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La libertad del diablo y la mirada como identidad

La libertad del diablo del documentalista mexicano Everardo González es un documental que, a partir del contexto del narcotráfico en México, explora la maldad y la compasión humanas mediante los testimonios de militares, sicarios, policías y víctimas de la violencia en Ciudad Juárez. El uso de máscaras es un recurso fundamental que le permite llegar a un nivel de comprensión muy profundo, pues a partir de ello se logra, por una parte la objetividad necesaria para que el espectador pueda construir desde su sitio, un juicio como panorama más que como condena; por otra parte al quitar el peso de una identidad a quienes ofrecen su historia se consigue expresar una verdad sin el freno de una responsabilidad moral o ética.

    Las declaraciones de los participantes se funden en la narración como piezas complementarias, logrando el equilibrio requerido para presentar en su totalidad un problema del que muchas veces vemos sólo una cara. Las voces se funden con los espacios, los cuales caracterizan a sus protagonistas y a la vez se presentan como símbolos: el desierto, una casa abandonada, un viaje en camión, un auto en llamas en medio de la noche.

    Además de mostrar la impotencia y el dolor de quienes cargan a diario el peso de una vida condenada por el crimen, la cinta expone las voces de los artífices de éste, para los cuales es imposible no cuestionar su lugar en la mecánica de la violencia, pues finalmente todos son conscientes de que por un poco de dinero y poder renunciaron a su voluntad, a su identidad y a la humanidad. No obstante esa consciencia exista, e incluso el afán de no pertenecer más a ello, es imposible volverse atrás y ocupar el anterior sitio en la vida.  

   Quizá la voz más lúcida es la del militar que narra su ingreso y deserción del ejército, cuya esencia podría definirse por una profunda repulsión por sí mismo. Los anhelos y las buenas intenciones, si es que las hay, son arrancados brutalmente, pues ahí no se puede luchar con algo que abarca y consume todo. La búsqueda de justicia lleva a convertirse en el mismo instrumento y en el castigo, pero a veces también en la resistencia.

    Irónicamente, al despersonalizar las voces se consigue establecer un vínculo entre el público y los protagonistas, pues nos convertimos en cada uno de ellos, incluso en aquellos que creemos más distantes. Ahí donde sólo hay una historia, donde un suceso define a una persona, la identidad recae en la mirada, una mirada que como la voz diferencia y une en una gran masa caracterizada por padecer del mismo mal. La mirada es el testimonio más sincero de los actores de este documental y el medio por el cual se revela lo oculto por las máscaras.

    La mirada es el espejo de una verdad compartida por todos y a la vez guardada celosamente como una violación de todo lo que implica ser uno, de la dignidad, de la libertad apresada en una máscara, porque quienes hablan no serán nunca libres, nunca el rostro que muestren será el verdadero, tan sólo mediante ella pueden enfrentarse al mundo.  Sin embargo, no es ahí donde radica la verdadera prisión, sino en la manera en que se le enfrenta. En el odio hay abismos, pero ahí también es donde se encuentra el lugar que deshace el miedo y donde reside la libertad: en el infierno, en el poder mirar de frente el rostro del diablo. 

La libertad del diablo (2017)
Director: Everardo González

Guión: Diego Enrique Osorno, Everardo González
Fotografía: María Secco
Productora: Artegios / Animal de Luz Films
País: México
Duración: 74 minutos

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