Cuentos de Elena Garro: el paso al desasosiego

La artista que durante muchos años fue repudiada por otros intelectuales y a quien Carlos Monsiváis llamó “La cantante del año” por dar los nombres y apellidos de varios escritores que participaron en el movimiento del 68, fue Elena Garro, una escritora enteramente nostálgica, con narraciones oníricas, fantásticas e irreales.

Prueba de ello es su famoso libro Los recuerdos del porvenir, el más reconocido por la crítica y por tener uno de los mejores títulos para un texto, no obstante, el amplio camino narrativo de Garro consta de otros cuentos, novelas cortas y teatro que se vuelven cómplices de las manos y del tiempo cuando los tienes frente a tus ojos.

«Busca mi esquela» y «¿Qué hora es?» son sólo algunos ejemplos en que su lectura te deja con cierta sensación que transita en la melancolía, nostalgia, tristeza, ilusión, extrañeza y amor, por mencionar algo. Debido a que ambos cuentos comparten algunas de éstas peculiaridades y a que el año pasado se cumplieron cien años de su nacimiento, es importante para las letras mexicanas, reconocer a una de las mejores escritoras del siglo XX.

Además, los rasgos narrativos que sobresalen en éstos y en todas sus obras, tienen el sello personal que los hace característicos, a pesar de tratar temas tan gastados en la literatura como el amor, logra plasmarlos de forma inagotable gracias al lenguaje y a los otros recursos narrativos como son: los personajes, el tiempo y el espacio.

Garro escribe de modo convincente otra idea del tiempo. Un tiempo cíclico que muere y se renueva y vuelve a morir; un tiempo simultáneo, no sucesivo y un tiempo que puede detenerse. Rosa Beltrán

Aquí una breve sinopsis de ambos textos.

Busca mi esquela

La historia comienza en una noche de lluvia, una joven en blusón escapa de unos hombres que intentan matarla. Corre y se acerca a una casona cuyas rejas custodian la entrada, se trepa en ellas y grita desesperada pidiendo ayuda, pero nadie sale. Sigue corriendo por las calles oscuras y llega hasta el cruce del tren, el cual se aproxima, pero al sentir que le pisan los pies logra cruzar las vías y al encontrar un carro abre la puerta del copiloto y se sienta; Miguel, el conductor, la mira extrañado, la ve asustada, cruzan algunas palabras y deciden irse, existe cierta atracción por parte de los dos, cuando él intenta averiguar más sobre su extraña pasajera, ella evade las preguntas y amenaza con bajar. Su estado frágil, delicado e indefenso, conquista el corazón de Miguel, cuya rutina matrimonial lo ha asfixiado lentamente, él es un hombre treintón, ella apenas pasa los veinte años.

El misterio que le causa esa mujer lo deja desesperado, no sabe quién es, dónde vive, cuándo la volverá a ver, pero la ilusión de encontrarla lo tiene embelesado. Los días pasan y la familia de Miguel nota cada vez más su ausencia, su mujer sabe que alguien lo tiene así, pero decide no preguntar y continuar con el matrimonio que hasta ahora siempre funcionó mecánicamente. Pero un tarde, mientras festejaba el cumpleaños de uno de sus hijos, Miguel recibe la llamada inesperada de Irene, la joven que conoció en las vías.

¿Qué hora es?

La espera es el hilo de esta historia que comienza con la pregunta repetitiva de Lucía, la protagonista, ¿qué hora es, señor Brunier? Ella, una mujer bella y delicada de 30 años, de piernas largas y delgadas, con ojos claros y que porta siempre una chalina de color durazno. Él, un portero de hotel elegante, cuya rutina se mira en sus años y en la cantidad de personas que pasan a su vista, dándole los buenos días, buenas tardes y buenas noches. Inexplicablemente, Lucía y Brunier, mantienen una relación amistosa, a él le intriga su figura y el comportamiento que tiene dentro del hotel.

Lucía llegó un día al hotel reservando dos cuartos; el primero de ellos, el cuarto 410 para Gabriel Cortina, a quien esperaba, y el segundo, el 412 para ella. Prontamente pasaron los días, pero no las horas para Lucía, pues siempre que preguntaba le faltaba horas para que el vuelo de Gabriel llegara a las nueve y cuarenta y siete; no hacía más que esperar en su cuarto encerrada. Sin embargo, su estadía se vio amenazada por Gilbert, el gerente, ya que no tenía más dinero para pagar la comida y mucho menos los cuartos, por ello decidió pagarle con un collar de perlas, y así se fue desprendiendo de sus alhajas, hasta que Brunier, compadecido, la persuadió para abandonar el cuarto y mudarse a uno menos costoso.

La espera que parece más bien locura por parte de Lucía es causa de burla entre los empleados, pero el tiempo y las labores hacen que olviden por completo la presencia de su huésped, hasta que un día ocurre un hecho insólito y llaman a la policía.

Texto por Angélica Escobedo

Fuentes:

Garro, Elena. Busca mi esquela; Primer amor. 2da. Edición. Monterrey, N. L: Castillo, 1998

Garro, Elena. quehoraes

Beltrán, Rosa (2016) Elena Garro a cien años de su nacimiento [en línea] Revista de la Universidad de México, Nueva época, Agosto 2016, núm. 150, 15 p.

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