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De caballeros andantes: aventuras, su dama y Dios

Texto por: Laura Stephanie Ríos Flores

¿En tus momentos de diversión o de ocio te has preguntado qué hace a un caballero en la literatura medieval? ¿Cómo se comporta? ¿Cuál es su función? Y no, no estamos hablando de El caballero de la armadura oxidada de Robert Fisher, hablamos de ese caballero andante en busca de aventuras que tiene que enfrentarse con otros de su talle, a veces con gigantes y por su puesto ganarles, de aquel que es inexpugnable en la batalla, que se entrega al cristianismo y, sobre todo, se entrega a su dama: ser único e irrepetible para él. Sí claro, ya le atinaste, hablamos del caballero medieval insertado e idealizado en la literatura medieval.

Sí, esa época que en la primarias y secundarias nos dijeron que era la más oscura de todas las habidas y por haber, esa época larguísima que tuvo de todo un poco y sigue vigente hasta nuestros días. Una muestra de ello es que aún seguimos utilizando el término: caballero, claro ya no en su plenitud como en la Edad Media, sin embargo, se conserva la amabilidad con las mujeres, el ser respetuoso y ser gentil, aquel que da todo por su damita, esa idea ha perdurado hasta nuestros días. Un claro ejemplo es el amor que Amadís le tiene a su Oriana─ Si quieres saber quiénes son, ve y lee Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo con notas de Cacho Blecua para que valga la pena─.

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Para hablar del caballero y del modelo que sigue en los libros de caballería, nos basamos en una experta: Lucila Lobato Osorio, quien explica que para hablar de este magnífico personaje, primero debemos de hablar de un modelo bien establecido e inamovible, el cual está constituido de tres momentos específicos en la vida del caballero y que aquí las llamaremos así, para hacer un poco más amena y divertida la lectura ─ustedes dispensaran si los ofendo, quizás por la poca seriedad de mis términos─:

1) el que todas las puede; 2) el que se debe a su dama y a nadie más; y 3) el que para todo se encomienda a Dios ─nótese que estos tres momentos tal como lo establece Lucila Lobato son: 1) la función bélica, 2) el amor y la cortesía y 3) la religión─.

1) El que todas las puede. Sin duda el caballero andante de la literatura medieval debe de provenir de una familia noble ─esto quiere decir que no es cualquier hijo de vecino─ y por tanto desde infante le enseñan a usar las armas con la finalidad de ser utilizadas en sus aventuras y poder demostrar que puede vencer cualquier afronta y con esto ganar fama y honra ante su reino, su dama y demostrarle al grupo que pertenece su capacidad como caballero y con esto demostrar tal como lo dice Lucila Lobato demostrando el anhelo de querer ser el mejor caballero del mundo.

2) El que se debe a su dama y a nadie más. Etapa en la que el caballero andante no es caballero sin su dama y sin la corte. Ella es la mujer por la que vivirán y el motivo por el cual siempre querrán regresar a su reino y ganar todas las afrontas posibles pues de él depende el ánimo de su señora e incluso depende su rechazo. Y es que entre mejor sea el caballero más se enamorara su dama y se sorprenderá, de lo contrario recibirá el rechazo total y esto por supuesto tendrá un efecto en la caracterización del caballero.

Asimismo, su alta cultura que recibe desde infante lo llevará a no sólo comportarse bien ante su dama, también podrá relacionarse de manera cortés con sus allegados, es decir reyes u otros de su talle.

3) El que para todo se encomienda a Dios. Recordemos que la Edad Media es una época profundamente cristiana donde la sociedad respeta a Jesucristo y se encomienda a él cada que puede. Es evidente que el caballero andante deberá seguir este modelo, pues para ser bueno no basta con servir a su dama y ganar todas las batallas, ya que esto lo llevará a la comunión y la salvación en la vida después de la muerte, es decir la vida eterna. Pues al ser un ser salvaje ─recordemos que mata a diestra y siniestra a sus enemigos o a quien le convenga─, ser violento y agresivo debe de entregarse por completo al Salvador para ser perdonado.

Así que cada que te enfrentes a un libro de caballerías, querido lector recuerda que los caballeros andantes de la literatura medieval deben de estar constituidos por este modelo muy bien establecido, que constituye una idealización de lo que algún día fue el caballero de carne y hueso.

Si quieres saber más del tema te recomendamos ampliamente el artículo Lucila Lobato Osorio, Los tres ejes de comportamiento del caballero literario medieval: hacia un modelo genérico, Tirant: Butlletí informatiu i bibliogràfic, núm. 11, 2008, pp. 67-87.

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