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La era Trump: del disparate a la incertidumbre

Cuando en México suponíamos como una imposibilidad la llegada al poder de algún personaje más “peculiar” que nuestro famosísimo Vicente Fox, llegó Donald Trump, desde la populosa ciudad de Nueva York, paradójicamente sitio que albergó a la gran inmigración europea de finales del siglo XIX y principios del XX.

    Resulta casi natural la comparación por el perfil de los personajes. Las declaraciones de Trump durante la campaña  del año pasado tuvieron eco en el ex presidente mexicano, cuyas respuestas resultaban cómicas y al mismo tiempo de mal gusto, al punto de señalar que los argumentos de ambos se encontraban al mismo nivel. Fox se inventó una disputa con Trump, se asumió como uno más de los defensores de la dignidad mexicana, al menos eso era lo que él creía. Este es el punto de encuentro de ambos personajes, en las siguientes líneas se leen algunos elementos susceptibles para comparar.

    En el caso de Vicente Fox hay que remontarnos al año 2000, el poder presidencial quedó en sus manos, este momento se dibujaba como el principio culminante de resurgimiento del México democrático, el PRI fue derrotado y había llegado por fin el gobierno del cambio. Varios de los círculos que llenarían de críticas, opiniones o editoriales que caricaturizaban a Fox al final de su mandato, cayeron en el embrujo del cambio y festejaban la caída del dinosaurio tricolor cuando el gobierno de Fox había dado sus primeros tropiezos. Algunos analistas apuntan que el presidente se mantuvo en campaña permanente y nunca tomó las riendas del país; en los círculos académicos, políticos o empresariales se decía que era la primera dama quien gobernaba (para una mayor referencia de los comentillos de la época léase El presidente entoloachado de Armando Ramírez).

    Del otro lado (literalmente) tenemos a Donald Trump. Este personaje, menospreciado durante mucho tiempo por círculos políticos de élite en los Estados Unidos, se ha caracterizado por la sobreexposición mediática de la que se ha servido para promover su marca TRUMP. Desde los años ochenta se le ha visto en series televisivas (La niñera o El príncipe del rap, por ejemplo), en apariciones menores en películas (Mi pobre angelito 2, Zoolander, entre otras) o en espectáculos de lucha libre; en todas se representa a sí mismo: el magnate exitoso, frívolo y orgulloso.

    En los últimos 18 meses, el ahora presidente de los Estados Unidos de América, se posicionó en los medios de comunicación de su país y en los internacionales por férrea oposición a la inmigración; musulmanes y latinos fueron centro de sus ataques. Todos recordamos los adjetivos con los que calificó a los mexicanos que llegan a su país: traficantes, criminales y violadores; como una afirmación material de las propuestas en contra de la inmigración, Donald Trump declaró a lo largo de su campaña que llevaría a cabo la construcción de un muro en la frontera con México y que, además, serían los mexicanos quienes pagarían por dicho muro.

    Paulatinamente, el tono de sus declaraciones fue un poco más mesurado, pero en sus discursos de campaña se mantuvo la misma narrativa de confrontación hacia la inmigración latina. En el caso de la inmigración musulmana las declaraciones de Trump señalaron abiertamente que se prohibiría su entrada a los Estados Unidos como respuesta a las acciones que realizó una pareja musulmana radicalizada en Santa Bárbara, California, en 2015, cuyo saldo fue de 14 muertos. Esta propuesta fue una de las cartas fuertes que jugó Trump durante su campaña y le ganó las simpatías de una parte importante de la población más conservadora.

    Hasta aquí el marco de comparación entre los personajes se cimienta en sus“peculiares” declaraciones, sin embargo, es posible observar con un poco más de profundidad las implicaciones de la llegada al poder por medios democráticos de actores políticos de este tipo:

Perfil populista. Fox se pintó a sí mismo como el ranchero “sincerote”, comprometido con todas las clases sociales del país para lograr un cambio, la exposición mediática fue increíble, desde noticieros en horario estelar hasta programas de comedia. En el caso de Trump basta señalar que protagonizó una pelea para una empresa de lucha libre en Estados Unidos, además de sus diversas participaciones en medios desde los años ochenta.

– Atracción del voto de sectores de la población que generalmente no participaban. Las clases medias y amplios sectores populares de cuyo voto útil (en este caso voto antiPRI) se benefició Fox. Amplios sectores populares y grupos ultra nacionalistas y conservadores (KU KLUX KLAN o la Asociación Nacional del Rifle) apoyaron abiertamente la candidatura de  Trump.

– La simplicidad en la construcción de los discursos. Fox apeló al cambio y planteó como el principal medio para la transformación del país su ánimo voluntarioso. Trump fabricó un enemigo común para canalizar el enojo de amplios sectores de la sociedad desfavorecidos con la apertura comercial y lleno de promesas de empleo, así como de la idea de recuperación del posicionamiento hegemónico de los Estados Unidos frente al mundo al electorado norteamericano.

    Estos son algunos de los puntos que permiten la comparación entre estos personajes tan “únicos” en su especie, en el caso de Fox ya sabemos cuál fue el desenlace del papel que representó durante sus seis años gobierno. Diversos analistas coinciden en lo decepcionante de su mandato al desperdiciar el capital político y social que había acumulado, no supo, no pudo o no quiso aprovechar el embrujo del cambio en el que había embarcado al país.

    Para incertidumbre mundial la era Trump apenas comienza y sólo nos queda esperar que sus promesas de campaña hayan sido únicamente para granjearse los votos suficientes para ser presidente. Si el discurso se materializa nos enfrentamos a un reordenamiento de la economía mundial del que México podría salir mal parado. En suma, no sabemos qué pasará debido a que la actitud pasiva de nuestro gobierno sólo nos permite ir al ritmo de la corriente.

Texto por Daniel Escobedo

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