Estás aquí
Home > Ensayo > El jazz. Una introducción improvisada

El jazz. Una introducción improvisada

A Adriana, a quien le agradezco la improvisación de armonías y fugas en mi vida.

El jazz es ante todo una revolución sistemática de improvisaciones, elemento que se vuelve una libertad de hacer con las reglas y dentro de ellas aquello a lo que nos orilla la interpretación o el escuchar una pieza al borde de un acontecimiento. Por supuesto que la improvisación ha existido siempre, historiadores de música como Joachim o Néstor Ortiz, hablan de una improvisación hecha hasta (remotamente) por Bach.

La improvisación está en toda la historia del jazz, sobre una estructura armónica en la que se es libre de jugar, extender, pero nunca de salir. Esa improvisación dota al jazz de su particularidad, una pequeña esencia que permea en toda su historia y hereda a la música popular moderna (ese sonido industrializado de mediados del siglo XX sin grandes atributos. Eximan esta grave sentencia como para estar improvisando, pero es que tal vez, sin el jazz, la historia actual de la música no sería la misma) de un pequeño detalle con forma de sonido golpeado. En la música producida con la finalidad de ser distribuida a las masas encontramos atisbos y nimias trazas de ese retumbo que el jazz inventó, ese gran componente al que ya estamos acostumbrados: el beat, un factor característico del jazz que, no obstante, no es aquel que lo distingue de la música tradicional europea, ese es el tono.

Se dice que Nueva Orleans es la cuna del jazz, aunque se sabe que en otras ciudades fueron surgiendo casi al mismo tiempo movimientos musicales similares. Digamos, entonces, que se acepta a Nueva Orleans como la escena artística que inicia la nueva dimensión de hacer música, porque, según A. Waterman, es una zona con un pasado colonial latino ingente. Además, ahí se guardan con mayor integridad tradiciones culturales africanas; aunque en ese lugar también convivieron culturas franco-hispánicas, el jazz no es la música africana hecha por africanos, ni el hot latino hecho por latinos y ni las marchas francesas hechas por franceses, es más bien la conjunción de todos esos estilos musicales actualizados e interpretado por otras personas en otros lugares.

En Nueva Orleans se tocaba ragtime (ragged time o traducido como tiempo despedazado), pero la escena más importante de éste fue al sur de Missouri. Se considera que el jazz nace en la década de 1890 debido a dos acontecimientos; por una parte está la importancia que tuvo Scott Joplin en el ragtime, cabe mencionar que dicho estilo al ser música compuesta le falta la esencia del jazz, improvisación. Para entonces la música se reproducía en rollos de pianos y se distribuía por miles. Por otra parte, está la fama que el cornetista Buddy Bolden tiene, hecho que le llevó a formar lo que se considera la primera banda de jazz en 1895.

 

Con ellos podríamos creer que la historia del jazz inicia. Por su parte, en el estilo de los dos músicos converge una enorme tradición europea con el sentido rítmico de las personas de color. Así, con ellos ya nace la particularidad más importante del jazz, el tono. La diferencia de éste con el de la música europea estriba en que dentro de una agrupación europea todos los músicos son homogéneos, se acepta una única estética, una sola visión del sonido y un solo ideal. En cambio al jazzista le queda floja la adaptación a una única imagen sonora, el músico de jazz tiene su propio sonido y criterio, se sabe como individuo dentro de una agrupación y está consciente de lo que el jazz le provoca en su persona, se siente inmerso en las mareas de la síncopa, y entonces, tal vez, nos recuerda ese ser primitivo que se movía como entendía que se debía mover al escuchar los primeros ritmos. Tal vez eso sea el jazz, una vuelta al inicio, un ente “verdadero”, el humano que percibe y siente antes del lenguaje.

El jazz no tiene color de piel, no es exclusivo de los negros o blancos. “Papa” Jack Laine, un músico jazzista blanco, desde 1891 salía a las calles en su “ban-waggons” a desafiar a otras bands en un contest o un battle, una competencia entre bandas.

Hasta 1910 el jazz toma la forma que explotará y a partir de la cual se explorará durante el resto del siglo. Es en la época de Dixieland que surgen las primeras piezas de éxito del jazz: Dixie jazz band one step y Tiger rag, ambas piezas de la banda blanca The Original Dixieland Jazz Band y grabadas en 1917.

Así, el jazz se convirtió en una moda, y como todas las modas fue efímero y pasajero. Esta etapa aporta a la comercialización de la música, ya que por primera vez se puede distribuir en masa, oportunidad que los promotores aprovechan. El Jazz que en aquel entonces se grababa sólo era de blancos, y el que en las calles más se escuchaba era de negros, el poder se volvía a ejercer de manera errónea, esto provocó que se creyera por algún tiempo que el jazz fue un movimiento exclusivo de los blancos. Mito que terminaría poco después en la década de los veinte.

El jazz es un estilo en constante movimiento, con actualizaciones y cambios casi inmediatos, creados para ser modificados mientras son interpretados, nacen y se deshacen en el escenario, en la improvisación, hecho que provoca el surgimiento de diversos estilos como el Swing, el Bebop o Bop, el jazz Cool, el freejazz, el Hard bop, el Third stream, entre otros. Innumerables grupos de jazz e innumerables músicos experimentaron entre 1920 y 1970 con los acordes y la complejidad de sus progresiones. Después de la década de los 70 podemos comenzar a hablar de fusiones.

El jazz se fusiona, o quizá es una fusión ya en sí mismo, lo que le permite estar dentro de otros estilos o contener elementos de otros. Ha sido su manera de formarse, de existir y sobrevivir, y lo hará. No es sólo un sonido con una relación acorde-escala, una melodía sobre la que se improvisa, es la visión de un mundo reorganizado y combinado, es caer en la necedad ecléctica, es pensar, que no creer, que todo es valedero y tiene su lugar.

Hay una razón para todo esto y es que el jazz es un sistema que forma significados, dota de sentidos nuevos a procesos culturales distintos, en el jazz se pueden conjugar ritmos lejanos porque los desnuda de artificios al actualizarlos, en él no hay discriminaciones ni se discierne para diferenciarse, es en sí mismo la diferencia, así el jazz se vuelve una forma de vivir más que una forma de percibir la música. Es aceptar con naturalidad las diferencias que pueden existir e integrarlas a la improvisación, danzar con ellas y bailar como las cuerdas de un bajo.

Esta brevísima revisión de la historia no sirve de mucho, sino para recomendar algunos jazzistas que, subjetivamente, son muy importantes, algunos conocidos, otros no tanto, pero en en cada uno de ellos se puede escuchar y sentir su función de desembarazarnos de prejuicios, de monotonía, de automatizaciones.


Déjanos tu comentario

Si te gustó nuestra nota, ¡compártela!

Notas relacionadas:

Top