En el latir del cine la tierra aún se mueve

El director mexicano Pablo Chavarría Gutiérrez junto con las actrices Eli Zavala y Susana Herrera se propusieron filmar una película que partiera desde una perspectiva de género con la pregunta fundamental: ¿qué es ser mujer? Acudieron al testimonio de mujeres diversas y a partir de sus voces entablaron un proceso de deconstrucción, cuyo resultado fue una cinta experimental que se plantea como un viaje sensorial, pero también como una resignificación de la vida y del arte a partir de un movimiento perpetuo y vital.

Para Pablo Chavarría el ideal de una obra es crear un ambiente parecido a una tormenta climática y sensorial, como cuando “un viento helado y una lluvia sorpresivos alientan disonancias atmosféricas, embriagando los sentidos y arrastrándolos con sus potencias”. En La tierra aún se mueve, se da ese cruce de fuerzas, pues parte de la polifonía de un modo de ser, de ser mujer, de ser el otro, y mediante el movimiento se establecen posibilidades nuevas, como si las voces se arrojaran al viento dejándolas formar su propio camino.

La cinta es en sí misma la idea de que la vida es un movimiento perpetuo que construye y deconstruye, pero siempre creando. En el proceso se funden el paso del tiempo, del entorno y del otro. Se crean sentidos nuevos y formas de descifrarlos, en este caso se apela a lo sensorial, al lenguaje primitivo que lleva a uno más complejo: el lenguaje del arte.

Pero ¿qué es lo que provoca que algo cambie no sólo su estado, sino que en él opere un verdadero movimiento transformador? Con esta cinta se sugiere que los mecanismos del arte son a veces más simples o más complejos, ya que no es necesario narrar una historia lineal para que el espectador experimente dicha trasformación o sacudida.

El público es capaz de entender el proceso de deconstrucción planteado, ya que de la idea inicial y de un hilo narrativo apenas perceptible se van abriendo posibilidades sugeridas por el lenguaje cinematográfico. Por una parte, mediante imágenes de dos mujeres, de animales y de la noche; por otra, del sonido como una flecha que, conforme se alarga, también se aleja. Es quizá en el contraste entre lo sonoro y lo visual donde es más evidente el movimiento pendular que se pretende ilustrar.

En entrevista para Retruécano, Eli Zavala afirma que La tierra aún se mueve es una obra en la cual el espectador “terminará por no entender con la cabeza, pero sí por sentir con el organismo, lo cual, a final de cuentas, es lo más importante, pues ahí es donde reside la posibilidad del arte”. Por ello, el espectador ideal de esta cinta es todo aquel que se permita sentir vulnerable a fuerzas superiores, y para eso no hacen falta narraciones lineales ni mayor explicación, tal como lo proponen los creadores.

Para Eli Zavala “el actuar es permitirte ser vulnerable para revelar verdades humanas; el adentrarme en un proceso como el que implicó La tierra aún se mueve fue buscar esa misma vulnerabilidad, esa misma revelación de verdad, pero en una síntesis de movimientos”. Así, para quien mira, se promete la misma oportunidad.

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