros abismos, los de cualquiera, los de un individuo que mientras es más él mismo, como ser único y misterioso, tiene más similitudes con la generalidad. Desde esta arista se puede hallar un punto clave para entender la obra pictórica narrativa de Perec, sobre todo la que enunica en su novela La vida instrucciones de uso.


La vida es un lapso, un órgano que se rodea de sensaciones que rectifican la forma de la existencia, de las acciones, de los ritos, de todas las actividades como un movimiento absurdo indescifrable, repetitivo y depuesto o tejido según sea su necesidad. O las cosas que convergen como pequeños detalles, como hilos cretenses que sacan de los profundos laberintos individuales, en espacios recurrentes por las historias de la Historia: esa narración de acontecimientos individuales que suceden concatenadas por el lugar donde se desarrollan, por los individuos entramados fuera de su consciencia o por las cosas que rodean la pragmática de los espacios físicos o poéticos.


Esos espacios son resultados de pensarse dentro de un discurso edifican la cosmovisión de su arquitecto, y bien, eso es lo que representa Perec. Es curioso que la palabra arquitecto provenga del griego ἀρχιτέκτων (arkitecton), palabra que según Wladyslaw significa “director de producción” y que con el tiempo se aplicó a un sentido más “restringido y especializado, y se emplearon para hacer referencia exclusiva a ciertas divisiones del arte: la primera de ellas comenzó a significar <<poeta>>”, en tanto que profeta no necesariamente místico, sino un ser inspirado por las Musas. Recorrer las páginas de
La vida instrucciones de uso es como contemplar los trazos de la historia técnica (τέχνη) de una época reconstruida en acuarelas que serán cortadas en piezas de rompecabezas y posteriormente ensambladas para su destrucción total.


Renglón tras renglón, Perec con su pincel de tinta negra va perfilando la écfrasis de cada cuadro en las habitaciones de un edificio que se unen como la estructura misma de la obra: un rompecabezas. De esta manera, la obra se va moldeando sobre ese paradigma formado por piezas, habitaciones, historias, obras artísticas, personajes llenos de matices y tiempos, la comparación generacional que plantea una Historia antes de la Segunda Guerra Mundial (y después) y la enigmática personalidad del espacio en el que todos convergen, que es al mismo tiempo la del personaje principal.


La novela también es, entre todo, una oda a los objetos, del artificio y de la sociedad en tanto artífice y plantea entonces la pregunta: ¿qué son las cosas como artificios? Parece que la respuesta bien puede ser esa narrativa indeleble que va sobreviviendo a los cambios sociales puesta con descuido sobre la totalidad: el espacio. Luego, las cosas sobre un espacio son el aspecto de un tiempo detenido con el que nos encontramos, casi topamos o limitamos de súbito y sin quererlo.


La vida como cosa, como espacio: “Vivir es pasar de un espacio a otro haciendo lo posible para no golpearse”, entonces la vida es ese proceso de evitar el dolor de un golpe sobre ese andar lleno de historia, instrucciones, palabras, renglones, poéticas. Perec tiene muy marcado esto en su escritura y se proyecta en cada uno de sus textos narrativos y, sobre todo, en cada uno de los relatos que componen
La vida instrucciones de uso, no en vano tardó nueve años en su realización. Novela en la que encontraremos cómo lo personajes son puras incidencias azarosas que ocuparon una coordenada tiempo-espacial como las cosas, y que mientras estuvieron en ese espacio fueron eso. Para los personajes y el lector el tiempo se detiene, retrocede o avanza siempre en el mismo espacio, uno es testigo de los estragos de la Historia sobre los lugares que habita y medio transita con las palabras y las cosas.

Perec perteneció al movimiento literario llamado Oulipo, donde la experimentación literaria era más bien una imposición de reglas que limitaban el proceso para liberar la creatividad. Por ejemplo, en La vida instrucciones de uso el autor construye de manera rígida una estructura concatenada por un personaje: Bartlebooth: el territorio en tanto que artífice sobre el que se construye el rompecabezas o los capítulos de esta novela.

Es en ese territorio donde convergen los distintos tiempos de la novela, espacio que permanece inamovible mientras sus elementos cambian o se mueven hacia un extraño destino, una narrativa discernida en los elementos indivisibles y tejidos de su puzzle.


A todo esto, si bien el título parece más una broma o sátira porque afortunadamente no hay un instructivo ni una receta o tratado en la obra, pero sí hay un modelo, una claridad de lo que se busca, un proceso para cumplir su objetivo, ejemplos casi exemplum, híbridos literarios, géneros deconstruidos, un órgano Histórico que rodea las historias, una institución, amor por armar rompecabezas o tejer historias, concatenar hechos, hablar de arte, suspender el tempo, narrar en presente cuando estamos en el pasado, iniciaciones, sacrificios, deseos, la contemplación de la realidad, familias enteras, seres humanos a final de cuentas, una poética para vivir.


Por eso, Perec recomienda no olvidar que es una novela y que cualquier parecido con individuos de cualquier especie es una coincidencia. Así que no es para más, si el lector de pronto encuentra un espejo cóncavo que refleja su interior con opacidad, con dolor o alegría, con la esperanza de creer en algo y con la sublime sutileza de recordar que vivimos en un edificio no tan parisino ni etéreo, más bien uno nuestro que hicimos soportando el destino y es más elástico y de goma.

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