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El arte de hacer covers

Innumerables son las versiones que se han hecho del Dark Side Of The Moon. Hay desde la versión a capella, salsa, reggae, hasta jazz, indie o electrónica. De igual forma podemos encontrar covers de otros álbumes, canciones o reproducciones de una misma banda (las famosas bandas “tributo a…”). En algunos casos, nuestro juicio considera mejor el cover que la original, en otros (la mayoría) ocurre lo contrario. Vale la pena preguntarse: ¿por qué casi siempre será preferible la versión original? ¿qué hace que tal canción sea mejor que la otra? ¿por qué hacer un cover de un álbum o canción ya consagradas?

Ya en varias ocasiones se nos ha recriminado que en el arte no hay mejores ni peores, que simplemente tal obra es diferente a otra. Quizás más de una vez hemos escuchado que el arte no evoluciona, cambia. Pues bien, hay algo de cierto en tales afirmaciones, pero a veces el león no es como lo pintan. Nuestro juicio inevitablemente discrimina. Siempre somos dados a elegir y preferir esto por lo otro. El acto de elegir podría estar dado por cuestiones subjetivas u objetivas, o un poco de ambas.

Así pues, es poco probable que aboguemos por todos los álbumes o todas las versiones del Dark Side, por ejemplo. Lo normal sería preferir algunas versiones por otras. Forzosamente necesitamos discriminar la información audible, escuchar y desechar. Para tal labor es recomendable reproducir la música en más de una ocasión, pues el oído muchas veces nos puede tender una trampa. Seguramente, cuando escuchamos por primera vez una canción suena terrible, pero a la cuarta es una maravilla. Esto suele ocurrir con bastante frecuencia. Los álbumes, las canciones y las bandas también se merecen una segunda, tercera o cuarta oportunidad.

Una vez que dejemos a nuestro gusto actuar a través de la oreja será pertinente preguntarnos por qué es hermosa tal canción. Será difícil desentrañar el enigma del oído, pues resulta caprichoso y subjetivo como uno mismo. Es pues indispensable apoyarnos en la cordura de la canción, es decir, encontrarle lo razonable a aquello que sabemos es una locura. Sólo así obtendremos el sello de aprobación auditiva, el haz de la razón, de lo contrario podríamos caer en los cómodos laureles de la subjetividad. La verdadera prueba de nuestro gusto surge en este momento, pues es cuando debemos traducir eso que escuchamos tan perfecto en palabras y en música. Es ahí donde se parte para hacer un cover. ¿Qué determina que sea éste mejor que otro o incluso mejor que la canción original? Sabrá Dios.

Texto: Missael Contreras

 

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