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El cine gore, una mórbida provocación

Éramos tres en una habitación oscura, sentados sobre un sillón amplio y dispuesto de manera adversa a una pantalla redonda. Era la época de la VHS. Sin palomitas, sin refresco, sin distractores, el momento lo ameritaba. El filme que se presentó fue Men behind the sun de Mou Tun-fei (1988). Para mí incomprensible en todos los aspectos. Subtítulos veloces y en otro idioma que no era español, escenas cargadas de acción y violencia gráfica; gritos desbordantes en cada bocina, luces rojas y blancas; oscuridades salpicadas por sangre, tripas, rostros en carmín dolientes, y de pronto, la amplia gama de torturas exhibidas como en pasarela, o en una vitrina para escoger la que más te agrade. Entonces a la orilla de mi abismo: o sillón deslustrado, me encontré con la pupila dilatada y las ganas silenciosas de escapar, pero ni pude ni he podido. Llegué de su mano hasta el colmo de lo siniestro y lo mórbido: un experimento que incluye gatos y ratones. Por algún motivo y durante poco tiempo, me sentí víctima de algo, más vulnerable y menos sensible. Como si hubiera superado una ardua prueba en la que, podría afirmar, ya nada me daba asco, y me sentía más humano. Así fue como me enfrenté y experimenté por primera vez el género cinematográfico gore. Esto me hará discurrir acerca del género y contextualizarlo, en tanto sus relaciones estructurales y significativas funcionen en la creación de una atmósfera gore. Por lo tanto, aquí no encontrarás una historia del género, ni mucho menos un top innecesario, porque existen tantos y tan pocas películas que se tomen en serio su postura gore. ​

No es casualidad que en estos días pareciera que inclinamos la balanza a lo que Hobbes decía: (el ser humano tiene un) “perpetuo e incansable deseo de poder que cesa sólo con la muerte” y que “homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre)”. Es decir, somos naturalmente malos, perversos, y en constante lucha hasta con nosotros mismos, esto hace que me pregunte, entre otras muchas cosas darwinistas, ¿por qué tenemos problemas por ver cine gore?, cine naturalmente violento y muy humano.

¿Qué gracia tendrá exhibir la violencia, el interior, lo innombrable, lo poco visto y, por supuesto, lo temido a volverse palpable del cuerpo del ser humano que son las entrañas, la sangre, la muerte, el salvajismo y la descomposición insana, proyectadas de manera exagerada en una pantalla? En realidad, mucha. Si bien, no sé si llamarlo mérito, el cine gore provoca sensaciones que difícilmente surgirían por otros medios, transgrede la cotidianidad al exagerar la exposición de todo lo que pueda resultar desagradable y anormal. Al disrumpir aquello que no se ajusta a las normas sociales, fractura ciertos estados de relaciones interpersonales e intrapersonales.

El cine gore es violencia que provoca, para ser mirada y encontrar la absurda exageración de sucesos sangrientos (y que hoy, en la realidad ya no son tan exagerados), pero más que nada, la explotación (tanto productiva, porque produce, como de producción, porque se reproduce) de medios. El cine gore nace gracias a la excelsa recaudación taquillera del filme The Immoral Mr. Teas (1959), dirigido por Russ Meye. En el que, sin mucho argumento, tiene como propósito mostrar la piel desnuda de una mujer. Hecho que, después de todas las peripecias, comparte con el cine gore: mostrar la piel desnuda, y lo que le sigue a la piel. En el sincero objetivo de perseguir el morbo y su fabricación, el cine gore ha llevado la experimentación de imágenes cada vez más macabras, tanto que parecieran desgastadas y en hondas extralimitaciones y ya nada nos sorprende, ¿de verdad?; la desensibilización que el cine gore pretende para su disfrute, roza una orilla de extravagantes bordes en los que la exageración y el morbo son crestas muy unidas, a las que se acude con viscerales ganas de sentirse provocado, por lo tanto yo no sé qué tanto distan de ser expresiones muy artísticas que rompen y corrompen parámetros estéticos y que por supuesto incomodan y son de mal gusto.

Para entender por qué no es de buen gusto el cine gore, atendamos al concepto de programación social elaborada por Ferruccio Rossi-Landi (FRL) en su trabajo “Programación social y comunicación” aparecido en Semiótica y praxis. Lo que FRL establece en la obra es por qué y dentro de qué límites se producen hechos sociales o comportamientos repetidos y predictivos. Además, la programación comunicativa opera sólo en situaciones programadas por los modos de producción y las ideologías dominantes, por lo tanto, hay una alienación económica-intelectual de fenómenos psicológicos en tanto existen relaciones sociales.

El cine gore pone al límite los factores de programación al extrapolar las mareas profundas de ésta, es decir, mostrar lo oculto en los procesos programáticos es ponerle rostro a los hechos y deseos que “no están bien”. No quiero caer de manera directa en el terreno de lo moral, pero para determinar acciones socialmente aceptadas, debo rozar de soslayo un poco hacia ese sitio, ya que los filmes del género mencionado sólo pueden existir gracias al comportamiento de las sociedades presentes, porque la violencia se vuelve un tema necesario. No por nada uno de los diarios con más tiraje muestra la mayoría de veces las consecuencias sanguinolentas de la violencia.

Entonces, el deleite que se busca en el gore ya no está sólo en la exposición de lo interior, sino en lo violento que puede ser el humano para alcanzar ese interior. Si ponemos atención al desarrollo de su historia, encontraremos que la evolución de sus propuestas fílmicas tiene como base el deterioro del cuerpo por parte del otro. Desde Blood Feast o La noche de los muertos vivientes y hasta The Burning Moon u Holocausto caníbal existe la deturpación del cuerpo, y no de una manera trágica, sino visceral y con bajo presupuesto.

Más allá de hacer una crítica al horror que representa este género, considero que deberíamos replantear la historia de la violencia gráfica, pues encuentro similar la mórbida provocación del gore, a la que se presentaba en el Coliseo romano, al que hubo en la asistencia de juicios inquisitoriales, a las guerras floridas y de más formas y castigos silenciados pero expuestos y a la incitación de su deleite al verlos: crasa anotación, pero cualquier medio de producción dejaría de existir si no tiene quien la sostenga, quien la pague, quien asista.

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