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Lo cortés no quita lo prudente

Desde pequeños nos enseñaron a pedir las cosas con ciertas frases que incluían el “me puede”, “podría”, “por favor”, “gracias”, “muchas gracias”, entre otras palabras que se añadieron según la situación en la que estuviéramos. Estas frases eran reflejo de la educación que recibíamos en casa y al no utilizarlas quedábamos como los niños groseros e irrespetuosos, de tal manera que toda nuestra vida las hemos ocupado sin ponernos a pensar cómo surgieron o por qué seguimos utilizándolas. Por ello, creo necesario reflexionar sobre algo que los lingüistas llaman: Cortesía lingüística o cortesía verbal, que puede definirse como las formas o estrategias que una persona (el hablante) utiliza para mantener las relaciones sociales.

    El concepto de cortesía surge justo en las cortes medievales cuando los cortesanos diseñan un sistema de modales para hacer una distinción social, esto no quiere decir que las culturas antiguas no utilizaran la cortesía, pues ocupaban normas de convivencia, o sea, reglas generales que servían para establecer las relaciones sociales.

Pero […] a medida que corre el tiempo y se conforma el sistema de la cortesía, el uso del término courtoisie disminuye, mientras se hace más frecuente el de civilité que se impone en Francia en el siglo XVII […] Es entonces cuando la cortesía pasa a significar no solamente el cultivo, las maneras y el tacto, sino también la consideración que una persona le debe a otra, de modo que la sociedad civilizada encuentra, en este refuerzo, justificación de su posición especial, de su existencia social.

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    Con la burguesía, esta nueva definición logra crear una hegemonía social, es decir, cualquier persona hace uso, según su conveniencia, de la cortesía. Ya han pasado muchos años desde la creación del término, y las personas siguen utilizando todas sus formas posibles, sobre todo los mexicanos. ¿A caso no han escuchado eso que dicen de  lo respetuosos, amables y gentiles que somos? Después de una breve semblanza histórica del concepto trataré de no aburrirlos más e ilustraré la teoría con ejemplos cotidianos, pero antes de pasar a eso, comenzaré por explicar brevemente los dos tipos de cortesía que existen:

Cortesía positiva: es la imagen positiva que tenemos de nosotros mismos y queremos demostrar al otro. (O sea, el queda bien)

Cortesía negativa: es el deseo que tenemos para que nuestros actos no se vean impedidos.  (O dígase, “mi palabra es la ley”)

A continuación, les presento un desglose de varios ejemplos cotidianos:

Cuando solicitas algo…

−Señorita, ¿sería tan amable de traerme más café?

−Por supuesto señor, ¿puedo ofrecerle alguna otra cosa?

*El tipo de cortesía es positiva, pues el empleo y la construcción de esas frases demuestra la imagen positiva que el hablante quiere transmitir. Pero, ¿será necesario utilizar siempre estas palabras para mostrar lo corteses que somos? Esto podría resumirse fácilmente a un: −Señorita, quiero más café, por favor/ −Sí, ¿algo más?

Cuando entras a un lugar nuevo…

−Pase usted, tome asiento, ¿le ofrezco algo de beber mientras espera?

−Le agradezco, estoy bien así.

*En este diálogo sucede lo mismo que el anterior, pensando en el contexto de la situación, supongamos que llegamos a un lugar nuevo, es obvio que no queremos dar una mala impresión, por ello seremos mansos corderos mientras esperamos. Sólo que aquí, predomina la intención de vernos educados o corteses, pues alguien que no nos ofrece un servicio como la mesera de la cafetería, no se ve obligada a ser cortés, sin embargo, lo hace y por ello nos vemos doblemente comprometidos a ser amables.

De compras…

−Amor ¿me veo gorda con este vestido?

−No, te queda súper bien.

*Es el ejemplo más común con la pareja, se apoya de la ironía (que es una estrategia de la cortesía asertiva) para disfrazar el verdadero mensaje, y se debe tener en cuenta el tono de voz y los gestos (contexto). Es una cortesía positiva, ya que le interesa quedar bien con el otro; ahora que saben, mejor ni pregunten.

El ruego…

−Si me hace usted favor, se lo agradeceré mucho y salvará mi vida.

*Llegamos a una de las tácticas más eficaces de la cortesía negativa, se apoya de los modos exhortativo y expresivo, para que el otro (oyente) haga lo que se le pide. Lo hace por medio del ruego o utilizando palabras, como: agradecer, felicitar, lamentar, pedir perdón; todas ellas empleadas de forma exagerada, ejemplo: ¡Muchísimas gracias!

Cada ejemplo, depende de varios aspectos, tales como: edad, sexo, nivel social, nivel educativo, lugar, etc.

    Como pudieron notar en los ejemplos, todo el tiempo somos corteses ya sea porque queremos algo o deseamos quedar bien con la otra persona, y los aspectos anteriores determinarán el uso excesivo de la cortesía. Digo yo, si el cigarro y el alcohol son con medida, también la lengua.

    En conclusión, casi todo el tiempo confundimos la amabilidad, gentileza y el respeto con la cortesía, esto se debe a que todas ellas van de la mano y funcionan para los mismos propósitos. Y no es que sea malo ser una persona con todas esas cualidades, al contrario, pero debemos ser conscientes y prudentes del uso de la cortesía, ya que somos una sociedad a la que parece no importarle su lengua y hacemos y deshacemos con ella; además, muchas veces, lejos de parecer amable o cortés,  nos vemos como “agachados”

Fuentes

Haverkate, Henk. Estrategias de cortesía. Análisis intercultural 

http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/07/07_0043.pdf

http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/cortesia.htm

 

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