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La nueva forma de Del Toro

Existen diferentes formas de llevar la fantasía y lo maravilloso al cine. Desde las obras de Méliès hasta el actual cine de superhéroes, hemos visto aquellas historias en las cuales las leyes de la naturaleza se ven rendidas ante nuevos hechos y personajes que rompen la cotidianidad y establecen una nueva realidad. Claro, esta realidad dura solamente lo que la obra permite, pero no por ello demerita una ficción con reglas únicas; siempre que las abordamos estamos dispuestos a realizar ese pacto con el autor para creer en las posibilidades de esa realidad. 

La filmografía de Guillermo del Toro ha creado todo un cosmos maravilloso de criaturas y personajes que obedecen a una evolución de su autor, y La Forma del Agua (2017) es un claro ejemplo de ello. El estilo de Del Toro se ha caracterizado por presentar historias donde la magia o lo maravilloso irrumpe en lo cotidiano para crear una nueva realidad que asimila los nuevos elementos que la componen; además, se encarga de establecer sus ficciones en contextos históricos como la Guerra Civil Española o, en este caso, la Guerra Fría, para favorecer la verosimilitud en cada filme. 

Su más reciente película presenta la historia de Elisa, una mujer muda que trabaja haciendo el aseo en el turno nocturno de un laboratorio militar. Una noche, mientras trabaja con su compañera Zelda llega al laboratorio una criatura acuática que es sometida a pruebas y torturas para descubrir más acerca de su anatomía. Pronto Elisa establece un vínculo con la criatura mediante la música de jazz y huevos cocidos; sin embargo, cuando el coronel Richard Strickland da la orden de diseccionarlo, Elisa junto a Zelda y Gilles, su vecino pintor, deciden rescatar al humanoide anfibio esperando la oportunidad ideal para liberarlo en el mar abierto.

El enfoque social que presenta la película marca la interacción de los personajes y su evolución, ya que Elisa, Zelda y Gilles se presentan como personajes marginados: Elisa es una mujer con discapacidad, Zelda una mujer afroamericana y Gilles es homosexual, por lo que son el blanco de discriminaciones, pero es la interacción de éstos lo que los lleva a iniciar las acciones que desarrolla el conflicto y su proceso de aceptación como personas.

Visualmente, la película no presenta innovaciones en el uso de planos, sigue un esquema básico de película convencional con planos americanos y two shots para encuadrar los diálogos e interacción de los personajes. En cambio, el color juega un papel fundamental para el desarrollo de los personajes y los espacios, pues durante la mayor parte del filme podemos apreciar una paleta de colores fríos con tonalidades de azul predominantes, esto para denotar el sentimiento de los personajes y las funciones de los espacios, como el laboratorio de la base militar o el baño de Elisa. 

Si bien, el estilo de Guillermo del Toro continua presentando tópicos como la magia y el amor, no deja de llamar la atención el cambio en la intención de estos recursos, ya que en películas como Cronos (1993) El Espinazo del Diablo (2001) vimos un uso más refinado de dichos elementos creando situaciones apegadas a la melancolía para lograr un mejor desdoblamiento de sus personajes. Es cierto que el director vuelve a utilizar los recursos sobre sus personajes para transformarlos, no obstante, los ejecuta a partir de una fórmula de cuento de hadas convencional generando resultados esperados por no decir obvios.

No cabe duda de que el contexto actual es un elemento de suma importancia para el desarrollo de la historia, lo que conlleva a una modificación de su propio estilo y tratamiento del conflicto. Esto no demerita la calidad de la película, sin embargo, es un cambio notable en el director, quien lograba encontrar esperanza a partir de que sus personajes tocaban el fondo anímico.

La forma del agua enmarca el compromiso de reflejar la otredad del individuo y su contexto, presentarnos al otro en su calidad más humana y demostrar todas las formas posibles que tiene la vida para presentarse ante nosotros. 

La forma del agua (2017)
Director: Guillermo del Toro
Guión: Guillermo del Toro y Vanessa Taylor
Fotografía: Dan Laustsen
Productor: Guillermo del Toro
Casa productora: Double Dare You Productions
Estados Unidos 
123 minutos

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