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Lo poco que sé de ti, lo poco que sabes de mí, Perfectos desconocidos

La privacidad se encierra en un rectángulo tecnológico, con un candado de cuatro dígitos o la huella digital o una secuencia secreta. En él están aquellos secretos que no compartimos, muchos de los cuales ni siquiera nuestros más íntimos allegados saben, las verdades ocultas de ése que sólo en nuestro cofre con una memoria en bytes puede ser. Allí el individuo se guarda, se individualiza, y vuelve a ese sitio en el momento más difícil, cuando no sabe dónde poner la mirada y necesita ser un perfecto desconocido.

Perfectos desconocidos, remake y actualización de la exitosa comedia italiana Perfetti sconosciuti dirigida por Paolo Genovese, es una comedia fantástica de Alex de la Iglesia, en la que se destaca la síntesis de lo anterior y un tópico llamado Fallitur visus (que en español sería “las apariencias engañan”, o un refrán y que va más con esta cinta “la cruz en los pechos y el diablo en los hechos”). Este filme es eso, la representación de personalidades, el comportamiento sospechoso, la apariencia, la verdad que incomoda, las convenciones sociales inconvenientes, el ser humano sin tapujos ni restricciones, con la franqueza depuesta en el artefacto de confianza: el teléfono móvil.

Álex de la Iglesia presenta una cinta de género un poco distinto a su filmografía fantástica, pero con su toque particular: un eclipse de luna roja que provoca situaciones al borde del colapso. Perfectos desconocidos es una comedia ágil y mordaz, como sus realizaciones al comienzo de su carrera, algo que nos recuerda las cintas como Acción mutante y Muertos de risa o como lo ha venido haciendo desde Las brujas de Zugarramurdi; sin embargo, el cambio opera en la crítica a las costumbres por medio de la sátira.

Con humor ataca al costumbrismo por medio de comportamientos que chocan en una cena que aparentemente se desarrolla de forma cotidiana. En Perfectos desconocidos se narran situaciones usuales en lugares comunes: una reunión de amigos donde los anfitriones son Eva y Alfonso, un matrimonio aparentemente maduro, aburrido y en constantes discusiones, hasta que llegan sus invitados.

Todo transcurre con normalidad hasta que el influjo del eclipse comienza a operar sobre los personajes, quizá el recurso fantástico a considerar para entender toda la cinta. Tras la muestra de una luna enrojeciendo (primera toma abierta en plano general, quizá por la influencia del exterior en la narrativa que comienza a formular los clímax) Eva propone que “Cualquier cosa es mejor que una cena aburrida”, lo que da como resultado un juego: ¿qué pasaría si dejaran sus teléfonos móviles encima de la mesa, al alcance de todos? Y las llamadas, mensajes, chats, notificaciones de redes sociales fueran leídas en voz alta, es decir, exponer su privacidad frente a los comensales.

Alex de la Iglesia consigue con esta cinta, tocar temas importantes como el desapego emocional o la enajenación a la tecnología, no obstante, la crítica más osada está en las relaciones interpersonales, entre familiares, amigos, conocidos. Cómo se vinculan unos con otros, pequeños detalles que nos permiten conocer la personalidad de cada personaje, pero todo a partir del otro y su relación con él.

Cinta que me ha hecho preguntar, qué tanto queremos saber del otro, cuánto se nos es permitido conocer o viceversa. Una verdad sospechosa que me recordó que la armonía está entre los espacios en blanco y lo que está escrito, entre los huecos del sonido, entre aquello que se sabe y se desconoce, es decir, la “libertad” de poner nuestra mejor cara.

Perfectos desconocidos
Dirección: Alex de la Iglesia

Guión: Jorge Guerricaechevarría, Álex de la Iglesia (Remake: Paolo Genovese, Filippo Bologna, Paolo Costella, Paola Mammini, Rolando Ravello)
Música: Víctor Reyes
Fotografía: Ángel Amorós
País: España
Duración: 96 min

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