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Breve historia del cine mexicano: primeros años

En diciembre de 1895 en Francia se llevó a cabo la primera función de cine de los hermanos Auguste y Louis Lumiére con el invento que coronó la ambición del hombre de reproducir el movimiento: el cinematógrafo. Este gran acontecimiento no tardó mucho en llegar a México, arribó tan sólo un año después durante el mandato de Porfirio Díaz. La llegada de la electricidad al país fue un factor importante para el desarrollo del cine, así como el influjo de las ideas positivistas que imperaban en la época. El 6 de agosto los enviados de los hermanos Lumiére: Gabriel Vayre y Fernando Bon Bernard ofrecen al presidente la primera función en el castillo de Chapultepec.

Veyre y Bernard filmaron varias “vistas” (películas de corta duración) de temas populares que reflejaban la vida cotidiana. Ejemplo de ello son Pelea de gallo y Baño de caballos. Estas cintas sentaron las bases de la primera etapa de producción cinematográfica mexicana, es decir, del cine trashumante, llamado así porque era exhibido por todo el país sin contar con un lugar fijo para ello.

A principios del siglo XX el entretenimiento mexicano se concentraba en los espectáculos que ofrecían los teatros: funciones de ballet, zarzuelas, ópera, operetas, actos circenses. El cinematógrafo vino a revolucionar muchos aspectos de la vida del país, desde el social y el económico hasta el arquitectónico. Los teatros se adaptaron a las nuevas necesidades y pronto surgieron construcciones respondiendo a las demandas de una industria en crecimiento. Por mencionar algunos, en Durango el teatro “Victoria”, en el centro de la ciudad el “Lírico”, el “Principal” y el “Nacional”.

Posteriormente se crearon casas distribuidoras que ya producían corto y largometrajes. En esta etapa los temas seguían reflejando la realidad, ahora convulsa por los enfrentamientos de la Revolución. Las cintas eran documentalistas, algunas nacionalistas  y sólo unas pocas de ficción. Son representativas Viaje a Yucatán y El grito de Dolores o sea la Independencia de México. A partir de este momento las películas adquieren un tono reporteril y político, además de que aumenta el número de filmes hasta a cuarenta por año y se garantiza el éxito comercial.

Luego del derrocamiento de Francisco I. Madero en 1914, Victoriano Huerta dicta el primer reglamento para  cine en el cual establece que deben censurarse escenas que contengan ataques a la autoridad, a la moral, a la paz y al orden. Se propaga la influencia del cine italiano: melodramas burgueses y de exaltación del pasado romano. Inicia, por otra parte, la gran industria Hollywoodense con la que el cine se apegaría a la producción imperialista estadounidense  y a las fórmulas de éxito como el star system (sistema de culto a las estrellas en el que estos grandes actores eran el principal atractivo).

Del periodo de 1896 a 1915 sólo se tiene registro de alrededor de 40 cintas de argumento, la más conocida El aniversario de la muerte de la suegra de Enhart, de los hermanos Alva, de 1913. A partir de 1916 comienza una tercera etapa de industrialización en la cinematografía apoyada por Venustiano Carranza, la producción es de 12 películas por año. Los argumentos son costumbristas, nacionalistas y cosmopolitas con influencia italiana. Cintas representativas: La luz, El escándalo, Santa, Tepeyac y Tabaré.

En la arquitectura, además de los teatros adaptados, surgen los cines dentro de hoteles, uno de los más famosos fue el cine Regis. Una década después, en los años 30 se construyen cines gigantes como el Florida, capaz de albergar a 7500 espectadores, o el Coliseo con 6000 butacas. El nacionalismo también se veía reflejado en los nombres de compañías productoras como Águila, Aztlán, Azteca, Quetzal films, entre otras, además de en el estilo de las salas -se simulaban plazas de pueblos con faroles, barandales, balcones, fachadas de iglesias, casas y nubes.

El proyecto de exportación cinematográfica tuvo su mayor representante en la compañía Azteca films, dirigida por Mimí Derba. Las películas que filmó en su mayoría fueron escritas por José Manuel Ramos, se grabaron y exhibieron por el año de 1917: En defensa propia, Alma de sacrificio, La soñadora, etc. Otro caso de exportación fue el de la compañía de Germán Camus, quien produjo en 1918 Santa y Caridad con guión de Luis Gonzaga Peredo Reyes; La banda del automóvil o la dama enlutada de Ernesto Vollrath de 1919. Dos años después y hasta 1928 hubo un periodo de crisis del, hasta entonces, cine mudo con tan sólo dos excepciones: El tren fantasma y El puño de hierro.

En 1927 en  Estados Unidos se proyecta la primera película con sonido: El cantante de jazz, gracias al aparato vitaphone que compró la compañía Warner Brothers. En 1929 se exhibe Luces de Nueva York. Ese mismo año llegan a México Submarino de Frank Capra y La última canción de Al Johnson. Un año más tarde se trae a  México equipo para filmar con sonido la toma de posesión de Pascual Ortiz Rubio.

El paso del cine mudo al sonoro trajo en un primer momento retrocesos en cuestiones como el movimiento de la cámara que se volvió fija y que dificultó el montaje, el desfase entre sonido e imagen, o el idioma, pues en algunas cintas mudas no se podían retirar los letreros en inglés. Hubo varios intentos fallidos de producir filmes sonoros, hasta la primera película filmada con sonido óptico Santa (1931) de Antonio Moreno, con música de Agustín Lara, proyectada un año después en el cine Palacio.

Aquí puedes ver Santa completa:

 

 

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