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Mexicanos indefinibles

La verdadera inteligencia para opinar en temas sociales  se basa en pensar con la cabeza fría, si no aceptas otras opiniones aunque sean distintas a las tuyas te conviertes en uno de esos mexicanos intolerantes que juzgan lo distinto y a  los que críticas tanto; esos que definen a las personas poniéndoles adjetivos despectivos por sus gustos musicales, estilos, por el simple hecho de no pertenecer a grupos o no aceptar abiertamente lo que son otras personas, les llaman nacos, punks, religiosos, “únicos y especiales”, nerds, luchonas y guerreras, defensores de animales o vegetarianos, hipsters, socialistas o consumistas, fresas o  perdedores, presumidos o pobretones, narcofans, poser y pseudos. Esta clase de mexicanos que critica a su gobierno, pero no son receptivos para escuchar, aprender o dialogar.

    Entonces ¿Qué explicación tenemos ante esto? ¿Será nuestra identidad como mexicanos o nuestra falta de ella?, los momentos que vive nuestro país hoy en día, hacen que ésta se agudice aún más, que se proyecte a partir de nuestros comentarios y actitudes llenos de odio y de poca tolerancia. Podemos idear muchas posibilidades y soluciones para llegar a tener paz,  pero mientras esto no sea a través de un buen diálogo neutral, seremos sólo palabras y definiciones sin sentido, como una corriente de río sin cause.

    Esta opinión puede ser compartida por muchas personas que  no son especialistas en política ni sociología, personas que abren sus ojos para ver más allá de lo caótico y de lo cotidiano, impactadas por ver cómo tanto dolor se ha vuelto normal en la sociedad. El problema es que no estamos acostumbrados a una forma de pensar y vivir distinta a la nuestra, todo lo juzgamos y lo clasificamos; esto nos divide, aturde y ciega, como si tuviéramos frente a nosotros grilletes invisibles, los cuales nos incitan a desconfiar unos de otros, nos impiden hablarle a esa persona distinta que está  en nuestro trabajo, escuela u otro lugar cotidiano. Sin más nos aleja y nos arroja a un abismo de asfalto con tantas diferencias y a la vez con tanto en común.

 

    Nuestro mundo y sus conflictos  han repercutido, principalmente, en los jóvenes llamados millennials. Si bien es cierto que nuestras opiniones en temas políticos, culturales y sociales, nos han ayudado a ver el mundo de una forma más abierta y, por así decirlo, trascender, también ha creado una especie de guerra virtual, esto gracias a que muchas de las opiniones sobre temas polémicos se generan en las redes sociales, las cuales juegan un papel muy importante. A veces son usadas como un escaparate de nuestra ideas, sirven para proponer y discutir, pero cuando una idea no concuerda con nuestro sistema, el que hemos formado en nuestro cerebro, comienzan los bombardeos. No permitimos un diálogo neutral, siempre como si se tratara de una novela donde existieran dos bandos, los malos y los buenos, los tontos y los intelectuales, los ateos y los religiosos, siempre dibujando una línea divisoria entre ambos.

    Estamos caracterizados por mantenernos informados de todo lo que sucede a nuestro alrededor y ser libres al expresar nuestras opiniones, sin embargo, esto no  asegura una evolución a nuestra generación, ya que al no sentir afinidad con otras personas y sus ideas podemos provocar un caos en nosotros y  en los demás. No podemos olvidar que todas las guerras marcadas en libros de historia han sido provocadas en parte por la poca tolerancia a pensamientos, opiniones diferentes y poca afinidad.

Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita. Albert Camus 

    Pero en realidad, ¿Esta guerra virtual será la causa del tal caos?  ¿Es que el caos ya existía desde tiempo atrás dentro de nosotros?  O ¿Es aquella enfermedad del ser humano por la búsqueda de quién somos? Los millennials sí son un especie de “jóvenes del siglo”, pero no ha sido genuino, la publicidad los ha llevado a buscar una identidad propia que concuerde con sus valores, pensamientos y gustos y, aunque esto suene como una burla, en realidad es lo que somos como sociedad. Buscamos aquello que nos haga sentir ajenos al sistema, a un régimen o, en otros casos, buscamos ser aceptados e incluidos, puestos para ser los mismos granos de arena en un ecosistema falso y doloroso.

Pueblos libres, recordad esta máxima: Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierde. Jean Jacques Rousseau 

    Necesitamos empezar a ser algo más que un pueblo perdido, adolorido y burlón, debemos buscar nuestra identidad personal y colectiva.

Texto por: Miriam Gutiérrez

 

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