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Cosas extrañas pasan

Antes, el gusto se decidía a partir de parámetros culturales de un horizonte abierto alhabitus, hoy lo hace el Big Data. Siguiendo a Pierre Bourdieu, reconocido sociólogo francés, el gusto limita nuestras afinidades, actitudes, ideas, acciones y capacidades haciendo que nuestro criterio de elección, o sea la capacidad cultural y los mercados que nos ofrecen un mayor provecho, haga una distinción de elementos con los que nos relacionamos.

Hoy en día, la manera en la que se resuelve el contenido de una serie no es apostando el cien por ciento a la creatividad de guionistas, sino que se divide en un cincuenta/cincuenta entre un grupo de colaboradores (guionistas, productores, Brand maker y keeper, entre otros) y el Big Data. La creatividad y la estadística. Aunque, debemos tener en claro que no es cualquier estadística, son métricas consistentes realizadas por inversores con el fin de saciar lo que nosotros creemos que es lo mejor.

Para entender mejor el tema debemos tener en claro que el Big Data son datos obtenidos directamente de plataformas que ofrecen las diversas productoras audiovisuales como Netflix, Fox y HBO, por mencionar a algunas. Esta información está enfocada en las preferencias que tiene la audiencia, por lo que ve, lo que no ve, lo que deja de ver, las pausas que realizan, si repiten la reproducción, si la adelantan e incluso si la abandonan.

Todo esto se compara y analiza las horas que pasa el espectador en la plataforma, el medio o gadget que utiliza, su ubicación geográfica y qué tipo de uso realiza de su plataforma. Mostrándonos una vez más que quien tiene el control de la información tiene el control del mundo. Aunque no lo creas, son tantas las personas que miran series, películas, documentales o cualquier otro tipo de contenido con ayuda del Big Data, el cual se podría considerar todo un mundo.

La problemática de decisión

El gran problema, más allá de pensar en qué tan correcto es que una estadística decida por cuantas elecciones puedo dirigir mi sentido del gusto (si se limitan las opciones por la cantidad de usuarios y sus opiniones), pensemos en el control que se puede ejercer para la formación y aceptación de una globalización, una religión o de un régimen económico a través de una “simple” limitación de gustos. En sí misma, como un simple estudiante, desconozco la gran limitación que puede traer un pensamiento impuesto al margen de ciertos parámetros, los cuales creen sus creadores, ser los más populares y, por lo tanto, los gustos sociales más amplios.

Otra problemática está en el creer que por ser algo de mi gusto debe ser del gusto de todos, y si tengo el poder de hacer que eso sea del agrado de todos, puedo aprovecharlo y crear analogías con la finalidad de explotar los mercados a través de la mente de los individuos, ya que la decisión girará en torno a lo que se ha hecho creer como lo más apto.

Hasta aquí había tratado de evitar a toda costa hacer un juicio de valor, pero al decir que algo era “apto” caigo en la trampa, por lo que me desviaré un momento para aclarar su significado. La RAE define apto como: adj. Idóneo, hábil, a propósito para hacer algo. La configuración de los elementos que atraigan nuestra mirada y nos gusten deben ser idóneos y tener un propósito, así sea la pura ornamentación.

A raíz de estas observaciones me dispuse a ver la serie Stranger Things, la cual está hecha por pura estadística y dirigida a un sector exacto de la población. Es decir, le dieron al espectador lo que quería ver. La dosis abstraída de un dato, como si fuera medicamento expreso en nuestra receta médica, es lo que aparece en cada diálogo, el contenido narrativo es el arco argumentativo que nos recuerda por qué nos gustan esas cosas.

La serie cumple con su objetivo: posicionamiento. El cliente queda satisfecho, se encuentra frente a un espejo convexo que no refleja. Pocos se preguntan a qué se debe su impacto. La serie, sin duda alguna, será un referente popular de la cultura, de la cual se podrían rescatar diversos análisis y estudios, mientras el contexto lo permita.

Hoy sólo puedo concluir en que el Big Data consumó con una mezcla de fórmulas narrativas ya establecidas un trabajo llamado Stranger Things que a más de cuarenta millones de individuos en agosto de este año (dato de la Cross-Platform Audience) les gustaba y que hasta el Departamento de Energía de los Estados Unidos se ha visto inmiscuido por las teorías que plantea esta serie.

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