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Manchester junto al mar, una mirada al abismo

En un contexto donde el rechazo o la evasión a la melancolía es una de las principales ideas de trascendencia personal pareciera imposible que surjan obras, en cualquier ámbito, que trataran de reflejar este estado del ser. Sin embargo, no es así. El ser melancólico ha encontrado un resurgir en nuestros días como aquel ser en una condena de penumbra, de desasosiego y consumido por el hastío de vivir en un ciclo infinito de monotonía.

Éste es el argumento de Manchester junto al mar (2016) película dirigida por Kenneth Lonergan, conocido también por su trabajo como guionista en Pandillas de Nueva York (2002). Gracias a este último largometraje, Lonergan fue galardonado con el Oscar a mejor guión original, lo que enmarca un estilo sobrio en narrativa que supo llevar a otro nivel en Manchester by the sea.

La película presenta la historia de Lee Chandler, un fontanero antipático que recibe la noticia que su hermano mayor ha fallecido, por lo que debe trasladarse a su ciudad natal para enterarse que fue designado como el tutor de su sobrino, es ahí cuando decide emprender una odisea entre los recuerdos que lo atormentan y un presente que acepta con desencanto para ayudar con la adaptación de su sobrino.

El largometraje presenta la depresión de una manera particular haciendo uso de los recursos que siempre ha tenido su lenguaje: narrativa, imagen y música, por mencionar algunos. Sin embargo, es interesante la postura de la película ya que pareciera estar constituida de una manera específica para que su estructura pueda significar o reflejar realmente el sentimiento de la depresión, es decir, Manchester by the sea conforma su estructura a partir de la idea de la melancolía. ¿Cómo puede una película forjar su base a partir de un concepto como éste? Simplemente llevando sus recursos a otro plano.

Las planos contemplativos se presentan de manera continua, en ellos podemos ver a los personajes en composiciones de estilo romántico, aquellas en las que podemos apreciar un plano general donde los personajes son solamente elementos pequeños incrustados en la vasta naturaleza, además de reflejar el sentimiento y la introspección del protagonista. Además de esto se debe mencionar la duración de cada una, ya que la prolongación, incluso de la reacciones, vuelven al ritmo lento de la película un verdadero reto de disciplina cinematográfica. En cuanto al aspecto narrativo, la película presenta flashbacks que nos hacen testigos de lo que realmente ocurrió con nuestro protagonista y el porqué de su alienación de la realidad que prefirió dejar atrás.

Para apoyar esto, la ausencia de una banda sonora, incluso en los cortes y planos de ubicación, refuerzan el ritmo lento y sórdido, lo que envuelve al espectador en una duda sobre lo que ocurre en el filme, ya que ninguna acción ni herramienta narrativa parece encaminar hacia una resolución del conflicto, quizá porque el conflicto más trágico ha sido consumado antes de iniciar la película.

Es aquí donde puede comprenderse la película como un ensayo cinematográfico en el que la estructura del filme obedece a una descripción de la melancolía al punto de hacer que el espectador se pregunte ¿y ahora qué hago con esta película? Que sería el equivalente a preguntar ¿y ahora qué hago con la vida?, una pregunta que sin enunciarla se hace presente en cada acción del protagonista llegando al punto de diversos intentos de suicidio. Guardando las debidas proporciones, la película utiliza el ritmo narrativo para crear una obra paralela y de ejemplo a la melancolía con la intención de representar la vida después de la vida.

Así, Manchester by the sea se descubre ante nosotros como una alegoría de la vida melancólica en sí, donde el espectador tomará la decisión de cómo sobrellevar la obra: con una templanza y disciplina de espectador o renunciará a ella por el hastío o la desesperación de un ritmo poco convencional.

Tal vez esa sea la principal forma en la que comienza el rechazo: la exposición repetida de la melancolía en su lado más oscuro, lo que parece injusto al no retomar ideas de pensadores como Aristóteles y Marcilio Ficcino sobre el genio melancólico y su trascendencia a los estudios divinos, pero eso parece tema vasto para una nota futura.

Manchester junto al mar es una propuesta interesante debido a su semejanza con ese camino de revolución y despedida que autores como Godard habían propuesto para el cine, una idea que pudiera transformar la constitución de toda la expresión fílmica a algo nuevo y propio de ella. Probablemente lo que hoy busca el cine es romper sus paradigmas, sus estructuras, sus disciplinas inmersas en una expresión que se abastece de otras como la literatura, la pintura o la música y buscar nuevos campos de expresión, un nuevo lenguaje.

Manchester junto al mar (Manchester by the sea)
Director: Kenneth Lonergan

Guión: Kenneth Lonergan
Producción: Lauren Beck, Matt Damon, Chris Moore, Kimberly Stewar, Kevin J. Walsh.
Fotografía: Jody Lee Lipes
País: Estados Unidos
Año: 2016
Duración: 135 minutos

 

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