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Muy punk

Texto: Didier Terrazo Pereda

Esto lo escribo mientras cuento mis ahorros para adquirir mis botas Dr.Martens, le cambio los estoperoles a mi cincho, le recorto las mangas a mi playera Lansdale, le subo el dobladillo a mis vaqueros Cimarron y me envuelvo en mi chamarra de piel, de alguna marca, cualquier marca como el punk, que es eso al final, una marca. No puedo hablar del que no me tocó vivir consciente, del que fue en los ochentas, del que llegó escapando a mediados de los noventas, pero sí de ese que a patadas de ahogado se hundió más y se chingó por las harturas de huecos en el sistema que lo amasó, lo moldeo y hoy le celebra sus cuarenta añitos colgado a un árbol con una corbata al cuello y valientemente hirsuto sin soltar su “topergüer”.

Si te crees el muy punk desiste, no continúes leyendo esto, porque seguramente no te parecerá todo lo que diga, porque todo lo que dijiste será usado en tu contra. Si no te crees el muy punk, también desiste, de seguro encontrarás algo menos acerbo y temo que te empieces a sentir el muy punk. Si no te piensas en ninguna de las anterior y has llegado hasta acá, entonces súbele los decibeles al Spotify que todos queremos disfrutar ese muy punk que escuchas.

(No vas a ver una imagen aquí insertada)

Enfurruñado por tanto pisoteo, este año el punk llega a su 40° aniversario, más muerto que nunca. Salitroso en un remanente sentido de la moda que se opaca y se vuelve a colocar en otro contexto, el que sea, en el que más le pague porque sus hijos no comen de las ideas y él ya se acostumbró a un estilo de vida. ¿Eso es el punk, un estilo de vida? De verdad así lo piensas, ¿la música punk como resultado de un estilo de vida o viceversa? Ahora expuesto en un museo insuficiente, innecesario, sin vivir de sus hambres, en contra de un establishment sonando en los guetos, en los bares más culeros de coacalco (con minúscula) o ecatepec (más minimizado). ¿Dónde quedó el portazo en el Rayito de Iztapalapa o el slam en las tocadas de Martín Carrera? Claro escuchando covers o interpretaciones o siempre lo mismo “nuestra pobreza”.

Es eso, la rabia atorada en la cartera o en el vacío de un bolsillo que se ríe de las desgracias. Sino impedido a ser lo que se piensa, porque en lo único que se puede pensar en esta circunstancia es en ser el chingón, que paguen miles de pesos devaluados para escucharme, que decida la disquera en qué lugares me presento, a qué festival asisto, qué promociono y quién me promociona: ¿es ese el estilo de vida al que el punk se acostumbró?

¿Y si de hecho nunca existió, y si sólo fue una válvula de escape planeada por el sistema para resistir la necesaria llegada de ideas revolucionarias en los setentas? Movimientos similares ya se habían registrado mucho tiempo antes del punk, no sólo musicalmente, sino como fenómenos sociales, por lo tanto ¿por qué poner etiquetas? La mata krusty ya la usaban los decadentes, los vestidos de cuadros eran muy dadaístas, las botas son quizá la única diferencia, pero claro, no eran como las de hoy, de mínimo cien dólares, en diferentes pieles y terminados decorativos infantiles (sin ser peyorativo, bueno no tanto), más bien eran las de obreros, mineros en Inglaterra, con horarios inflexibles y con la necesidad de encontrar su identidad: el mod. Pero ahorita eso no importa, lo que impera en estos tiempos es la razón que tuvo The Crass en 1978 cuando anunciaban la muerte del punk con Punk is dead.

Así es, si el punk existió, está muerto, formó parte de un imaginario, extinto gracias al sistema que lo creó y que, con letanías de la Reina Isabel II al celebrarlo, terminó por sepultarlo, es entonces cuando se vuelve una incertidumbre su estadía en un museo, el museo de la contracultura, El Museo del Chopo, pues ya cumplió su fin: ser el paliativo aliciente de cualquier manifestación de inconformidad con el sistema, ponerle un rostro al hambre y controlar, a cualquier costa, sus consecuencias.

No es de gratis que sea música violenta, que violente, que haga parecer a la anarquía como el caos (cuando aquí el único caos ha sido el mismo capitalismo), que disrupte cualquier pensamiento con la fastosa necesidad de ser un proceso catártico para quienes aún no comprendemos nada. Que se golpeen entre ellos, de lejos fuera de la urbe en tocadas que hacen en protesta, ¿contra quienes las organizan? ¿contra el panóptico que les permite eso? ¿A quién le pedimos permiso?

(Tampoco aquí)

Los punks sin huevos, adoctrinados, los que son la imagen, los que no se apalean en las conjuras contra un establishment, los que no accionamos a los reaccionarios, los que ven la vida desde su celular y la comparten, los que llevan el instante maquillado a redes sociales, los que se enfadan con las novedades, los que dicen ser muy punk y los que construyen discursos ampulosos con frases opulentas y palabras pomposas. Pero el punk es sólo música que no queda mal con nadie. 

Consumistas de mierda crearon una tangente sistémica de mierda llamada punk (de mierda) para aplacar a las masas obreras, porque ¿qué inversionista apuesta sus activos sin tener segura la plusvalía? A menos de que especule el inversionista se arriesgaría, pero el mercado de la música no es un instrumento de inversión para especuladores, es una apuesta ganada, o al menos lo fue, en su momento se vendieron todo tipo de artículos relacionados a un movimiento músical con principios radicales de libertad, los cuales quizá se transmutaron en ideas de libertinaje que hoy se imprimen en folletos y letras de canciones pop, en la actitud al desnudo de Miley Cyrus, vendiendo, como lo hizo en su entonces el punk.

A pesar de todo, hay bandas de punk como The Crass (si sólo hablo de ellos porque son tan muy punks que no se ponen de acuerdo para cobrar las regalías por su música) que no tienen sus canciones en sistemas como Spotify, Deezer, etc. aunque eso no dice nada, porque Jay-Z no está allí pero está en otra, en la suya, eso es algo muy punk ser independiente, no trabajar más que para sí mismo, el rap es muy punk, por cierto, hasta que empieza a explotar a sus artistas y entonces se vuelve meramente consumista, pero ¿que no acaso es la música de la minoría?, como sea, no se supondría una sola definición a la libertad, aunque esta no sea absoluta y una de las consignas que usa el punk es esa, la libertad.

Así que, el punk en su libertad se contradice, pero ¿qué hacer meramente humano no se contradice? Por eso, si llegaste hasta acá te invito a disfrutar de la transgresión de su música, no de su pensamiento, que se pierde en una lucha consigo mismo, a honrar un intento utópico no absolutista al no ir al Museo del Chopo a ver su exposición (sí, muy punk pero negando), a no pagar un boleto para escucharlos en vivo (mejor pegar un portazo) y a dejar de ser un vale madres y no tener miedo.

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