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Palabras claves

 

Texto por: Didier Terrazo Pereda

Organismos, Instituciones, rentas tus servicios, colaborador, atracción de talento, captación, asesoramiento, crecimiento, plan de carrera, control interno, optimización de recursos, evaluación de riesgos, sistema operacional, herramientas, capital humano, desarrollo profesional, empleo, cultura organizacional, laborar, emprendedor,  rendimiento y productividad, candidato, éxito, futuro, futuro… ¿De quién? No pienses, hemos pensado por ti.

Palabras más o palabras menos, todas con la misma finalidad: condicionar la forma de concebir el sistema al que individuos “productivos” comienzan a pertenecer, con tareas designadas en lugares asignados, con nuevas responsabilidades, porque ya es hora de emprender. ¿En serio todo es tan nuevo? o es la continuidad de un sistema que se ha ido gestando, adaptando y generando en nuestra psique por lo que aquí conocemos como educación. Cada uno de estos adjetivos, locuciones adverbiales o sustantivos tienen un sobrenombre, palabras claves. Deben ser parte de un discurso algo llamativo, bien construido, se deben repetir en dosis de mantra, para persuadir a los empujados, inclinados, Godínez, “queda bien”, por el hambre y sus padres, a devolverle a un Estado lo que ha invertido para su movimiento perpetuo, tiempo y dinero.

A diario miles de jóvenes tienen su primer día de trabajo, por primera vez en su vida pasarán nueve horas esquematizadas entre diversas funciones, una de ellas, la más cansada, permanecer sentado. Entonces es cuando me pregunto, ¿realmente quería esto para mí?, ¿para ti?, ¿en realidad tenemos opción de hacer lo que queremos o de hacer eso que estudiamos y sabe hacer?, ¿quién decidió que esas carreras eran las más productivas para un territorio definido? ¿De verdad es nuestra decisión?

La decisión es una elección consciente de elementos que se ofrecen (¿quién los ofrece? ¿Deus ex machina? ¿El Estado?), Nietzsche pone en una balanza a la vida y a la muerte, a Apolo y a Dionisio, y, como la fiel de la balanza, a la visión trágica de la vida. Un dilema sobrecogedor al que Lucien Goldmann lleva a la toma de decisión a través de Pascal, y en que considero como un espejismo del Estado en la elección de pertenecer al sistema o no.

Si el problema está en continuar haciendo o produciendo, a manera de “triunfar” en el sistema, entonces, por qué no hacer para nosotros y producir para nosotros fuera del sistema. Antes de continuar quiero aclarar algo: no me refiero a no hacer nada (porque caeríamos en una corriente cínica, aunque hasta en el no hacer hay un hacer), más bien me refiero a la tergiversación del capitalismo. Una utopía en la que todos somos inversionistas, en la que la riqueza se reparte de manera sensata y equitativa y todos podemos tener acceso a los activos. Aunque eso no pasará, por lo menos en nuestro territorio no, debido a las instituciones, esto según los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson y nuestra experiencia.

Una experiencia que se ha visto condicionada por las instituciones. Poniendo límites, desde el condicionamiento verbal: llamarnos nacos, chairos, revoltosos, ninis, huevones, bullying y demás eufemismos incontrolables y palabras calcinantes; hasta restricciones sociales como la falta de agua en ciertas zonas, pero no te quejes porque es Ecatepec. Los medios son aprovechados para generar más y más personas sistemáticas que no saben hablar entre ellos, como el silencio mortal que separa a dos godínez, ¿godínez?, un eufemismo más de obrero.

No se te olvide camarada que dejamos las botas para trabajar y nos pusimos zapatos de cuero, pero semos lo mismo y tenemos lo mismo: un cuerpo, tiempo y conocimiento, lo otro es del patrón, al que dejaste tus sudorosos ahorros por una mejor ¿vida?

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