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Ladronas de almas, una apuesta sólida por el terror mexicano

Durante la Independencia mexicana, el caos provocado por los enfrentamientos armados, los saqueos y la búsqueda de libertad, abren la posibilidad de explorar las tradiciones más ocultas de un sector de la población poco tomado en cuenta, es decir, el de los esclavos afroamericanos. Dichas condiciones permiten insertar en el cine mexicano de terror a uno de los personajes más icónicos de la cinematografía mundial: el zombie o muerto viviente.

    Juan Antonio de la Riva ofrece una película sólida en Ladronas de almas, cuya recepción ha sido bastante favorable dentro del círculo de cinéfilos amantes del terror; se ha presentado en FERATUM, Masacre en Xoco y ha sido merecedora de varios premios, entre ellos a mejor película mexicana. La historia es sencilla: un grupo de insurgentes en busca de un botín perdido llega a la hacienda de la familia Cordero (Sofía Sisniega, Natasha Duperyrón, Ricardo Dalmacci, Ana Sofía Durán), donde se encuentran con ruina, miseria y un halo de misterio que los lleva a pensar que ahí se oculta un secreto más oscuro; su afán por no salir de la guerra con las manos vacías los hará desafiar a las, en apariencia, indefensas mujeres, quienes cuentan con una macabra ventaja.

    Se trata pues, de una actualización bien lograda del muerto viviente al terror mexicano, ya que apuesta por lo seguro tomando en cuenta la tradición cinematográfica y el contexto histórico de la cinta. No incurre en el susto fácil ni en la abundancia del elemento más vistoso como podría ser la sangre o los ejércitos interminables de muertos, es decir, se mantiene dentro de las posibilidades y alcances de un primer acercamiento a este género consiguiendo ser verosímil y, por tanto, alejarse de lo ridículo. Si bien es cierto que en algún punto se dejan ver las vacilaciones producidas por el temor a no lograr un trabajo serio y, sobretodo, algunos huecos debidos a la falta de trayectoria del director en el género.

    Muestra de ello es, por una parte, la historia que se queda en un plano muy literal, no propone una visión más profunda u otra lectura, o aspectos como el maquillaje y vestuario que cumplen con su papel, pero desde una perspectiva fundamental, es decir, no sobresalen aun cuando tienen la posibilidad de hacerlo. Son buenos a secas, no encontraremos en ellos nada que no hayamos visto ya. Por otra parte la música tampoco ofrece el mejor complemento para el suspenso, su uso llega a ser redundante, puesto que ese aspecto se mantiene constante a lo largo de la cinta mediante otras estrategias narrativas. En cuanto a actuaciones tenemos algunas muy naturales, pero al tratarse de una película de época, no siempre se mantienen en ese tono neutro que ésta requiere. Si los personajes en sí no son del todo estereotípicos, las actuaciones los acercan por momentos a lo caricaturesco, al cliché, a pesar de su integridad narrativa. 

    En conclusión Ladronas de almas no se define por la innovación, sino por una propuesta segura de actualización, y quizá ese sea el mejor camino a seguir en el actual cine mexicano. Tal propósito lo tenía bien claro el director, pues no permitía a sus actores ni un margen para improvisación o cambios en el guión. Ante el temor y la posibilidad de trabajar el terror y no lograr sino resultados caricaturescos, De la Riva también optó por incluir en la cinta algunos chistes que aligeraran el peso y recordaran al espectador el lugar desde el que se le ofrece la cinta.

    No encontraremos en esta película lo espectacular a lo que nos han acostumbrado las grandes producciones extranjeras, sino una propuesta mexicana sólida con una tradición siempre presente, una visión realista del muerto viviente (aunque no deje de resultar un tanto extraña) y un trabajo que refleja la disciplina necesaria para lograr un objetivo claro, esto es, en palabras de Juan Antonio de la Riva “sorprender y mantener la atención”.

Ladronas de almas (2015)
Director: Juan Antonio de la Riva

Guión: Christopher Luna
Fotografía: Alberto Lee
Productora: Cucuy Odriozola / EFICINE
País: México
Duración: 90 minutos

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