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Espacio literario y La cena de Alfonso Reyes

Les presento mi relato favorito, tal vez aquel que me hizo estudiar letras y por el cual conocí al mejor de todos los mundos posibles: La cena de Alfonso Reyes.

    Luz Aurora Pimentel (teórica literaria) propone que el espacio literario, aquel lugar en el que suceden las acciones de una obra narrativa es ilusorio o ficcional y se construye en el diálogo que sostiene el tiempo y el espacio, es decir que dentro de un cuento, novela o relato hay una coordenada única de esa obra. También menciona a la descripción como la forma discursiva causante del espacio ficticio, por ello es que el relato La cena de Alfonso Reyes inicia con la descripción del espacio literario. Una descripción fundamental para entender esa obra de Reyes, pues puntualmente detalla el lugar donde se llevan las acciones. Pero ¿para qué o por qué es importante?

    La descripción del espacio va marcando el desarrollo y las acciones del personaje. El misterio de este relato está en el ciclo, en desconocer dónde inicia y dónde termina, qué hace a este personaje ser él, recurso que lo lleva a recorrer con prisa las calles cuando un reloj y las campanas lo persiguen. De esa manera es como inicia la obra, poniendo sobre la mesa todos los deícticos necesarios: “Tuve que correr a través de calles desconocidas”. ¿Acaso en la descripción del lugar está la del personaje? “[…]las calles estaban solas.”; una condición que también acompañará al personaje que las recorre, es decir, se exterioriza lo que al personaje le ocurre.

    Entonces la descripción de ese lugar en el que él va corriendo, y que no lo cito del todo para que lo leas y descubras que te puedo estar engañando, no sólo contextualiza al personaje en un espacio ficticio, sino que dota al actante de las mismas características, siendo el personaje el sitio y viceversa. Revisando un poco a los coetáneos y contemporáneos de Reyes encontramos que esa descripción disrumpe la manera canónica de hacerlo, no es una descripción lenta, ardua, con detalles pomposos, es más bien una concatenación veloz, digerible, porque, claro, el personaje lleva prisa y va raudo por la calles y porque el discurso está dotado con las singularidades de ese Reyes que a mí me fascina, de ese que con humor cándido deja que el narrador juegue con la estructura del relato.

A cada instante surgían glorietas circulares, sembrados arriates, cuya verdura, a la luz artificial de la noche, cobraba una elegancia irreal. Creo haber visto multitud de torres —no sé si en las casas, si en las glorietas— que ostentaban a los cuatro vientos, por una iluminación interior, cuatro redondas esferas de reloj […]

    Esto crea un problema, pues el espacio no es ya sólo el personaje sino la estructura o los niveles de La cena. Así la gradualidad en la descripción va marcando el ritmo y ayuda a enunciar el tiempo que pasa mientras el personaje hace su recorrido, es decir que se cumple la proposición de dialogismo espacio/tiempo.

  “Mis ojos, en la última esperanza, cayeron sobre la puerta más cercana: aquél era el término…”; la descripción abrupta termina, junto con el recorrido del personaje por la calle, pero sólo para dar comienzo un nuevo espacio ficticio y a nuevos personaje muy de ese espacio. Definir este texto como un cuento, recordando que la estructura canónica y esperada en un cuento es el planteamiento, el desarrollo, el nudo y el desenlace; por lo que, si esto fuera un cuento, aquí inicia su nudo, con el nuevo espacio.

    Este nuevo espacio todo acontece como en un sueño, cambian de pronto los escenarios y no hay explicación alguna de las nuevas condiciones, esto porque no son necesarias. En este nuevo aquí, al personaje le es familiar todo, como si entrara a su casa o a su recuerdo o a su sueño. La descripción del espacio, ahora, es más escrupulosa:

El salón, como lo había imaginado, era pequeño. Mas el decorado, respondiendo a mis anhelos, chocaba notoriamente con el del vestíbulo. Allí estaban los tapices y las grandes sillas respetables, la piel de oso al suelo, el espejo, la chimenea, los jarrones; el piano de candeleros lleno de fotografías y estatuillas —el piano en que nadie toca—, y, junto al estrado principal, el caballete con un retrato amplificado y manifiestamente alterado: el de un señor de barba partida y boca grosera […]

  Con detalles abundantes del espacio que experimenta el personaje, encontramos los procesos interiores de su formación-función en el relato. De esta manera enuncia, el narrador, las afinidades estéticas y los pensamientos del personaje. Por último, según Genette (otro teórico literario), esto sirve de carácter referencial para darle una personalidad al personaje y que él pueda ser el reflejo, un espejo de quien lo lee y de lo que ocurre cuando se lee. Aquello que le parece un retrato al personaje deja de serlo, se termina lo ficticio y no sé si comience la realidad o una frontera por la que él sale corriendo nuevamente: “Y corrí, a través de calles desconocidas. Bailaban los focos delante de mis ojos”.

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