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Cosmos, una muestra de caos, lucidez y el absurdo

Texto: Dorian Huitrón Álvarez

El hombre siempre ha mantenido una convicción firme sobre resolver la duda de su existencia y, más allá de ella, sobre la concepción de un universo en sí. La filosofía ha abordado el tema desde diferentes perspectivas y, quizá, la idea que mejor podría representar nuestra percepción de la realidad es aquella donde el cosmos está compuesto por un macrocosmos y un microcosmos conviviendo en orden, en donde el hombre sería un pequeño átomo del universo como tal.

Con significado o no, con orden o caos, la realidad es percibida y el hombre intenta desenvolverse a través de ella de la mejor manera posible, a veces racionalizando e intentando llegar a una idea en concreto; otras, simplemente se toma la medida hedonista de disfrutar este estado transitorio.

Es un poco (o quizá también mucho) de ello lo que el director polaco Andrzej Zulawski quiso representar en su obra Cosmos (2015), película basada en la novela de Witold Gombrowicz. La historia presenta la situación real de Witold, quien junto a su compañero Fuchs, buscan un tiempo libre de los exámenes finales de la carrera de Derecho y los trabajos en las pasarelas de moda. Al llegar a una modesta posada y encontrar un gorrión ahorcado en el jardín, los dos personajes se verán envueltos en una situación digna de una novela policiaca, según este par. Sin embargo, a medida que las acciones y los signos o pistas de los crímenes comienzan a presentárseles de manera más violenta, las situaciones dentro de la posada comenzarán a tornarse densas, hasta el punto de mantener a Witold como un puente entre la lucidez y la locura.

El largometraje presenta la historia de Gombrowicz a manera de autorreferencia para la realización de su obra, sin embargo, el estilo narrativo y estético, tanto subversivo como polémico de Zulawski, parecen corresponder a la complejidad del texto. A pesar de ello, en esta ocasión no vemos una narrativa lineal como en El Diablo (1972) Lo importante es amar (1975), donde el director comenzó a dejar en claro su estilo cinematográfico y temáticas tratadas desde puntos de vista incómodos para el espectador.

En cuanto a la narrativa podemos decir que el cineasta tuvo que prescindir de ella para plasmar lo mejor posible las abruptas dosis del universo que iban regulando a los personajes de principio a fin. Un intento parecido al de Jean Luc-Godard en Adiós al lenguaje (2014) con la única diferencia que el filme del realizador francés busca una presentación experimental de la imagen fílmica y Zulawski toda una deconstrucción de las secuencias y, por ende, de la narrativa, intento que solamente deja al espectador con una incertidumbre sobre la significación de los cuadros y sus diálogos, en los que, a pesar de la violencia con la que se muestra, podemos rescatar interesantes fragmentos de lucidez por parte de Witold citando la filosofía existencialista de Sartre y el naturalismo de Dostoievski, así como los párrafos de una prosa bastante pulcra que conforma su novela.

Visualmente la película resalta los paisajes portugueses gracias al enfoque romántico de representar la posición del hombre en comparación a la naturaleza, de manera que utiliza este recurso también para hacer referencia a la concepción del universo: en los planos generales (macrocosmos) veremos a los personajes inmersos en la naturaleza como un simple elemento más; y los close up, planos americanos y two shots (microcosmos) los encontraremos en soliloquios y conversaciones entre protagonistas y los habitantes de la posada.

El tratamiento que da el director a estos elementos del lenguaje cinematográfico dan como resultado una obra en la que las secuencias parecen yuxtapuestas, semejando un rompecabezas magistral que pone a prueba al espectador con el rigor literario y filosófico con el que los personajes toman la situación que ellos mismos viven. Caos, sin sentido, lirismo, lucidez, vacío y violencia son sólo algunos de los conceptos que aparecen en el universo procesado a 24 cuadros por segundo del director polaco.

Cosmos es sin duda un digno experimento estético que el espectador no podrá olvidar, sin embargo, como largometraje no es recomendable para una audiencia abierta, ya que puede no cumplir con el objetivo primordial del cine concebido por los hermanos Lumiere: entretener.

Un gran ensayo cuidado en su visualización, en su narrativa desarmada y en su reflexión puntual acerca de la existencia que recuerda también a las obras de Beckett y Ionesco con su teatro de lo absurdo, y que, a pesar de esto, puede definirse con la misma frase de Sócrates que Witold utiliza para referirse a Lena: “No todo lo bello es bueno.”

Director: Andrzej Zulawski
Guión:Witold Gombrowicz, Andrzej Zulawski
Fotografía: André Szankowski
Productora: Alfama Films
Año: 2015
Duración: 103 min.
País: Francia


 

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