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Frantz o la ilusión de la mentira

Al relatar sucesos creamos ficciones, éstas se crean con diferentes elementos que hacen que nos ubiquemos dentro de la historia; el espacio, los personajes, el tiempo, el orden de los hechos, todo ello es indispensable para crear versiones de nuestras vivencias. Cada persona es dueña de su propia ficción, por lo que la reinvención de los hechos dependerá de la intención del autor del relato. Entonces, ¿cuál es el fin de (re)construir ficciones, de recordar las vivencias, de hacer parte a los demás de hechos que controlamos y moldeamos?

Una de las posibles respuestas la podemos encontrar en el largometraje Frantz (2016) del realizador francés François Ozon, quien se ha consolidado como uno de los más destacados directores de la “nueva ola” del cine francés; su estilo presenta historias que exploran el erotismo y el descubrimiento sexual, las cuales, la mayoría de las veces, son tratadas desde la perspectiva femenina como en sus filmes 8 Femmes (2002) y Young & Beatiful (2013).

La película presenta la historia de Anna, una joven alemana que ha perdido a su prometido Frantz en la Primera Guerra Mundial. Un día, al visitar la tumba de su difunto novio, Anna conoce a Adrien, un joven francés que ha ido a dejar flores a la tumba de Frantz, por lo que decide conocerlo y averiguar cuál es la conexión entre el desconocido y su prometido. En medio de una Alemania hostil y melancólica por la pérdida de la guerra, Adrien se desenvuelve ante Anna por medio de sus relatos, de su carácter humanista y, sobre todo, por las pasiones que trascienden encima de cualquier nacionalidad o ideología.

El largometraje nos sitúa en una historia lineal apoyada de flashbacks y narraciones dentro de la misma historia, generando un entrelazamiento para dar dinamismo al ritmo narrativo. Asimismo, la mayor parte de la fotografía se presenta en blanco y negro, lo que denota el estado anímico tanto de los personajes como de los mismos espacios alemanes; no obstante, podemos apreciar secuencias esporádicas en las que se presentan los colores cálidos en los cuadros, estos son, en su mayoría, narraciones de Adrien con Frantz y recuerdos de Anna, creando una ruptura que funciona también como elemento de cambio para los personajes.

Frantz es una muestra de cómo podemos vivir y revivir a través de las ficciones, del recuerdo no intacto, de la reinvención de los hechos y sobre la moralidad de la mentira. Una muestra de cómo la vida puede ser repensada a través de una persona para crear, a su vez, escenarios ideales para las personas que nos rodean y, de esta manera, encontrarnos con el valor de vivir por y a través de ellos. 

Frantz (2016)
Director: François Ozon
Productor: Eric Altmayer y Nicolas Altmayer
Guión: François Ozon
Francia y Alemania
113 minutos

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