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La melancolía y su coronación enreversada

¿Por qué la melancolía es un aspecto tan considerado en el quehacer artístico, literario y filosófico, pero tan poco pronunciado en la cotidianidad? Me pregunto, sin perder de vista las atinadas palabras de Borges en su “Fragmentos de un evangelio apócrifo”:

4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.

5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.

A quién se le ocurrió coronar la melancolía con flores de laurel y esparcirla por los recovecos más insólitos del ser humano. Quizá por ese efervescente solipsismo en el que nos incluímos (para comprobarlo, bástenos ver la creación de realidades aumentadas y otros espacios en los que quepamos y ocupamos, porque estos se nos hacen mundanos y poca cosa) la melancolía podría estar en el día a día de todos, pero no así en sus bocas. Es una palabra a la que le deberíamos prestar más atención, porque, entendiéndola bien, fecunda revoluciones (como la angustia), pero también provoca el sosiego con la muerte buscada (como en Werther).

Entendamos la melancolía como un concepto que desde los griegos y hasta Camus (el último en un recorrido histórico que brinda una aproximación), se ha intentado concientizar, ponerle palabras a un conglomerado de sentimientos puestos en la bilis negra y de la que nadie se salva. Sin ser un fardo inamovible ahí está entre nosotros con una danza negra.

Mi afán será el de hablar sobre ella, pero no de ella. A lo largo de diversos textos hemos encontrado el significado, podemos divisar la horda de tintas gastadas para identificar con un nombre aquella condición. ¿Pero será una condición del ser humano? Si es así todos tenemos, no sólo derecho, sino el privilegio de estar o pasar por ese estado: estar melancólico.

Estoy muy triste y me siento más desgraciado de lo que puedo decir, y no sé hasta dónde he llegado… No sé qué hacer ni qué pensar, pero deseo vehementemente dejar este lugar… Siento tanta melancolía.

Frases de Vincent Van Gogh

Porque estar melancólico significa aceptar, ¡qué difícil: no evadir! Aceptamos que la vida es un enmarañado de situaciones complejas, rompemos una de nuestras burbujas y vemos directamente a la cara un horizonte abstruso, recóndito, pero muy verdadero. Porque descubrir esto inherentemente es una afección, sufrimiento y decepción de experiencias por ser un ser humano y sentir, que en el sentir está el ser un ser humano. Que no somos piedras y sentimos y entonces se vuelve fatal, fatalizamos lo sentido y lo no sentido, los volvemos algo: arte, regaños, corajes, azotones de puerta, risas crédulas, sonoras sonatas o actos meramente humanos.

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura porque ésa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

 

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

 

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos

 

y no saber adónde vamos,

ni de dónde venimos!…

Rubén Darío

La melancolía no es una locura, un trastorno, no se busca por esos lares la cura. Sin caer en dualidades, ¿al saber qué es la melancolía, agradecerás la alegría? El optimismo con el que se zanja un sentir del otro es poco valedero, más pareciera una barricada peligrosa que la antonomasia, pues no es que haya siempre y sólo siempre tristeza, sino que la verdad está en experimentar los hechos y hacer algo con ellos, algo que podría ser de utilidad después. Ya que estar melancólico, no supone una decadencia miserable, sino comprender que sientes lo que sientes, y entonces se vuelve conciente lo más importante, el ser que está siendo. Heidegger diría el “ser ahí”.

Así la melancolía nos muestra una visión de todas las complicaciones a las que nos enfrentamos, cuencas que nos parecen pozos en la profundidad del infinito, pero donde estamos conscientes de no querer permanecer en el interior. La melancolía puede ser un estado con el único objetivo de afrontar esos turbios andares, pues realmente no es fácil tener paz interior o encontrarse en una pena y sufrimiento; aunque, la melancolía se trata de entender que esas cuitas no son sólo acerca de uno, sino que todos pasamos por algo en su momento y de manera general.

No generalizo el dolor, sino su provocación. Pues es ahí donde está la clave: saberse melancólico es saberse provocado a los sinsabores. ¿Para qué provocarlos nosotros?, la melancolía torna compasivo el humor, y vuelve en amables las amarguras de quienes se concientizan, y es quizá en este punto que, si los hombres que lindan con fricciones se agotaran en su lucha enmascarada con falsas sonrisas y dejáranse ver su melancolía, los sitios estrechos, como las naciones, se enfocarían en los problemas que importan y no en las provocaciones.

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