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La bella muerte instantánea: reflexiones en torno al beso literario

Con el murmullo de los rezos
quiero la voz de tu ternura,
y con el óleo de mis besos
ungir de Diosa tu hermosura.

José Juan Tablada

 

Todos hemos dado o recibido una muestra de afecto, en el mejor de los casos, denominada “beso”. La anotación “en el mejor de los casos” se debe a que este gesto resulta tener múltiples connotaciones: amor, traición, deseo, etcétera, pero también contextos e idealizaciones que se plasman en la literatura, cine o pintura.

Según el DEM, el beso es el: “acto en que los labios ligeramente contraídos de alguien tocan algo, principalmente alguna parte del cuerpo de otra persona, como la boca, la mejilla o la mano, en expresión de deseo, afecto o respeto.”[1] Dicha definición sólo nos proporciona una idea vaga de lo que es, pues sólo la experiencia le da el significado que realmente contiene. Sólo quedémonos con que el beso es un signo con un significado y un significante que se deben al contexto.

El beso es también un símbolo cuyo significado, específicamente entre los amantes, resulta ser la comunión de dos almas que se entregan a su amor o deseo. En la literatura, el beso ha sido uno de los tópicos más recurrentes, ya sea en la narrativa, en el drama o en la poesía donde se construyen imágenes a través de la palabra y que culminan en el beso ideal, pues a diferencia de un beso pictórico o uno cinematográfico, la palabra genera la idea tan grande o pequeña como la mente pueda crear y no se limita a la representación.

El beso médico: la mirada de Elías Nandino

“Un beso”[2]

Un beso en la boca
despierta otro beso,
y mueren los dos en un
eco…

Un beso en los ojos
arranca una lágrima,
que tímida rueda
y se acaba…

Un beso sin beso
es un deseo
que siempre se queda
en el alma…

Yo prefiero besarte
sin besos
y dejar el deseo
suspendido…

Para Elías Nandino el beso es una cadena de deseo, pues desde la primera estrofa se entiende que un primer beso provoca otro y así consecutivamente donde el eco mencionado es el sonido del primero, el cual continúa resonando a lo largo de la concatenación de éste con los consecutivos. El beso, en este poema, es explícitamente el deseo encarnado que, si se da, provoca otros sentimientos como la sanación o la calma, sin embargo, mientras no se manifieste, la idea de deseo quedará resguardada en el alma de aquel enamorado no correspondido.

La mujer y el beso: Gabriela Mistral

Besos
Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Para Mistral, los besos son la materialización de una idea de amor, traición o dolor. Son una creación que puede tener efectos devastadores como la locura, los celos o el enamoramiento. También son una invención para el ser amado, en un sentido muy ideal, pues cada beso es diferente tanto para quien lo da como para quien lo recibe: “besos inventados por mí para tu boca” es el verso que contiene la más ideal de las situaciones, pues el beso es tan íntimo que en él depositamos lo más profundo de un sentimiento.

 

El beso cortazariano: Rayuela “Capítulo 7”

 

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Hasta ahora hemos dicho que el beso encarna el deseo y materializa una idea que contiene un intenso sentimiento. Sin embargo, los besos en la aparente realidad son diferentes. El beso como idealización resulta de las imágenes mentales (en el sentido del beso como signo) más explícitas como nuestra experiencia pueda generarla, pero justo es la experiencia la que le dará la razón a Julio Cortázar quien, en el “capítulo 7” de Rayuela, describe cómo el beso es un juego.

El beso conlleva un juego de miradas en el que va impreso el deseo y, quizás muy al estilo de Paz, la idea del amor como combate. El beso es movimiento en el que los combatientes están dispuestos a morir por un instante a causa de la falta de aliento. La imagen de los amantes como cíclopes cuando, previo al beso o aún besándose,  abren los ojos, se miran y la intimidad del mismo provoca que tanta cercanía los convierta, poco a poco en uno, con un solo sabor, con un solo aliento.

El beso es la muerte instantánea más bella, según Cortázar, es la única oportunidad que tenemos para elegir a manos (en sentido estricto a boca) de quien queremos morir. Cada uno de los lectores sabrá, al leer cada uno de los textos, quien es ese homicida que sembró en nosotros la semilla del deseo la cual, al germinar, desencadenó un sentimiento tal y tan ansioso por salir que, después del juego previo, culminó en un suspiro que dio la muerte más preciada porque se convirtió en nuestro beso ideal: “si dos se besan el mundo cambia”.

[1]Op cit. Definición de “beso”: http://dem.colmex.mx/

[2] http://www.scielo.org.mx/pdf/facmed/v55n3/v55n3a12.pdf

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