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Amor y catástrofe: Luz y Rosario Castellanos

Y convertida en antorcha yo no supe iluminar más que el desastre.
Rosario Castellanos

me hubiese gustado escribir de otro modo
me hubiese gustado cruzar mis lecturas de otra manera
focalizar la postura de Rosario Castellanos ante el rol femenino
reivindicar la autonomía de la mujer soltera

¿en cuántos casos las mujeres no se atreven a cultivar un talento, a llevar hasta sus
últimas consecuencias la pasión de aprender, por miedo a la soledad, al juicio adverso de
quienes las rodean, al aislamiento, a la frustración sexual y social que todavía representa
entre nosotros la soltería?

quizá profundizar en sus alusiones a Dios

un Dios que escapa a las dimensiones con las que medimos y separamos lo bueno de lo
malo, lo justo de lo injusto, lo bello de lo feo

tal vez analizar la incapacidad de afirmación de sí misma a través de las tres
Rosarios de Elena Guiochins en Prendida de las lámparas

bella dama sin piedad: la barrera entre lo que soy y quiero ser y no alcanzo.

o por lo menos concretar mi opinión sobre los contrastes del personaje de Rosario
en la película Los Adioses de Natalia Beristain

rosario: si me dices “no”, para mí es no, y si me dices “llueve”, para mí está lloviendo, y si
me dices “amor”, para mí es amor

me hubiese gustado escribir sobre Rosario Castellanos de otra forma
no, más que de Rosario Castellanos, de un hallazgo en la escritura de Rosario
la luz

luz: onda electromagnética que resulta de la perturbación simultánea del campo eléctrico
y magnético

no es un tópico
se trata de un rastro
no, no de un rastro, de un destello

esa luz tan breve, esa fulminación, ese vasto silencio que sigue a la catástrofe

una cita me atraviesa, se refracta
me arrastra a este ejercicio de divagación

yo he concebido siempre el amor como uno de los instrumentos de la catástrofe

Luz y amor
binomio común
cursi asociación que me devela otra dimensión de su espectro
el que detona la catástrofe

catástrofe: crisis violenta en cuyo transcurso el sujeto, al experimentar la situación
amorosa como un atolladero definitivo, como una trampa de la que no podrá jamás salir,
se dedica a una destrucción total de sí mismo

para Roland Barthes el amor nos hace presas del imaginario
del imaginario sin retorno
el que nos proyecta con fuerza en el otro y nos impide recuperarnos de la
ausencia del amado
¿y si la destrucción fue antes de la llegada de ese dichoso ser?
¿si el pánico se genera sin partida?
¿si es el amor y no la ausencia de él lo que nos lleva al cataclismo?

yo he concebido siempre el amor como uno de los instrumentos de la catástrofe. No
porque no llegue a la plenitud ni logre la permanencia. Es lo de menos. Lo de más es que,
como a San Pablo, nos quita las escamas de los ojos y nos miramos tales como somos:
menesterosos, mezquinos, cobardes. Cuidadosos de no arriesgarnos en la entrega y de
no comprometernos en la recepción de los dones

el amor nos visibiliza
expone nuestra necedad racional
nuestra inestabilidad emocional
la contradicción entre ambas
pone de manifiesto el desaforo y la constricción de nuestras pasiones
la debilidad con la que apenas conseguimos sujetarnos a la vida
¿nos?
¿me escondo tras la tercera persona del plural?
no, estoy adherida a ella porque ese “nos” compete, por lo menos, a Rosario y a

a todos los personajes de Rosario y a los míos
a las palabras de Rosario y a las mías
a la luz en la escritura de Rosario y a estos corpúsculos de frases

el amor, la luz que nos hace reconocernos y narrarnos desde esos descubrimientos,
desde el horror que nos produce reconocernos mezquinos y monstruos

Barthes dice que el imaginario amoroso hilvana figuras de manera ilógica
¿ilógica?
no, intuitiva, diría yo
no necesariamente lineal
la exploración de mi figura
la luz
y del imaginario que la circunda
se ordena sin forma ni fin específico
entonces, ¿cómo escribirlo?

querer escribir de amor es afrontar el embrollo de lenguaje

¿para qué escribirlo?
para dejar un rastro
uno que se encuentre en el espectro de la luz visible al ojo humano
que ya se sabe, es muy limitado
apenas un pequeño intervalo donde las longitudes de onda decrecen desde el
rojo, 760 nanómetros, hasta el violeta, 390 nanómetros
la acotación lumínica de Rosario la esclaviza a un abismo existencial

ricardo: ¿de qué te sirve tener una inteligencia fuera de lo común? siempre estás
deprimida

Guiochins, Beristain y la propia Castellanos vislumbran esta contrariedad
el amor no es esperanza cobijante en el mundo de Rosario
pues ella solo sabe ser en el abismo doloroso

el abismo es el hábito cotidiano

el amor es pues la confirmación de la ruina que se oculta en la oscuridad

el amor no es consuelo, sentenciaba Simone Weil. Y añadía lo terrible: es luz. Esa luz de
la que el alma se retrae para no ver iluminados sus abismos, que claman para que nos
precipitemos en ellos, que han de aniquilarnos, y después… La promesa no es clara.
Después podría ser la nada, que no resulta concebible para la inteligencia aunque sí
deseable para la sensibilidad que quiere la cesación definitiva del sufrimiento

abismarse, explica Barthes, es el ataque de anonadamiento por desesperación o
plenitud
en el caso de Rosario, el abismo es el lugar de la catástrofe continua
uno que omitimos para sosiego de los sentimientos
para vanidad del intelecto
no, Rosario no lo ignora
para ella, el amor es la luz que ilumina la catástrofe de lo que es
y, sobre todo, de lo que no es

no es necesario que me tengas amor. Tenme paciencia, porque quiero crecer y no puedo,
porque quiero convertirme en mujer y no lo alcanzo, y me quedo en unos balbuceos
horrendos de niña, de monstruo

el amor es la luz que muestra las ruinas de la propia devastación
los quebrantos decisivos que nos desmoronan por completo

porque habías de venir a quebrantar mis huesos, mis huesos, a tu anuncio, se quebrantan

¡cuánto fatalismo dramático!
que quede claro que no busco despertar conmiseración alguna
ni por Rosario ni por mí ni por nadie
me hubiese gustado escribir esto de otro modo
me hubiese gustado cruzar mis lecturas de otra manera
sin embargo, prefiero la divagación que la disertación lineal
porque, como apunta Barthes, el discurso amoroso no es dialéctico
el amor es luz
la luz que ilumina el abismo
el abismo es el lugar de la catástrofe
la catástrofe es el reconocimiento de nuestra mezquindad y cobardía
de las devastaciones producidas por nuestro propio monstruo
¿el amor es el reconocimiento de uno mismo a través del otro?
no puedo afirmarlo
mi intuición me dice que el amor nos motiva a vivir a pesar del mundo
nos motiva vivir a pesar de nosotros mismos
para Rosario, el amor fue la luz con la que reconocía su propia incapacidad

de la fuente: la fe de tu amor se basa en la vergüenza de ti misma. Has recibido lo que
pediste: tu dosis de amor incongruente

si bien, en palabras de Barthes, escribir no hará al que escribe amar por quien
ama
pues la escritura no compensa ni sublima absolutamente nada
Rosario Castellanos, hasta sus últimos días, vivió y escribió consciente de su
catástrofe
qué irónico (¿poético?) que muriera sujetando precisamente una lámpara
me pregunto si el artefacto doméstico despedía luz en aquel momento
¿acaso no es una burla aludir a la luz desde mi posición de Luz que carece de
luminiscencia alguna?
si hay algo más que vale la pena ver en todo esto, en todo lo que significa “todo
esto”, es la sutileza de estos dos chistes paradójicos

hay que reír, pues. Y la risa, ya lo sabemos, es el primer testimonio de la libertad

 

Texto por: Yarazai Simbrón

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